Los poetas de los sueños (azules)

En Punto de vista (7 de enero de 2021)

(*) Por José Bengoa

Artículo publicado en Le Monde Diplomatique

Dedicado a Ana Llao, Elisa Loncón y Natividad Llanquileo que sean parte de la Constituyente para el bien de su pueblo y de todos nosotros.

En la película “La Eternidad y un día” de Theo Angelopoulos el poeta, vestido de negro, capa negra, sombrero negro, se pasea por las aldeas de Grecia buscando palabras. Incluso llama a los niños y les da una moneda por cada palabra que le recojan como frutos del campo. En el sur de Chile los y las poetas mapuche, van buscando las palabras, nombrando su territorio, organizando un “relato” que va otorgando sentido a sus luchas y sus sueños colectivos, por eso los nombramos como “los poetas de los sueños” y y de los «Sueños azules» por Elicura Chihuaylaf.

¿Para qué sirve la poesía?, se pregunta el poeta Premio Nacional de Literatura de el año 2020?

Esta mañana de primavera
estuvo surcada de pájaros
silenciosos
mientras -en sordina-
un extraño zumbido
emergía lentamente
de debajo de la tierra…

Llueve y llovizna a ratos
en Kecherewe (Quechereguas) (2)
En el jardín de mi espíritu
conversa el viento
con los maderos de la casa
de mi infancia…

Las horas se tornan nostalgia
es decir
ternura en la que escucho
las voces de sus abuelos
de mis padres
de mis hijos
mis hijos que cuentan otra vez los cuentos
que se preguntan acerca del principio
del mundo…
afuera
se inclina la alborada
y está el vacío donde resplandecieron
las flores de los manzanos
en el azul de mi ventana
mi enmudecido corazón.

Antony Smith y John Hutchinson en un trabajo sintético sobre etnicidades, señala seis características del grupo social que se construye a sí mismo: a) un nombre propio. b) el mito del origen común ancestral, al que Horowitz denomina la “supra familia”, c) memorias compartidas, de un pasado común, héroes de ese pasado, hechos memorables y por cierto fechas conmemorativas; d) elementos de una cultura común como es el lenguaje y la religión, e) “a link with a homeland”, esto es, una relación fuerte con un territorio, una tierra hogareña, el hogar de todos, y sobre todo una relación. Ligazón (“attachment”) con una tierra ancestral que incluso da sentido a la diáspora (del pueblo); finalmente un cierto sentido de solidaridad (Cfr. A. Smith., J. Hutchinson. 1996)

En el relato de la etnicidad, esto es el carácter de “pueblo”, de sujeto histórico socio cultural, pareciera ser fundamental el relato de una “edad de oro”, en que ese pueblo vivió en la felicidad. Para el Pueblo Mapuche no cabe duda que hay una edad de oro en que había mucha riqueza, ganados, abundancia y en que la hermosa platería es fiel testimonio.

Podríamos decir, clasificando estas categorías que el primer nivel de identidad es el comunitario, el cual el antropólogo mexicano Gonzalo Aguirre Beltrán, llamó parroquial. Señalaba que el paso hacia la ciudadanía étnica y sobre todo a la ciudadanía nacional pasaba por la destrucción o “superación del nivel local, comunitario, cara a cara”, “la congregación ritual” que nombrara Louis Faron para el caso mapuche. Si uno analiza las memorias antiguas mapuche, los “nutram”, en su mayoría, sino en su totalidad, son de este nivel, historias de familias, de grandes conglomerados de parientes.

La segunda dimensión sería la construcción de la conciencia de “pueblo”. Esto sería la de una fuerte convicción de identidad y pertenencia. En el núcleo mapuche del sur nunca se perdió, por el contrario, la discriminación, racismo, y desprecio muchas veces existente condujo a reforzarlo. Se va traspasando de generación en generación un relato de auto identidad y expresión de la noción de “supra familia”, o si se quiere de “supra comunidad”. Es la construcción de una noción de historia y pertenencia: mitos de origen comunes, tiempos de perfección, relato de la caída y perturbación conducente a la situación actual, penosa, de dominación, de dolor, de sentimiento desarraigo y victimización.

