A un año del plan “Ordenar la casa"Legislar sobre el acto migratorio como una acción criminal

En Artículo del Boletín de Investigación (10 de abril de 2019)


La actividad académica también suele tener sus riesgos. La doctora en sociología Annette Treibel, actual miembro del “Consejo para la migración” de Alemania, realizó en Chile el lanzamiento de su reciente obra “Integriert euch!” (¡Intégrense!). En ella, expone la controversial tesis de que no es el migrante el que debe integrarse a la sociedad, sino la sociedad la que debe realizar ese paso. Materia impopular entre grupos de conservadores, Treibel cuenta que en su país ha recibido amenazas de muerte por teléfono y correo electrónico por parte de colectivos de extrema derecha.

“Desde mi punto de vista, la integración es algo que solo puede funcionar como responsabilidad recíproca. Es algo independiente del tipo de migración y es la sociedad receptora la que debe considerar un nuevo enfoque para diferenciar el conflicto hacia materias que sean relevantes tanto para los recién llegados como para el resto de la población”, señala. Agrega que, en casi la totalidad de los casos del discurso xenófobo, éste es funcional al control de algún liderazgo político o religioso.

Actualmente en Alemania viven cerca de 12,1 millones inmigrantes (lo que equivale a un 14,69% de la población total). Chile, en tanto cuenta con 1,2 millones de extranjeros (principalmente de Venezuela, Perú y Haití) lo que equivale a un 7% aproximadamente según cifras del INE. Ambos, son relatos similares en lo que respecta al trato institucional con el y la migrante.


En dos sesiones (una para funcionarios públicos de salud y municipalidades y otra para académicos de la UAHC), Treibel compartió experiencias de éxito en Europa las que comparó con la cuestionada Ley Migratoria, conocida como “Ordenar la casa” implementada hace 12 meses en nuestro país. “Es un símbolo negativo que Sebastián Piñera no haya firmado el Pacto Migratorio de la ONU, porque ahí está negando que la migración sea un acto normal. En primer lugar, la clase política y los medios de comunicación deberían dejar de criminalizar el acto de migrar”, señala.

Sobre la diáspora de migrantes haitianos, venezolanos o colombianos, la doctora en sociología Claudia Silva Dittborn, docente de la carrera de Trabajo Social en la UAHC, agrega que la manera en que la autoridad ha abordado esta problemática ante la opinión pública ha sido simplista y se ha basado en la desinformación. Evidencia de esto, ha sido esta política eufemística de “Ordenar la casa”. A un año de su puesta en marcha, el Servicio Jesuita Migrante registró que, aunque se esperaban 300 mil personas en el proceso de regularización de extranjeros, participaron 155.707, a las que finalmente se otorgaron 113.479 permisos.

Con este tipo de medidas y al desconocer el Pacto Migratorio de la ONU, estamos experimentando un retroceso equivalente al que vemos en artículos de prensa de hace 100 años, cree Silva. Donde la mirada social y hegemónica sobre el y la migrante se expresaba en editoriales con denuncias insostenibles sobre riesgos sanitarios y sociales de llegar a abrirse las fronteras al migrante. La académica de la Escuela de Trabajo Social lleva adelante, como co-investigadora, el proyecto Fondecyt “Respuesta educativa de la escuela ante la inmersión lingüística de estudiantes inmigrantes: Estudio desde un enfoque educativo intercultural” junto a la investigadora Susan Sanhuenza, de la Universidad Católica del Maule. También comparte créditos en el Proyecto de Investigación y Desarrollo en Salud, Fonis, titulado “Chagas desafíos para el Chile de hoy: diversidad, migración, territorio, acceso a derechos”, con Andrea Avaria, de la Universidad Autónoma.

Ponerse en los zapatos del extranjero

“Esta expulsión de migrantes por decreto ha sido una operación de blanqueamiento de una política segregadora. Las mismas faltas de oportunidades que ésta propuesta denuncia, son producto de las normas impuestas que impiden a los y las migrantes acceder a un trabajo formal y que los llevan a preferir volver a su país”, dice la coautora de uno de los capítulos del libro “El éxodo venezolano: entre el exilio y la emigración”.


Al igual que Annette Treibel, cree que ponerse en los zapatos del extranjero y entender que nadie abandona su tierra y familia por gusto, es la base para avanzar hacia la integración. “La principal razón de que la gente abandone sus países de origen en busca de un mejor estar, es la forma en que se aplica el modelo económico neoliberal. Esto esconde detrás los efectos más nocivos de una economía globalizada que obedece al capitalismo y genera pobreza para muchos y ganancias para muy, muy pocos”, señala Silva.

Ambas investigadoras coinciden en la naturaleza del desplazamiento como un derecho del ser humano y en cuál debería ser la discusión real sobre el asunto: del porqué la gente se traslada de su lugar de nacimiento a otros donde no siempre es bienvenida. Sitios donde incluso sus derechos más fundamentales, son ignorados.

En tal sentido, “Género, etnia y nacionalidad de los temporeros en la agricultura de exportación. Una inmersión en trayectorias sociales y desplazamientos geográficos frente a estrategias empresariales de empleo en Atacama y la Araucanía”, es el título del proyecto Fondecyt de la profesora Ximena Valdés, profesora de la Escuela de Geografía, donde firma como investigadora responsable.


En él se indaga en la precariedad del trabajo de temporeros y temporeras según sexo, etnia y nacionalidad. Con un acento particular en la población migrante, la investigación profundiza en las condiciones de desigualdad ofrecidas por empleadores agrícolas de Atacama y la Araucanía.

“Hemos constatado cómo estos trabajadores deben someter a las reglas legales de Chile en el trabajo de los valles sin contratos formales e ignorándose derechos laborales mínimos. Esto en comparación con los trabajadores  y trabajadoras de Chile que sí conocen las leyes y no se ven sometidos al papeleo de visas y permisos de trabajo que son usados como coacción con los extranjeros”, señala Valdés.

“La integración que una nueva sociedad enfrenta está compuesta de una gran cantidad de cambios y transformaciones en lo general y particular. Hay que señalar que siempre ayuda mucho tratar de ponerse en los zapatos de los y las migrantes. Uno puede partir del supuesto de que la mayoría de las personas, si es posible de alguna manera, quieren vivir su vida allí donde crecieron, donde están sus recuerdos y afectos. Cuando salen de sus países, ya sea huyendo o buscando nuevas expectativas económicas abandonando una historia, realmente esperan conseguir avances que quizás no logren ver en vida. Es de esperar que los hijos de estos migrantes sí puedan vivir esas mejoras sociales”, señala Annette Treibel.