Sacrificio, memorias y conquistas en el laboratorio neoliberal  

En Punto de vista (15 de enero de 2020)

(*) Por Dra. Ximena Valdés Subercaseaux

Ante una derecha insaciable que no trepida en conservar y reproducir sus privilegios,  sorda al clamor ciudadano frente a una manifiesta desigualdad acompañada de la visible impunidad ante robos y apropiaciones indebidas cometidas por empresarios y fuerzas armadas y de orden, la rebelión popular se ha sostenido ya por más de dos meses con miles de hombres y mujeres pero sobre todo jóvenes que continúan involucrados hasta hoy en este enorme movimiento social que busca dignidad y cese de los abusos en un país que ha servido de laboratorio al neoliberalismo.

Este mismo país ha sido testigo de masivas manifestaciones callejeras, las más grandes conocidas por las últimas generaciones. Los saldos suman más de trescientas víctimas que han perdido sus ojos, dos de ellos de la la visión completa gracias a balazos de las policías, miles de detenidos/as sin juicio, torturas, violaciones, delitos sexuales cometidos en los lugares de detención y más de dos decenas de muertos. Cinco informes internacionales y nacionales dan cuenta de los atropellos a los derechos humanos cometidos en Chile desde el 18 de octubre pasado hasta mediados de diciembre.

Estamos a punto de terminar el año de inicio de esta rebelión popular iniciada ese 18 de octubre por jóvenes estudiantes secundarios a partir del alza de la tarifa del metro: las evasiones al pago de este transporte acompañadas por la rabia dio inicio a esta movilización popular que no acaba ante un sistema de gubernamentalidad con a lo menos dos componentes frente a la protesta por la desigualdad social, el maltrato, la injusticia, los abusos y el nulo respeto a la dignidad de las personas. Primer componente: ninguna medida conducente al freno de la desigualdad (como el aumento a los impuestos de las empresas y de las clases altas, el cese de las deudas de los estudiantes en el sistema bancario, la modificación del sistema de pensiones).

Segundo componente: represión desmedida con uso de balines que han cercenado la vista de centenares de personas, más de veinte muertos (el más reciente este viernes pasado), gases tóxicos que ocasionan quemaduras en la piel, apaleos callejeros de una feroz violencia, violaciones y asedios sexuales y miles de detenidos. Todo esto se acompaña por la prohibición de manifestarse, el cierre de los espacios públicos por las fuerzas policiales, el policiamiento de la plaza de reunión de quienes reclaman por cese de los abusos y dignidad y reclaman por sobre todo el derecho a manifestarse.

Ni el sacrificio ni los atropellos y violaciones a los derechos humanos oscurecen las enormes conquistas logradas por el movimiento popular, que se dice sin cabeza ni conducción política. En primer lugar, el que se haya dado inicio al proceso plebiscitario para la nueva Constitución que no es el resultado ni de los partidos políticos ni del Parlamento sino es el resultado de esta inédita movilización social.

En segundo lugar restitución de la palabra “pueblo” eliminada de las narrativas de la transición política post-dictadura cuya recuperación hoy se traduce en un movimiento pluriclasista y plurigeneración el surgido de la iniciativa de los jóvenes estudiantes aunque la larga demanda del pueblo mapuche y la emergencia de un movimiento feminista de jóvenes estudiantes el 2017 haya precedido esta iniciativa del 18 de octubre. Este movimiento se nutre de hechos y conquistas simbólicas que interpelan tanto al colonialismo (no cuestionado por la República), como al patriarcado: en Chile, en las provincias del sur y del norte del territorio de han decapitado y derrumbado estatuas de los conquistadores españoles tales como Pedro de Valdivia y Francisco de Aguirre, quienes, como sabemos, avasallaron a las poblaciones indígenas de mapuche en el sur y diaguitas y coyas en el norte. Y la calle en todas las ciudades del país donde crecieron las protestas fueron testigo de la presencia masiva de banderas mapuche,  símbolo de nuevas miradas de la población criolla y mestiza a los indígenas del sur.

LasTesis, cuatro jóvenes del puerto de Valparaíso crearon la perfomance “Un asesino en tu camino” sirviéndose del renombramiento de una frase de la policía que se legitimaba ante la población mediante la frase “Carabineros de Chile: un amigo en tu camino”.  Ahora LasTesis, en cambio, cantan y bailan invitando a cantar y bailar a todas las mujeres “Un asesino en tu camino” replicando y señalando “el asesino eres tu” y las mujeres no lo hacen solo en Chile sino lo cantan y bailan en el zócalo de ciudad de México, Bogotá en Colombia, Buenos Aires, Paris, Turquía, Berlín y así en adelante.

En tercer lugar una pedagogía ciudadana plasmada en miles de cabildos llevados a cabo en distintos lugares y grupos sociales cuyo mayor impacto radica en la reunión de personas, la discusión de ideas, la priorización de problemas, el debate sobre la Nueva Constitución y en fin actos  colectivos que interpelan la fragmentación social y el individualismo creado y fortalecido en estos años[1].

Aquí, en el país laboratorio del neoliberalismo nuevos actores han entrado a la escena de la protesta callejera. Los jóvenes encapuchados de la llamada “primera línea”[2] hacen pensar en el surgimiento de un nuevo actor que encarna el dolor y el sufrimiento de “los que sobran” (frase de canción de Los Prisioneros creada bajo la dictadura) pero también el despliegue de la ira y la rabia ante  la marginalización y criminalización de parte del modelo y discurso oficial. ¿Cómo decodifican los/as manifestantes a los jóvenes de la primera línea: como héroes ante la defensa de quienes manifiestan, defensa ante las policías y por sobre todo jóvenes que se han hecho finalmente un lugar en una sociedad que los ha excluido dando asì sentido a sus vidas.

De otro lado, se puede ver cómo en estos días se asoma la memoria en las narrativas estéticas de los muros de las ciudades y en particular en los muros que enmarcan el cauce del rio Mapocho que surca la ciudad de Santiago.

Nuevos y viejos íconos se dibujan en los muros, viejos y nuevos símbolos conforman los temas y diseños que pintan estas juventudes herederas y reinventadas sin duda articulando pasado y presente, memorias y sacrificios, conquistas y derrotas en este laboratorio neoliberal que no ha permanecido incólume al despojo anudado a la reacción de poblaciones abusadas que en un 18 de octubre comenzaron a rebelarse.

 

[1] Margarita Iglesias, Ximena Valdés, Marcelo Garrido, Le Monde Diplomatique diciembre, Santiago de Chile.

[2] Véase artículo de Roberto Fernández Droguett, ¿Qué es y qué expresa La primera Línea” en CLACSO, diciembre 2019. El Desconcierto del 20/12/2019.

(*) Por Dra. Ximena Valdés Subercaseaux. Jefa de Programa de Magíster en Geografía, mención Intervención Ambiental y Territorial, UAHC. Directora de Centro de Desarrollo de la Mujer CEDEM