La cuenta del agua: un problema de Estado

En Punto de vista (27 de diciembre de 2018)

(*) Por Daniela Manuschevich

Columna publicada en Clever

Si revisa su cuenta del agua desde el mes pasado podrá ver que hay un pequeño cuadro que le indica que desde ahora su hogar tiene un “límite de verano”, luego del cual se le cobraría más del doble por metro cúbico. La economía del libre mercado propone que los precios son mecanismos más eficientes para ‘corregir’ conductas indeseadas. Bajo esa lógica desde este 1 de diciembre se le ha asignado un límite de consumo de 40 m3 por mes. La idea suena razonable a primera vista: ¿Qué mejor incentivo que hacer el agua más cara para disminuir su uso y cuidar el recurso?.

Efectivamente, esto es producto del cambio climático, la falta de políticas públicas de planificación y regulación de un bien escaso, Chile es uno de los países más vulnerables al cambio climático. Sin embargo, la respuesta del Estado no ha sido sistemática, ni seria, ya que el consumo ineficiente de agua no se corregirá con las mal llamadas “señales de mercado”. Hoy en día el mayor consumo de agua está en la agricultura. Pero no esa agricultura tradicional ya acostumbrada a lidiar con las sequías del clima mediterráneo, sino que el gran sector agroexportador que puede pagar el agua más cara, especular con esta, y con sus propios cultivos. Si los cultivos mueren, recuperan el dinero de todas formas, pues hay seguros involucrados, pero ¿Cómo vive la gente en las zonas donde se abre la llave en verano y no sale nada?

El consumo domiciliario de agua representa una proporción significativamente reducida si la comparamos con sectores económicos como la agricultura a gran escala. Estas medidas para ’empujar’ ciertas conductas, son en sí regresivas, ya que perjudican más a los que menos tienen. Las familias de pocos recursos son las que se verán más perjudicadas por el aumento de la cuenta del agua. ¿Cómo puede reemplazar una familia el consumo del agua?. Esta situación se vuelve aún más crítica en las zonas rurales, donde los campesinos han debido abandonar sus cultivos y sus animales, ya que, a pesar de tener tierra, no tienen agua. Ud. mismo puede ver desde imágenes satelitales las piscinas de acumulación de agua en medio de ambientes semiáridos en las comunas de Petorca y la Ligua. Mientras a las y los ciudadanos se les entrega agua en camiones aljibe: agua que pagamos todos las chilenas y chilenos.

La escasez de recursos antes de ser un problema económico, es un problema político. Todos necesitamos agua para vivir, pero el agua se está haciendo cada vez más escasa, entonces ¿Qué usos se privilegiarán?. ¿Por cuánto tiempo podremos sostener un modelo exportador basado en la exportación de agua? ¿Quién gana y quién pierde con esto? Los mecanismos de mercado tienen respuestas claras: el agua se va al que la pueda pagar, al que pueda apropiarse y excluir al otro de su consumo; pero deben considerar externalidades y rentas económicas, lo cual está bastante documentado por la misma economía. Entonces ¿Estamos hablando realmente de mecanismos de mercado o de políticas extractivistas sin fundamento económico?

Dejar que el precio sea la política de asignación de la escasez es el mismo razonamiento detrás del aumento al impuesto al combustible en Francia. La idea era sencilla, necesitamos bajar el consumo de combustibles fósiles, así que aumentamos su precio. Asumiendo que mágicamente las personas encontrarán otros sustitutos para movilizarse, y que un sistema de transporte privado y geográficamente disperso, mágicamente se adaptaría a la nueva señal de escasez. Lo que ocurrió fue bastante distinto: protestas violentas por semanas, cerca de 2.000 detenidos, un clima de desobediencia civil y abusos policiales. Pues el mercado no es la respuesta.

Los problemas de escasez derivados del cambio climático, el sobreconsumo y la falta de planificación son de una escala global y radical, y requieren de una respuesta de las mismas dimensiones. Cualquier gobierno que se tome en serio la crisis hídrica de nuestro país debe estar consciente de que es hora de pensar en reformas que profundicen el manejo sistémico y democrático de recursos hídricos; garanticen el derecho humano al agua por sobre el rentismo corporativo; y protejan la sostenibilidad de los ecosistemas que dependen de ella. Este es un problema de Estado.

(*) Licenciada en Cs. Biológicas, Dra. en Políticas Ambientales, docente de la carrera de geografía UAHC.

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