Afiches racistas, mitologías y falacias sobre el otro
La intolerancia cotidiana y las bases institucionales del odio al migrante

En Temas (21 de junio de 2019)

Sorpresa causó la aparición de una serie de afiches pegados en algunas murallas de la ciudad de Valdivia con mensajes, firmados por un grupo autodenominado como “Acción identitaria”, y que invitan en creol: “Joven haitiano, regresa a tu casa”. Si bien los mensajes advierten no tener un tono xenófobo ni racista, el colectivo detrás de la publicación ha alcanzado notoriedad por una práctica beligerante. Aunque el objetivo de este ataque comunicacional es el migrante quien ha recibido un trato precario en lo social y lo laboral, a juicio del Director de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UAHC, Rodrigo Gangas; le recuerda el que históricamente ha tenido la clase popular por parte de las élites.

“En política, la utilización de este tipo de falacias ha sido una técnica recurrente y común. Sobre todo en temporada de elecciones, cuando el mensaje ha reducido la falta de proyectos a frases simples y la búsqueda de un pragmatismo electoral por conseguir a toda costa el poder. Ahí han sonado ejemplos como “la puerta giratoria”, “las necesidades reales de la gente”, y últimamente la discusión en torno al tema de los inmigrantes, ejemplos de estas falacias que adornan un escenario social y político”, plantea.

El magíster en Ciencia Política señala que el tema migrante es un discurso que se maneja en dos o tres planos. Uno de ellos es el debate que se da en torno al mundo académico, en el que constantemente se generan actividades para conocer la realidad de la migración en el mundo de hoy; otro es el del mundo político, donde convergen los espacios y las posibilidades de establecer el cómo se enfrente desde política pública el tema. “Pero hay un plano más complejo, del ámbito menos oficial, que ataca distintos aspectos construyendo ciertos discursos falsos que se van desarrollando con fuerza a través de las redes sociales, por ejemplo. Así, el debate nacional se va instalando poco a poco con ideas que pegan mucho”, señala el académico sobre la génesis de señales como los polémicos afiches que se han visto en Valdivia y Temuco.

Al mismo tiempo argumenta que, pese a que para algunos/as represente un sentir, en definitiva no son argumentos de peso para una discusión seria. “En ese sentido, decir que el migrante viene a quitar trabajo o que la delincuencia aumenta producto de la migración es parte de la postverdad cotidiana a la que nos enfrentamos hoy en día. Lamentablemente estas son las que se van reproduciendo pues hacen un ruido más fuerte”, señala.

Al respecto de estos mensajes, Jean Claude Pierre-Paul, trabajador social de nacionalidad haitiana y coordinador de la Oficina de Migrantes de Quilicura, sostiene que existe una postura país que ha sido sesgada por una autoridad interesada en criminalizar o denigrar al migrante. Incluso se le anula presentándolo como objeto “vulnerable”, se lamenta. “Estas situaciones de tensión se arrastran desde hace muchos años en la historia de Chile y se han transformado en desinterés e indolencia por el otro”, dice cuando recuerda lamentables hechos como la muerte de las mujeres de su nacionalidad Joan Florvil o Rebeca Pierre, más recientemente. El funcionario municipal fue uno de los invitados a la última sesión del Conversatorio “El derecho humano a ser migrantes” que tuvo lugar en el Museo de la Memoria y los DDHH y que fue co-organizado por la UAHC.

Los viejos racismos de siempre

El mismo día en que Pierre-Paul expuso sobre diversas precarizaciones y mitologías que asocian al migrante con la delincuencia se publicaban los afiches firmados por el grupo nacionalista chilenista. En la cita, el sociólogo de origen peruano Francisco Bazo, quien también es vocero del Movimiento Acción Migrante (MAM), coincide con esta mirada peligrosista y falaz de la presencia extranjera en el país. Enfrenta el mito de la delincuencia con el dato de que en comunas periféricas, donde las comunidades migrantes abundan (como Pedro Aguirre Cerda, Quilicura o Cerro Navia), la ocupación de calles y plazas por las prácticas habituales del migrante -quienes hacen más vida al aire libre- ha reducido o desplazado las acciones delictivas desde esos lugares. Bazo cree que los antiguos temores de la dictadura mantenían desiertos esos espacios públicos.

