Magíster en Composición Musical para Artes Escénicas y Medios Audiovisuales: Un buen momento para crear industria

En Artículo del Boletín de Investigación (10 de abril de 2019)

El charango del argentino Gustavo Santaolalla sonando en la pantalla mientras actúa Sean Penn, cantores a lo humano y a lo divino en pleno duelo de payas en películas de Raúl Ruiz: estos son ejemplos de bandas sonoras con acento latinoamericano. Así como hay un cine local, la música para cine en la región requiere también de un acento propio y este es el enfoque que busca el Magíster en Composición Musical para Artes Escénicas y Medios Audiovisuales, dependiente de la Facultad de Artes y a cargo del profesor Daniel Linker, que se dicta en la Academia desde el año 2018.

Según el compositor Jorge Aliaga, realizador de partituras para las películas chilenas “Cielo ciego”, “Mi famosa desconocida”, “Antonia”, “El regalo de Silvia”, “El visitante nocturno” o “A un metro de ti”, entre otras, aportar desde la industria audiovisual chilena al cine latinoamericano es un objetivo primordial del proyecto académico.

Desde su especialidad, Aliaga explica que la industria del cine latinoamericano está pasando por un muy buen momento para aportar a ese mercado y ejemplo de ello, son los reconocimientos internacionales en distintos festivales que premian la creación cinematográfica, teatral o televisiva regional. Los últimos seis años, sólo en los premios Oscar, 5 de los galardones al mejor director han sido para creadores audiovisuales mexicanos, siendo Alfonso Cuarón el más reciente o el músico Gustavo Santaolalla uno de los latinos más galardonados de Hollywood.

En ese contexto, el profesor Jorge Aliaga recientemente dictó una clase abierta sobre composición musical de bandas sonoras para cine al que asistieron interesados de otras carreras de la Facultad de Artes y desde otras instituciones de educación superior para conocer sobre su experiencia y metodología. “En mi caso después de estudiar en Francia quise seguir estudiando en Inglaterra. Pero allá me dijeron: ya estás listo, deberías volver a tu país a aportar al cine, y eso es lo que hice”, comentó.

Desde entonces, a lo largo de más de 20 años de carrera, el compositor ha innovado también en otros formatos como la música de cámara, la fusión étnica y en sonoridades de instrumentos de la música popular como la guitarra, el acordeón o el bajo eléctrico, lo que constituye una muestra de rutas posibles para el desarrollo de la composición para todo tipo de audiovisuales.

Nuevos tiempos, nuevas plataformas

En su clase abierta, que se dictó en la casa Arrau, el académico explicó cómo el compositor debe ser, a la vez, un comunicador al servicio del director y una historia. “Debe ser un aporte, con la música en el cine se debe poder ver lo que no se ve en la imagen. Esto no es algo de mí y para mí. Es un servicio para otro, sumándole algo a cada escena, con un punto de vista y un desarrollo de identidad”, aconseja.

Coincide con él el director de la carrera de Cine de la Academia, Miguel Ángel Vidaurre para quien este mercado está en un estado de ampliación donde se afirma cada vez más el valor de los autores musicales y audiovisuales latinoamericano en diversas plataformas. “Es más que interesante la posibilidad de ampliar ciertas estructuras musicales latinoamericanas a un espectro de musicalización de obras audiovisuales dominado por estructuras fundamentalmente de origen europeas. Aportar una cierta sonoridad mestiza puede ser muy llamativo para una industria que tiende a ser muy conservadoras en cuanto a planteamientos sonoros para sus obras”, agrega el docente, quien también es parte del magíster.

Destaca la característica de un campo laboral en permanente ampliación respecto a lo que significaba hasta hace una década. Saltando desde los medios tradicionales a híbridos audiovisuales e interdisciplinarios como el streaming o el formato multimedia que constituyen verdaderos nichos de industria y creatividad a pequeña escala. “Si antes se trataba fundamentalmente de realizar composiciones para largometrajes y obras de danza, ahora se trata de construir piezas para documentales, video juegos, series y miniseries para diversas plataformas. El mercado se amplió en la medida que se es capaz de ajustarse a las transformaciones de los diversos soportes y plataformas actuales”, señala.

 

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