En el esquema teórico propuesto – y creo de utilidad para el análisis crítico de la poesía mapuche y de lo que hoy se vive en esa sociedad- surge el nivel tercero: el discurso nacional. Los mismos autores en otro extraordinario libro en que se compilan textos sobre “Nacionalismos” resumen de manera sintética lo que caracterizaría el discurso nacional: “autonomía, unidad e identidad”. Señalan que “comenzando con una élite de intelectuales el movimiento va incluyendo a las clases profesionales, los cuales se van a transformar pronto en agitadores políticos y finalmente van llegando a los campesinos”; agregan: “Desde luego, no todos los movimientos nacionales han logrado llegar a esta fase final” (Cfr. A. Smith., J. Hutchinson. 1994). Como es evidente la construcción de un proyecto nacional y sobre todo de una conciencia nacional es un largo proceso lleno de idas y regresos.

La discusión sobre qué es una nación es larga y compleja; el texto famoso de Ernesto Renán se basa en la experiencia francesa y sin duda ha marcado las ideas de lo que es una nación, esto es, como un acto de voluntad. Bandera, canción nacional, territorio con fronteras defendidas con sangre, o la “comunidad prestigiosa” de Max Weber o la “comunidad imaginada” de Benedict Anderson y tantas otras definiciones que hoy se discuten con pasión en el inicio del siglo veinte y uno. Pero la distinción entre Pueblo y Nación me parece rica y evidente y en ella me quisiera centrar. Pueblo es una unidad de sentidos, de hablas y conversaciones no excluyentes. Es una relación simbiótica a un territorio sagrado, a un paisaje lleno de significados (sentidos) y no necesariamente a fronteras y enemigos; en el pueblo, que caracteriza lo popular, conviven grupos humanos diversos y se expresan formas culturales en las que nos reconocemos. Violeta Parra era (y es) una cantante y poeta popular. No es una poeta nacional, ni menos nacionalista. La diferencia entre una canción como “casamiento de negros” o “la jardinera” y la canción nacional, en particular con su segunda estrofa, es abismal. Con el primer tipo de expresión, la popular, me identifico y me emociono. Un «soy de aquí» brota en forma sencilla. Con el segundo tipo de identidad, el sujeto siente que se desliza a los terrenos pantanosos del nacionalismo vulgar: “Mi banderita chilena, banderita tricolor, colores que son emblema, emblema de mi nación”, a las personas de hoy les parece cursi, fea, sin sentido y con intento de manipulación de mala factura poética. Incluso las posibles emociones que produjese son altamente peligrosas, ya que hablan de límites, de fronteras, de enemigos, de extranjeros, en fin, de una identidad ahorcada en un territorio. Hay manipulación de la «sangre araucana» (el color rojo), de la nieve de las montañas (¿el blanco de los glaciares derretidos?), y el azul del cielo, que en tiempos comunes apenas se divisa. No es casualidad que en ese artefacto que es la Nación, suele haber desconfianza.

La relación entre Pueblo y Nación debe ser permanentemente recíproca y nutricia. Los poetas beben su poesía de los elementos populares. Es cosa de ver a los nuestros. Cada vez que alguno de ellos se desliza hacia el vértice «nacional» se pone en un espacio peligroso. «Viva Chile Mierda» le sale del alma a Fernando Alegría y no son muchos, entre ellos quien escribe, que lo considera un poema patriotero. Habla bien de un concepto de Nación chilena, feo, vulgar , gritón y patriarcal podríamos agregar, y todas esas atribuciones que se han criticado con fuerza en la Plaza de la Dignidad. Nadie en cambio diría lo mismo con «Volver a los 17» de la maravillosa Violeta.

