Masculinidades, espermios y marihuana

En Punto de vista (1 de diciembre de 2017)

(*) Por Devanir da Silva Concha

Columna publicada en El Dínamo

Reflexionar en torno al tema de lo reproductivo en varones es hacerlo sobre algo que poco se ha hablado, la intervención en los cuerpos de los varones y también entorno al cuerpo de normas de género que sustenta tal situación de no-intervención. El silencio en torno al rol de los hombres en distintas materias sociales, específicamente en lo doméstico y/o íntimo, tiene una cierta motivación e historia. No voy ahondar en eso ahora porque eso lleva trigo de otro costal pero que tiene que ver con los silencios paradojales del patriarcado. Ahora bien, es también cierto que en el último tiempo hay más visibilidad publica, en los medios, temas asociado a lo masculino y género.

En lo reproductivo y especialmente referido a lo masculino y los espermios tenemos los varones cierta noción de propiedad, en el amplio sentido de la palabra. Como decía un internauta en un foro, a propósito de un trabajo de ciber-etnográfico – a propósito del tema del anticonceptivo hormonal masculino que estuve realizando- : ´nos quitaron la casa, la mina, y el auto pero mis espermios no me los tocan´. Esto lo decía a propósito de la posibilidad de usar anticonceptivo hormonal. Entonces, lo que está sosteniendo ese discurso y postura política, si se quiere, es que el cuerpo masculino tiene el privilegio de no ser intervenido – siendo esto una castración simbólica – en su función, en este caso, reproductiva. La patrilinalidad se corta cuando se corta la posibilidad de reproducirse. Entonces, cortar tal trascendencia de manera explícita (castración u uso de condón) resulta, a la luz de ese marco simbólico del patriarcado, una total aberración. Sería deshacerse de la (patri)linealidad necesaria para la supervivencia de la humanidad, y aceptar eso de manera voluntaria es negar la propia existencia.

La salud sexual se supone que no es un tema – en el marco del modelo masculino hegemónico o patriarcal – a considerar sino se deja tal cual, no se toca. Tener la necesidad de controlarse, ir al médico o estar preocupado de la propia salud, y menos de la salud sexual, es cosa de “débiles”. El macho de verdad siempre está disponible sexualmente, dispuesto en todo momento y no dice que no a una oferta sexual. Pero sabemos que la realidad es algo distinta a esa norma social, y que cada día pierde vigencia. Y la pierde porque la vivencia de los sujetos masculinos está diciendo otra cosa, algo quizás más enredado, complejo y paradojal.

Ahora bien, la vida globalizada y urbana está, mediante un aspecto colateral, permitiendo levantar preguntas de manera paralela sobre esta dimensión de lo masculino, y específicamente entorno lo masculino. El consumo de marihuana y el “desempeño” (en realidad la calidad de los espermios) está siendo investigado científicamente, y tal hito nos permite levantar algunas preguntas. La asociación sexualidad, drogas y fertilidad es un aspecto largamente tocado en los estudios clásicos en la antropología, y en ese sentido no es una novedad pero sí es novedad en que hoy se está tratando de establecer asociaciones y causalidades entorno al consumo de marihuana y la calidad, y por tanto fertilidad y la idea de la transcendencia, de los varones. Esto trae a colación preguntas como: ¿La fertilidad en varones disminuye o aumenta con el consumo de una droga como la marihuana? Si la pregunta es relativamente simple, las respuestas no lo es tanto y tiene múltiples aperturas y respuestas.

En la actualidad esa asociación trae a luz aspectos de la masculinidad/es, sobre lo bueno o malo, entorno a la reproducción. Y aun cuando existe en el debate y el tema cierto aire de competividad no lo es tanto en función del cuestionamiento del modelo tradicional. Si la hipótesis es que mejora los espermios y la fertilidad con el consumo de marihuana, entonces llevará a que tengamos todos consumiendo marihuana, no porque sea malo en sí o yo sea moralista y, por otro lado, si es algo que afecta negativamente la fertilidad entonces las masculinidades no consumidoras de marihuana serán valoradas socialmente, patologizando quienes sí consumen.

Entonces, ahora mientras que “circule el pito” hagamos también preguntas entorno la masculinidad que encarnamos en el día a día. Una revisada nuestra socialización masculina y el modo que la consumimos, en nuestras formas de encarnar esa norma. Bueno, pero más allá de todo “blablá” que podemos hacer en esta columna – u otro espacio – es necesario aportar con un granito, perdón, con el espermio (nótese el sarcasmo) a la ciencia para ir aclarando ciertos elementos que de repente quedan en el aire.

(*) Antropólogo. Diplomado en Género y Sociedad de la UAHC.

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