Trump Presidente

En Punto de vista (9 de noviembre de 2016)

Por Patricio Escobar (*)

Desde tempranas horas las alarmas del mundo se han disparado. Contrariando los pronósticos y los deseos expresos de la abrumadora mayoría de los principales líderes de opinión de los más diversos ámbitos y rincones del mundo, Trump se impuso a Clinton en las elecciones de ayer martes.

Como en el caso del Brexit británico, el triunfo del Partido Popular en España y en general, del avance del fascismo en Europa, el estupor dificulta observar los procesos subyacentes y que han conducido a estos resultados.

El capitalismo del siglo XXI, tan a mal traer desde que se inició la crisis de las hipotecas en USA a finales del 2007 parece haber enloquecido y acabó disparándose en los pies. Sin embargo, este panorama sombrío tiene explicación y el paso de los días verá surgir análisis diversos de variada profundidad y con antecedentes importantes.

En ese sentido, un acercamiento inicial gira en torno al mensaje de Trump y el público al que estaba dirigido, lo que también es el caso del Brexit. Se trata principalmente de las victimas domésticas o del “fuego amigo” del proceso de modernización capitalista iniciado hace más de un cuarto de siglo. La globalización y la flexibilidad productiva fragmentaron los procesos de producción de mercancías, privilegiando las viejas ventajas comparativas ricardianas. Esto llevó las etapas más intensivas en trabajo hasta los países en que ese factor era abundante y barato. Mientras que aquellos que comandaban los procesos, se quedaban con las etapas intensivas en tecnología, en un principio, y luego básicamente en la producción de servicios y la organización de los procesos.

Para los países pobres y de industrialización tardía, fue un impacto devastador, puesto que su nueva especialización se centró en la producción de materias primas, adoptando modelos básicamente extractivos y rentistas, desplazando su antigua y precaria función industrial hacia nuevas latitudes en que dicha actividad resultaba más competitiva.

Pero este gran “salto adelante” del capitalismo, omitió un detalle en su momento. El pacto social que fundó su despegue en la post guerra, contemplaba como política de lo que hoy llamaríamos “inclusión”, la protección y el fortalecimiento de una clase obrera que estableció una relación clientelar con el Estado, de bienestar en el caso de Europa y con las normas y usos sociales en el caso de USA.

La globalización mostró tempranamente la dificultad de reconversión hacia los nuevos esquemas productivos de ese sector social. Ello no es extraño. A nosotros nos ocurrió con los trabajadores de las diversas industrias que desaparecieron entre las décadas del ’70 y ’80 y el efecto fue un empobrecimiento de la sociedad y el aumento inédito de la brecha distributiva. No obstante, tuvimos (o padecimos) un sistema político que impidió que ello se transformara en revuelta social.

A ese es el segmento que le habló Trump y los antieuropeos en Inglaterra y son los mismos que mañana estarán esperando, con cierto candor, que el calendario dé marcha atrás y que los “buenos viejos tiempos” retornen. Sin embargo, ello no ocurrirá. No regresarán esos buenos empleos industriales, con salarios altos para estimular la demanda interna y condiciones de seguridad para afianzar el control social de manera incruenta.

El futuro es incierto. Más allá de la histeria que se viene desatando desde hace algunas horas, cuando se confirmó el triunfo de Trump, lo concreto es que el nuevo presidente no cuenta con las redes ni las palancas que hacen funcionar el stablishment y, a pesar de que los republicanos controlan ambas cámaras, se verá obligado a tratar y pactar con los poderes de siempre y su margen de maniobra será más escaso del que tuvo el propio Obama en su primer mandato. El capitalismo sobrevivió a los embates del proletariado durante un siglo y medio. Bien podrá tratar con sus propios capitalistas.

La contrapartida, es que eso mismos que catapultaron a una persona de las “cualidades” de Trump hasta el poder, estarán expectantes. Al igual que los blancos de mediana edad que apoyaron el Brexit y la xenofobia en Europa, no tardarán mucho en percatarse de esa cualidad tan desagradable que tiene la historia, que es el no volver atrás. ¿Qué harán cuando así lo entiendan?

Quizás en un universo paralelo La Cuarta o LUN podrían titular: “En un confuso incidente, el capitalismo resulta herido en un pie por su propia mano”.

(*) Patricio Escobar, economista y director de la Escuela de Sociología de la U. Academia de Humanismo Cristiano