El Papa y la Conferencia Episcopal chilena en camino hacia una nueva iglesia global

En Noticias (1 de julio de 2018)

Ni el carisma del máximo jerarca de la Iglesia Católica Apostólica y Romana ha servido de sordina para facilitar la gira del Papa Francisco por Chile. La crisis de la iglesia católica en cuanto a los escándalos de abuso sexual de distintas denominaciones ha permeado su programa como una piedra en el zapato. También lo ha hecho el cuestionamiento al blindaje vaticano de figuras influyentes pero controversiales de la curia nacional, así como la seguidilla de atentados incendiarios contra iglesias de la capital. Aunque parte importante de la población espera con devoción popular ser parte de la agenda del sumo pontífice, que reiterará 30 años después de la visita de Juan Pablo II un compromiso con los católicos practicantes, encuestas como Cadem, aseguran que sólo un 23% de los chilenos considera importante su visita.

¿Cómo se explica que una agenda global identificada con el progresismo, como la que predica Francisco, no genere la devoción esperada en un país donde incluso se decretó feriado el principal día de sus actividades?. La Escuela de Ciencia Política y RR. II. de la Academia realizó el conversatorio “Francisco y sus implicancias político-doctrinarias: ¿qué queda para Chile?”, en el que se abordaron tres aspectos elocuentes de la influencia de la visita papal en el que participaron los académicos Cristian Parker (Instituto IDEA, USACH), Álvaro Ramis (Universidad Alberto Hurtado) y Luis Pacheco (Escuela de Ciencia Política y RR. II. UAHC).

Para el teólogo crítico de la institución, Álvaro Ramis, hay que realizar una doble lectura para comprender esta dicotomía que genera una figura elevada a una figura pop que, a diferencia del papa Wojtyla quien consagró las políticas eclesiales,  logra grandes movilizaciones, pero no una influencia definitiva en su grey.

“La iglesia hoy necesita concretar grandes movilizaciones por que perdió su histórico poder blando de las grandes reformas sociales de los años 60 y como los fieles la escuchan cada vez menos, ha debido recurrir a su esfera de poder más concreto como dueña de universidades, como corporación inmobiliaria o avisadora de los grandes medios de comunicación”, señala Ramis.

Para entender este fenómeno, cree fundamental distinguir la política del papa y la de la curia. Es decir, la manera en que El Vaticano quiere posicionar otra vez al líder de una iglesia cuestionada como referente y mediador global. “Esto es lo que explica el discurso de la paz, el perdón y sus visitas permanentes a zonas de conflicto como lo serán en Chile La Araucanía y los sectores más pobres de Santiago e Iquique. No obstante, ésta paz no es la que se consigue a cualquier precio, sino que necesita equilibrarse con la posibilidad de justicia que es algo que Francisco traduce en su discurso cuando habla de los “descartados”, los marginados por quienes la iglesia debería tener preferencia. Esa crítica al sistema se confronta con la desigualdad que genera entre los fieles el capitalismo. Origen de una cultura contraria al respeto por esos vulnerados y la naturaleza. En tal aspecto, lo que Francisco instala es la generación de una anticultura”, señala el Doctor en Ética y Democracia por la Universidad de Valencia y académico de las Universidades de Chile y Alberto Hurtado.

Coincide el sociólogo Cristian Parker para quien el catolicismo practicante se “ha diluido” ante un avance de la religión evangélica en sectores populares los últimos años. “Francisco ha tratado de sacar a la iglesia de lodazal en el que la tienen las denuncias de abuso sexual, pero le ha costado  porque si bien ha anunciado “tolerancia cero” contra los casos de corrupción, en la práctica ha sido bastante ambiguo. Ahí tienes todavía al Cardenal Medina y su amigo Angelo Sodano sin grandes cuestionamientos y como dueños de ¾ partes de la Conferencia Episcopal a la que ellos mismos formaron religiosamente y llevaron a sus puestos de poder junto a Fernando Karadima. La iglesia chilena, antes fue un ente legitimado por la propia sociedad, pero la que recibe al papa hoy es una estructura conservadora sin asomos de pluralismo”, lamenta el Doctor en sociología de la religión de la Universidad de Lovaina y experto en religión popular en América Latina.