El Pueblo mapuche tiene una Historia larga de siglos y siglos. No así la Nación mapuche. Pero ésta se nutre de lo que ha sido su Historia. Nación como dicen los teóricos citados, es un concepto moderno, propio de la modernidad. Los poetas mapuches, y por cierto los líderes, están «sacando» de lo popular, lo nacional. Es eso nada menos lo que está en juego en estos días, a nuestro modo de ver. La importancia es fenomenal. Vemos ante nuestros ojos el despliegue de una idea de Nación independiente aunque no necesariamente separada de la chilena. Para algunos será una ofensa y para otros, entre ellos quien escribe, una bendición.

Con estos elementos teóricos aquí planteados podríamos analizar la poesía mapuche actual ¿se enmarca en el proceso de construcción popular o uno de carácter nacional o etno nacional como a veces se lo ha caracterizado? ¿Cuál sería el marco histórico político para analizar esta poesía? O dicho de una manera más complicada ¿cuáles son los usos de la poesía? o volviendo a Elicura Chiguailaf nuestro Premio Nacional, ¿Para qué sirve la poesía?

Hay un evidente acompañamiento de la lucha mapuche o lo que denominamos “la emergencia indígena o emergencia mapuche”

Adela Quiñileo, el año 2012 escribe:

“Déjame gritar
Por la boca que ayer enmudeció
Gritar por las heridas que abiertas están
Por el mapuche que encarcelado
Valiente está
Por los niños que de miedo no pueden soñar
Déjame llorar” (Adela Quiñileo, 2012)

Y se refiere a los presos, a los niños de las comunidades, el sufrimiento actual, a la lucha. La idea de proceso (“que ayer enmudeció”) está presente.

Eliana Pulquillanca en las “Raíces del canelo” va construyendo la dicotomía entre la ciudad y la comunidad.

“Este no es de mi canelo
este no es el humo que abriga a mis pies”

Compara el humo de la “Ruka indígena” con el humo de la ciudad, del smog, de la contaminación.

“No es el humo de leña de ulmo
Que danzaba en mi ruka”

Es quizá una de las vertientes mayores de la poesía, su carácter urbano, su desamparo y la idealización de un pasado, de un etnos mágico, mítico, una “edad de oro” como señalaban los teóricos…

“Resulta que yo soy de un mundo antiguo
donde las estrellas ardían
de luz en el cielo
como llamas y los volcanes en erupción (dice erosión en el texto)
besaban con su fuego las nubes
al llover luz y fuego
crecían las flores
y la tierra fue un jardín”

David Añiñir en “Mapurbe” va construyendo los mundos de sentido, de oposición a los sin sentidos.

El pasado perdido es a la vez cuna de las condiciones de la conformación de un “pueblo” y sin duda también de una “Nación”.

David Añiñir dice, con pesar:

“Mis problemas vienen
De nativos árboles de cemento
Confusión tierra asfalto
Eléctrica alegría
Paciencia de ratos”

En “Reducciones” el conocido e inspirado poeta Jaime Huenún, el año 2012, señalaba:

“Vuelva entonces a la nieve
a la descalza cordillera
de los altos alerzales
su fulgor de mariposa roja
su memoria de silencio y luz”.

Los poetas –como el poeta griego que compraba palabras- van recogiendo nombres, naturalezas, ríos, lagos, cerros que adquieren en su boca una renovada hermosura y abren paisajes imaginarios, nostalgias profundas e identidades colectivas. Podríamos decir que de esa forma se va construyendo el nuevo «país mapuche», lo que en el idioma vernáculo sería el «WallMapu». Ya no es el país vivido solamente, sino el que ha sido relatado, contado, poetizado y sobre todo añorado. Es un sueño en el mejor concepto de «utopía posible». Para los antiguos mapuches la realidad más verdadera era aquella que se soñaba primero en la noche (“Peuma”), y luego se la vivía en la vigilia. Quizá en ese proceso nos encontramos hoy por hoy.

