Antropóloga investigadora de CONICETDoctora Laura Panizo aborda la antropología de la muerte en estancia de investigación en la UAHC

La Dra. en Antropología Social Laura Marina Panizo, Investigadora del CONICET (UNSAM, Argentina) experta en antropología de la muerte, realiza parte de su trabajo de campo y documental en Chile. La docente ha abordado diversidad de casos tanto sobre soldados argentinos de la Guerra de las Malvinas, como sobre ex combatientes y familiares de caídos argentinos de la Guerra de las Malvinas, como sobre familiares de Detenidos Desaparecidos de la dictadura militar. Para la investigadora, que actualmente realiza una estancia de investigación en la Escuela de Antropología de la UAHC, la forma en que los familiares se enfrentan a la muerte en estas muertes que denomina “muertes extraordinarias”, no se adecua a las creencias y prácticas tradicionales, socialmente establecidas.

“Básicamente por una parte está la cuestión de la violencia y por otro lado está el factor común fundamental que es la ausencia del cuerpo. Los familiares se enfrentan a una muerte donde no pueden realizar los rituales socialmente establecidos y donde justamente por la falta del cuerpo no se pueden enfrentar a la muerte de una manera clara”, comenta la investigadora sobre un tema de actualidad en Argentina que resurge, tras eventos como el hundimiento del submarino ARA San Juan a fines de 2017 con 44 tripulantes a bordo, cuyos cuerpos aún no se recuperan desde el fondo marino. En este y otros casos, la recuperación e identificación de los cuerpos resulta fundamental en los procesos a través de los cuales los familiares se enfrentan a la muerte y se relacionan con sus seres queridos.

Esta temática es la que Panizo trata en el artículo “La corporeidad del muerto: exhumación e identidad en el caso de la Guerra de Malvinas”, publicado en el último número de Antropologías del Sur, la Revista de la Escuela de Antropología de la UAHC. Allí, la investigadora explora las disputas sobre los cuerpos de los caídos argentinos en el conflicto bélico entre el país trasandino e Inglaterra en 1982, guerra que dejó 649 argentinos muertos.

Nuevas prácticas para superar el duelo

“Muchos familiares entendieron a sus seres queridos en tanto héroes, en un proceso de transformación que los ha convertido en santos para ellos. Se comunican con ellos dentro de diferentes prácticas innovadoras como los altares domésticos, un espacio sagrado dentro del hogar  que funcionan alrededor de la foto del muerto, del caído, y al que se le acercan otros objetos de culto, como la turba traída de las Islas. Describe sobre este fenómeno que tiene relación con la cultura de la animita local y otros fenómenos mortuorios y de memoria.

(Foto de Laura Panizo)

Altar doméstico dedicado a Elbio Araujo Penón, caído en la Guerra de Malvinas (Foto de Laura Panizo)

 

Pero Panizo explica que en el caso de los familiares de Detenidos Desaparecidos, tanto en Argentina como en Chile, no se producen en general prácticas asociadas a los rituales de luto, y donde se produce un quiebre, ruptura y también una apertura de la realidad. “Las creencias sobre la vida y la muerte se modifican ante muertes violentas y extraordinarias. Los grupos de familiares construyen marcos de interpretación de lo ocurrido, donde la peculiaridad de la falta del cuerpo no habilita prácticas tradicionales ni posibilita un reconocimiento social de la muerte”, señala.

Para la experta, en el caso de los desaparecidos de Chile y Argentina, estas muertes generan prácticas innovadoras que otorgan nuevos dignificados a las creencias sobre la vida y la muerte. “La relación con los muertos se reconfigura con prácticas como recurrir a videntes o recibir las manifestaciones a través de percepciones corporales, lo tiene que ver con nuevos caminos de búsqueda y apertura de la realidad”, expone.

En este contexto de muertes no reconocidas socialmente, para Panizo es muy relevante la integración a grupos donde las familias expuestas a situaciones traumáticas pueden entender lo que están pasando y tener contención. “En esos grupos se sienten acompañados y establecen prácticas innovadoras como celebrar los cumpleaños de sus familiares fallecidos”, explica.

Otra particularidad de estos grupos de familiares es que permiten hablar de lo sucedido, en un contexto en que la sociedad no dialoga ni profundiza mucho respecto a hechos traumáticos. Por eso, contar con espacios sociales es importante, cree la investigadora. Entre estos grupos, Panizo menciona la generación de organizaciones y grupos de pares en donde dialogar la pérdida contribuye a la elaboración de los procesos de duelo y luto. “Generar espacios para que se pueda decir y actuar sobre este hecho es fundamental, la ayuda es algo muy alentador, porque lo terrible, además de enfrentarse a una muerte dolorosa de un ser querido, es no poder hablar sobre el tema, o sentir que no se sienten “entendidos” por parte de la sociedad”, comenta la docente.