¿Pero es justo cargar todo un espíritu renovador sobre los hombros de Jorge Bergoglio a tres años de su nombramiento papal, sin considerar un trabajo constante de la iglesia social desde el Concilio Vaticano Segundo?. Luis Pacheco, cientista político y Doctor en Historia con especialización en Política Latinoamericana de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá cree que no. “Es una exageración. El gran debate sobre las reformas sociales que da origen a las izquierdas cristianas y la teología de la liberación en los años 60, sostiene que no existen hombres privilegiados o más cercanos a Dios. Esto implica que todas las diversidades, minorías sexuales, pobres y necesitados son acogidos por Dios. Francisco extiende esta idea de un pueblo que no es homogéneo que trasciende a la iglesia católica. No es al papa al que se le ilumina la cabeza y revoluciona el discurso. Es una corriente que se ha recogido históricamente”, sintetiza Pacheco.

La resistencia de las instituciones (incluida la iglesia) es la diferenciación que realiza el docente de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. “Sobre todo en la derecha”, sostiene. “Reacia a la aceptación de la diversidad y a obedecer el llamado que Francisco hizo ante 3 millones de católicos en Brasil: “Vayan y hagan la revolución”. Pero no la destruir, sino la de generar un cambio valórico y de principios desde dentro de la iglesia como las bases de la religión”, agrega.

A lo largo de más de 2 mil años, pocas veces se ha visto una iglesia tan reacia a debatir cuestiones fundamentales como el aborto, el matrimonio igualitario o los abusos sexuales perpetrados por los sacerdotes. Esto pese a que el papa ha dicho que la iglesia no tiene príncipes, sino pastores. Esto da cuenta de la forma en que actúan las congregaciones religiosas en la práctica respecto a su llamado original. En este caso, habitamos bajo la enorme influencia de una iglesia eclesiocéntrica, cuyo único dogma parece ser una cultura de la curia”, expresa Pacheco.

 

 

“EL PAPA Y LA CONFERENCIA EPISCOPAL CHILENA: ¿CAMINO A OTRA IGLESIA NACIONAL Y GLOBAL?”

Un segundo encuentro en la línea de extensión académica de política y religión, se refirió a cómo los escándalos/abusos sexuales perpetrados por ministros de la Iglesia Católica han generado un efecto global. El conversatorio titulado “El Papa y la Conferencia espiscopal chilena: ¿Camino a otra iglesia nacional y global?” discernió algunas consideraciones con la periodista y experta en Teología Fundamental, Carolina del Río, la cual, en términos globales afirmó que la iglesia nacional ineludiblemente enfrenta una tensión estructural, la cual necesariamente debe permitir una nueva y que sea capaz de recoger las orientaciones del Concilio Vaticano II, en cuanto a su noción evangélica y doctrinal de que todas y todos son Pueblo de Dios.

En la línea política, también destacó la importancia que tiene lo sucedido en Chile al interior del gobierno de la Iglesia Universal. “No existe precedente de que tras la visita pastoral, política y geopolítica de un Papa, más la sospecha fundada de que existen abusos y delitos sexuales perpetrados por miembros de la iglesia que comanda, llame a la Conferencia Episcopal completa, cuando se encuentran reunidos en Punta de Tralca y les exija, ya instalados en el Vaticano, tras sendos documentos preparados por él mismo, una acción de parte de ellos, la que se tradujo, finalmente, en colocar sus cargos a la disposición del máximo jerarca católico”, recordó.


Eso es muy nuevo en lo simbólico y es un antecedente político interno como externo. Afirma Carolina, que ante la evidencia de los abusos sexuales perpetrados, se debe acompañar la acción con la justicia Civil y Penal contra los abusadores. Es una acción que necesariamente se debe concretar, de lo contrario, se calificará a la misma como trunca y, por defecto, no culminada. Ello, en su opinión resta oportunidad de re–legitimar a la Iglesia.

Finalmente, afirma que lo más importante de lo ocurrido y ocurre, es lo que vendrá en orden a los cambios fundamentales que debe tener la iglesia católica, sobre todo cuando recoja otra vez la idea del Concilio Vaticano II: Pueblos de Dios.