Es una suerte de comunión entre los humanos y la naturaleza, gente de la tierra, se va construyendo el discurso popular, se va dando la transición entre la comunidad local y el colectivo. Como ha ocurrido en todas las migraciones, la diáspora, el exilio, el mirar de lejos, es la fuente de esa nostalgia, de ese sentimiento de pérdida y construcción de un nuevo nosotros. Podríamos agregar que ese nuevo colectivo tiene por obligación que construirse en la modernidad que nos ha tocado vivir, con sus promesas y sobre todo imperfecciones, maldiciones o simplemente atrocidades.

Son las identidades dolorosas, normalmente las de mayor poder simbólico en la construcción de una Nación.

“Siento que no puedo rechazar
la herencia que traigo.
Brota en mi lo que tengo que cantar
por poco gritarlo.

Nace en mi un algo que no se…
un fuego sagrado
entonces comienzo a loncotear…

La poesía es en castellano pero se declina el sustantivo lonco (cabeza, cabecilla, jefe, etc…) y se lo transforma en verbo….

María Elena Millanahuel. Volver a ser uno (Trinquiñeguetuan)

El dolor por la ausencia de libertad, por estar sometido a las directrices y decisiones de otros, confiere energía al discurso nacional: “Va mi pensamiento como un pájaro volando” cantan en el Nabuco de Verdi (“Va pensiero…”) los exiliados en Babilonia y se transformó en un himno que hasta hoy cantan los italianos; y esa idea de “los ríos de Babilonia” donde nos sentábamos a llorar por la lejana patria, ha acompañado a los africanos esclavizados del sur norteamericano, a los jamaiquinos del gran Bob Marley, y a decenas movimientos de liberación.

Elicura lo señala en una entrevista reciente:

Yo nací mapuche en la comunidad de Quecherehue, Kecherewe, pero asumo también que cuando invadieron nuestro país el Estado nos regaló la nacionalidad chilena.

Entonces personalmente tengo esa chilenidad que me habita como mapuche…

¿Te sientes hablando de un país diferente a Chile?

Si, lo hago desde las cuatro ramas fundamentalmente del árbol de la identidad, la memoria de un territorio histórico, un idioma, una historia y una visión de mundo.

(Siento que hablamos desde un país invisible, pero que existe, y que sigue pensando que el mundo es un jardín).

Lloverá, sí dice el aroma
cerrando sus puentes
y veo la luz del cielo que abre las vertientes azules
y las espigas levantan
sus cabezas
silban, las oigo, ¡jubilosos!

(De sueños azules y contrasueños, Elicura Chiguailaf)

Para terminar, me queda flotando la pregunta; dejo abiertas las respuestas, no me cabe mucha duda que los poetas mapuche han contribuido y están contribuyendo al “nombrar”, a la “poiesis”, la construcción de un discurso colectivo marcado por casi todas las características, las seis que he nombrado, que teóricamente se señalan. Allí hay un nombre cada vez más lleno de contenido, hay memorias compartidas, una edad o tiempo indefinible –acronológico- dorado, una situación adversa, una lucha colectiva en contra de esa situación, un enorme sentido de solidaridad, en fin, son en buena medida los constructores de lo que está siendo el Pueblo Mapuche del siglo veintiuno.

“Muy triste llora la tórtola
por la desgracia
por ser testigo
del permanente castigo
(a la madre tierra)

Dice Lorenzo Aillapán (3) con esa simbiosis magnífica que ha logrado entre el lenguaje de las aves y los humanos de esta tierra. Ahí hay un pensamiento colectivo que lo explican los poetas:

“Yo soy la visión de los antiguos
espíritus
que durmieron
en estas Pampas
soy el niño de mi abuelo
que se durmió pensando
que algún día regresaría
a esta tierra amada

Canta Leonel Lienlaf en “Se ha despertado el ave de mi corazón”.