“Por otro lado te han dicho que el 0.5% de los delitos de narcotráfico son cometidos por migrantes, y aunque esta es una cifra menor dentro del total de otros crímenes, el principal error que se comete es pensar que el burrero o traficante narco es, en efecto, un migrante, cuando en rigor es un delincuente que entra y sale del país y en ningún caso viene a establecerse o a trabajar al país de destino”, agrega Bazo.

Finalmente, explica que aunque el Ministro de Salud lamente que el sistema sanitario invierta 300 millones de dólares en asistencia a migrantes, es Hacienda la que informa que estos nuevos habitantes y trabajadores de Chile aportan, en total, 1500 millones de dólares en impuestos e inversión al país. “Triplicar esa inversión en crecimiento parece ser una buena noticia”, reflexiona Bazo.


Sobre ese acento institucional hay otros antecedentes como los del año 2017, que los colectivos migrantes recuerdan como una campaña sanitaria hostil del Ministerio de Salud. En ella se advertía sobre el uso del condón y la transmisión de enfermedades de transmisión sexual a través de una curiosa pieza que mostraba a un hombre de raza negra con una mujer blanca. La organización de Refugiados e Inmigrantes en Chile acusó en su momento que el cartel comunicaba de manera subliminal que los migrantes son transmisores o portadores de estas enfermedades.

Un discurso del miedo

Para la doctora en sociología Claudia Silva, trabajadora social y docente de la Academia, las principales invenciones y mensajes contra el migrante han sido levantados para fortalecer el discurso del poder, generar miedo y ponerlo como el foco de muchos problemas ficticios como la cesantía. “La gente está convencida, por una nefasta política pública, de que los migrantes son quienes han precarizado la situación, pero lo cierto es que ellos se han insertado en un sistema que ya era precario para todo desde antes”, advierte.

Cree que la gente es la que tiene internalizado un miedo a la escasez, pero que no intuye que ese temor es un mecanismo de dominación en el cual el Estado, supuestamente, protege a unos quitando a otros: “El estado te dice que tiene que repartir recursos que no alcanzan, quitándole a otro para que tú tengas. La gente no se da cuenta de que, al entrar en esa dinámica, pasas desde una precariedad material a una precariedad y escasez de derechos. Es la misma lógica que ha llevado a muchos a aceptar los atropellos a los pueblos originarios. Pensarlo de esa manera te permite notar esta lógica neoliberal instalada en el ADN, en la que no se relaciona la falta de derechos de los pueblos originarios con otorgarle derecho a quedarse a los migrantes”, cree la co-investigadora del Proyecto FONDECYT 1191045 “Respuesta educativa de la escuela ante la inmersión lingüística de estudiantes inmigrantes: Estudio desde un enfoque educativo intercultural”.


Por otra parte, Gangas reitera que, al no hacernos cargo de la diversidad plurinacional y pluricultural, se permite que afloren sentimientos como el miedo a lo desconocido. Un rasgo muy presente en nuestra sociedad, estima. “Ese miedo al otro encarna lo que se considera distinto, diferente o lo que debiera ser lo bueno. Lamentablemente el estándar se pone en un parámetro moral de bueno y malos. Lo que no es parte de lo que teóricamente se considera bueno, es puesto en la vereda de enfrente. Es en esa condición donde se posiciona la migrante para considerarlo un peligro. De ahí a encontrar estos carteles o enunciados que dicen “Joven haitiano regresa a tu casa” o “Los chilenos primero”, hay un paso”, explica el politólogo y académico de la UAHC que cree que en este discurso de odio se sintetiza el sentir más profundo de nuestra sociedad.