Un temor subyacente: La relación entre China y Hong Kong a propósito de la ley de extradición

En Punto de vista (22 de julio de 2019)

(*) Por Sebastián Sánchez González

En la quinta semana consecutiva de protestas contra el gobierno hongkonés apoyado por Beijing, decenas de miles de personas se han manifestado en las calles de esta ciudad dentro de un proceso que se inició a fines de marzo de este año a causa del proyecto de ley de a extradición.

Fue en febrero, cuando Hong Kong lanzó la primera propuesta de una ley que contemplaba la extradición a todas las jurisdicciones con las que no existe un acuerdo bilateral, incluida China continental, Taiwán y Macao, de criminales sospechosos de delitos como homicidio y violación. Las autoridades afirmaron que esta ley llenaría un vacío legal y que evitaría que Hong Kong sea un refugio para algunos criminales.

El principal argumento esgrimido por las autoridades locales para defender este cambio legislativo, es el caso de un joven de 19 años acusado de asesinar a su novia embarazada el año pasado en Taiwán. El joven huyó de la isla y viajó a Hong Kong, donde confesó el crimen. A pesar de la solicitud de extradición de las autoridades taiwanesas, Hong Kong no ha podido colaborar debido a la falta de acuerdo de extradición con Taiwán.

Sin duda, la idea de generar acuerdos de extradición con países como Taiwán o con la misma República Popular China, considerando el caso en cuestión podría parecer razonable, pero se encuentra envuelta en un temor subyacente de la población de Hong Kong. Si bien se señaló que el proyecto garantizaría la existencia de salvaguardias para asegurar que cumpla con las normas internacionales de derechos humanos, uno de los grandes temores es que sea utilizado contra los opositores políticos de China continental.

Como es sabido, el año 1984 Gran Bretaña firmó un acuerdo con la República Popular China para devolver la soberanía de Hong Kong en 1997. A cambio, China garantizaba que Hong Kong conservaría sus propias leyes e instituciones durante los siguientes cincuenta años (hasta 2047). Dicho principio permite a la ciudad disfrutar de libertad de expresión y de reunión, libertades civiles que no están a disposición de sus homólogos en la República Popular China. Por dar un ejemplo, Hong Kong es el único lugar de China donde se realiza una vigilia en memoria de la “Masacre de Tiananmen”. Sumado a esto, la ciudad de Hong Kong ha mantenido su independencia judicial, su propia legislatura, sistema económico y su moneda (el dólar hongkonés) hasta su asimilación por parte de China, prevista para 2047.

Hong Kong tiene acuerdos de extradición con 20 países, incluyendo Reino Unido y EE.UU., pero nunca ha entrado en un pacto con China, a pesar de las continuas negociaciones en las últimas dos décadas. Los críticos atribuyen el fracaso de un acuerdo de extradición a las pobres protecciones legales para los acusados que ofrece el sistema judicial chino.

A pesar de que la anexión total de Hong Kong por China continental aún sea medianamente lejana, las protestas contra la ley de extradición nos muestran que en la ex colonia británica se vive una fuerte agitación política movilizada por la preocupación que despierta la creciente injerencia del gobierno de Beijing en sus asuntos internos, sumado a la sensación de que el acuerdo de “Un país, dos sistemas” no se estén respetando.

Los principales actores sociales movilizados han sido los sindicatos estudiantiles y grupos religiosos que se unieron a los activistas de derechos humanos para protestar contra la medida. Pero también, la preocupación se extendió al mundo económico y empresarial, generalmente favorable a Beijing. De hecho, más de un centenar de empresas y comercios hongkoneses se sumaron en su momento a una huelga de protesta en contra el proyecto de ley.

A esto debemos agregar que esta no es la primera protesta registrada en Hong Kong. En 2003, unas 500.000 personas se movilizaron contra un polémico proyecto de ley de seguridad que abordaba temas de “traición y subversión” contra el gobierno de China continental, obligando a las autoridades a descartarlo. También es necesario recordar la llamada “Revolución de los Paraguas” en 2014, que mantuvo ocupado el centro financiero de la ciudad durante 79 días para protestar por la injerencia del Partido Comunista Chino en la elección del parlamento local. Este punto es interesante, ya que se señala que la jefa del ejecutivo local de Hong Kong, Carrie Lam, fue elegida desde Beijing y no por el pueblo de Hong Kong, poniendo en entredicho su legitimidad y capacidad de interlocución con China continental.

Sin duda, el gran temor que generó el proyecto de ley de extradición es que de ser aprobada sería el comienzo del fin de la autonomía hongkonesa. Se consideró que estos cambios a la ley dejarían a Hong Kong más susceptible a la coerción China, ya que todos podrían ser acusados injustamente y terminar en las cárceles de China continental. De este modo, el temor de los críticos a la ley, es el miedo a las detenciones arbitrarias, juicios sesgados y tortura que se asumen suceden en la República Popular China y que el gobierno de Beijing hace poco por despejar. De hecho, hasta que en 2001 China entró en la OMC, los informes estadounidenses de derechos humanos fueron siempre negativos.

A estos temores, también se suman ONG´s de derechos humanos como Human Rights Watch, quienes consideran que con la ley de extradición nadie estaría a salvo, ni activistas, ni abogados, ni trabajadores sociales. Por lo mismo, unos 3.000 abogados, fiscales, estudiantes de Derecho y académicos protestaron en silencio y pidieron al gobierno de Hong Kong que retiraran la propuesta. También se sumaron los periodistas, quienes han cuestionado la acción policial contra los reporteros en estas semanas de protestas, incluyendo reclamos de obstaculización hacia los redactores.

Actualmente, ya se declaró el fin del proyecto de ley de extradición que inició las movilizaciones, lo que marca un punto a favor de los manifestantes, pero este triunfo no ha calmado las protestas de esta región administrativa especial de China. De hecho, las protestas de este domingo ya han escalado a otras peticiones de mayor democracia, Derechos Humanos y libertad. Esto nos muestra que el temor subyacente de la relación entre China y Hong Kong es justamente la imagen de la República Popular como un régimen autoritario.

(*) Profesor de la Escuela de Ciencia Política y RR.II (UAHC). Doctorante en Estudios Americanos, especialización en Estudios Internacionales (IDEA-USACH)

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