Si bien soy un lector cuidadoso y cariñoso de la poesía mapuche, no la he leído ni toda, ni mucha. Lo que no quiere decir que esta gran cantidad de poetas no esté construyendo una de las realidades más profundas y poderosas que ocurren en lo que conocemos como “este país”. Quizá la lectura de estos poemas llenos de nostalgia y pasión sean de utilidad a los Constituyentes de modo de comprender lo que allí se juega.

4 de enero del 2021

Notas:

1. Este trabajo inicialmente fue leído en una sesión sobre poesía mapuche en el CIIR. Esta es una versión en el contexto actual de una Constituyente en que el debate será probablemente apasionado.

2. Quechereguas es un hermoso lugar cercado al Lago Colico y al Rio Allipén a kilómetros de la ciudad de Cunco, a 100 kilómetros de Temuco en la Región llamada de La Araucanía.

3. Lorenzo Ayllapán es Premio de poesía Casa de las Américas. Vive en Puerto Saavedra y es conocido como el «Hombre Pájaro» ya que imita de manera prodigiosa a las aves, las que en su boca se expresan en «mapudungun». Junto a la Directora de Cine Maga Meneses hicieron una de las más hermosas películas que se han filmado sobre el mundo mapuche titulada Witran (El Juicio) basada en unos párrafos del libro de Pascual Coña.

NOTAS:

(1)

Y la nostalgia…

“Resulta que soy de un mundo antiguo
Donde las estrellas ardían
De luz en el cielo
Como llamas
Y los volcanes en erosión (Erupción)
Besaban con su fuego las nubes
Al llover luz y fuego
Crecieron las flores
Y la tierra fue un jardín”.

Añiñir une el presente de cemento con el pasado de felicidad en una suerte de utopía eco étnico

“Padre nuestro que estás en el suelo.
Purificado sea tu nombre”.

Cristian Antillanca:

“Al despedirme pensé en mis hijos
Dónde andarán
Hijos míos
En que tarde
Buscando ya sin fuerza
Un vientre donde habitar.

Nunca tendré una casa en esta tierra. (2)

(*) Historiador, licenciado en filosofía y profesor de la Escuela de Antropología UAHC

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Aillapán, Lorenzo 2003 Üñümche Hombre Pájaro. Editorial Pehuén, Santiago de Chile

Antillanca, Cristian Poesía Inédita disponible en:
http://poesiamapuche.blogspot.com/2012/01/impresiones-y-sensaciones-de-saltapura.html

Aniñir, David 2009 Mapurbe. Venganza a raíz. Pehuén Editores. (Disponible en file:///C:/Users/Anita/Desktop/avances%20DPS%20al%207%20noviembre/978-956-16-0474-2.pdf )

Chihuailaf, Elicura: 1995. De sueños azules y contrasueños. Editorial Universitaria, Santiago de Chile.

Huenún, Jaime. 2012. Reducciones. Editorial Lom Ediciones. Santiago de Chile

Lienlaf, Leonel. 1989 Se Ha Despertado El Ave De Mi Corazón. Editorial Universitaria. Chile.

Millanahuel, María E. Poesía: Volver a ser uno (Trinquiñeguetuan). Disponible en http://cinemapuche.blogspot.com/p/poesia-mapuche.html

Pulquillanca, Eliana 2004. Raíces del Canelo. Editorial Julio Ayara. Santiago de Chile.

Quiñileo. Adela. 2012 Poesía: Déjame Llorar. Disponible en http://cinemapuche.blogspot.com/p/poesia-mapuche.html

Smith. A., Hutchinson. (Ed.) 1996. Ethnicity. Oxford Readers. Oxford University Press.

Smith.A., Hutchinson (Ed.) 1994 Nationalism. Oxford University Press.

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