Infancia institucionalizada hasta los 18 años
Cuando acaba la vida en el hogar de menores y comienza la incertidumbre

En Temas (5 de junio de 2019)

En su reciente cuenta pública estelar, el presidente Piñera anunció mejoras para el sistema de residencias, como la creación de Servicio Nacional de Protección a la Niñez o “reemplazar los centros masivos, de tristes recuerdos” como el CREAD del SENAME, dijo, pero no hizo mayor referencia al destino de estos/as jóvenes egresados una vez alcanzada la mayoría de edad. Y aunque actualmente existe la posibilidad de mantener la subvención para los niños institucionalizados hasta los 24 años de edad, si es que se encuentran estudiando, persiste la incertidumbre de qué sucede con un/una joven que, de un día para otro, queda literalmente en la calle.

El profesor de la Escuela de Sociología de la Academia, Alejandro Tsukame, cree que es insuficiente el modelo actual de egreso y recomienda un monitoreo permanente del estado de situación de los niños y niñas para visibilizar esta problemática. En ese contexto, el docente y la académica de esa misma escuela, Loreto Hoecker, llevaron a cabo un estudio destinado a conocer experiencias y expectativas de los niños y niñas menores de 14 años y de jóvenes de 18 en adelante, que saldrán del cuidado residencial como “medidas de protección” impartida por tribunales de justicia.

El trabajo de campo explora visiones de mundo de los y las jóvenes en torno a una de las brechas más irremontables de este sistema de guarda, y que radica en el aspecto del acompañamiento familiar, ya que muchos de estos/as jóvenes han perdido ese vínculo. “Cuando comparas la realidad de un joven que ha dejado un sistema de acogida, a los 18 o 24 años respecto a la linea vital de otro de su misma edad que no es parte del sistema, el 63% de estos últimos aún vive con sus padres y otros familiares. Estos chicos, que no han tenido cuidado familiar, o que lo han tenido esporádicamente, pierden este sustento que no es un cuidado familiar propiamente tal, pero bastante similar al que le generaría una familia”, explica Tsukame.

Las expectativas de jóvenes “desacreditados”

El estudio abarcó seis meses de trabajo y nace a partir de una inquietud de Aldeas S.O.S y la Academia por saber más sobre un área de la que se sabe muy poco -en palabras del autor de “Jóvenes Desacreditados”- y que afecta gravemente los derechos de éstos para reinsertarse, educarse y participar de la sociedad. Además, el último estudio realizado al respecto data de hace más de una década, lo que hacía imperiosa una actualización, cree el equipo realizador. “Uno de los principales fenómenos que detectamos es que hay una baja de las expectativas de ellos mismos y sobre todo del personal de las residencias sobre ese devenir. La conclusión es que son jóvenes iguales al resto, que tienen derecho a gozar de las mayores oportunidades y no de unas menores al resto”, comenta el doctor en Sociología de la U. Complutense de Madrid.

En tanto, para la coautora de “Experiencias y expectativas de salida del cuidado de jóvenes de Aldeas SOS Chile”, la socióloga y docente Loreto Hoecker, otra de las misiones detrás de esta investigación era constatar cómo aseguran o no los derechos de los y las jóvenes que egresan de estos lugares de acogida. Una inquietud que es parte no sólo de su producción académica, sino del llamado valórico de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

“La Universidad, y en específico la Escuela de Sociología, nos dieron el espacio y el apoyo para trabajar en esto en el marco de la política de vinculación con el medio. La función de la Academia es generar un conocimiento relevante para la sociedad y además en nuestra universidad, donde el eje son los Derechos Humanos. En ese sentido, era muy importante para nosotros la situación de estos chicos que están justamente con sus derechos no asegurados, o bien, se les quiere asegurar por un tiempo pero después quedan en el aire. Este estudio está prácticamente en el corazón de las preocupaciones de la Universidad. En este caso, se trata de preocuparnos de cómo asegurar que estos jóvenes reciban la preparación que necesitan para egresar en distintos ámbitos, tanto educacionales como de las problemáticas que van a enfrentar”, explica la investigadora especializada en modernización del sistema de justicia adulta y de jóvenes y adolescentes.

La búsqueda de la autonomía

Dentro del amplio espectro de los hogares de menores, de tipo abierto o cerrado, los que imparten clases o los que funcionan como cárceles para niños y jóvenes privados de libertad, a la larga, esta ley de hierro los sacará de es entorno cuando cumplan 18 años. Curiosamente, muchos de ellos que ya provenían desde la calle acabarán de vuelta en el mundo exterior sin, muchas veces, una red familiar social o la autonomía suficiente como para desarrollarse, explica el profesor Tsukame.

Agrega que la pertinencia de realizar este trabajo parte desde la identificación de una crisis de la protección y de las vulneraciones que han ocurrido en la modernización del mismo del supuesto sistema de protección actual. Reconoce en este acompañamiento, con límite en la mayoría de edad, una realidad que contrasta con las políticas sociales de protección y la preparación para la vida adulta y autonomía posterior de los/las menores. Las principales conclusiones del estudio fueron presentadas en el conversatorio “Avances y desafíos para la implementación del programa de acompañamiento para la vida independiente de jóvenes egresados del sistema de acogimiento alternativo” en el Ministerio de Desarrollo Social y Familia.

La psicóloga Angélica Yevilaf, responsable de la residencia de menores “Cardenal José María Caro”, que recibe a parejas de hermanos menores cuando los tribunales así lo indican, también lamenta la falta de acompañamiento que el Estado hace de los niños y niñas cuando deben dejar los hogares a los 18 años. Cree que la falencia de un proyecto de vida ahí radica en que la autoridad no implementa la oportunidad de proyección con herramientas propias a través de aprender un oficio o desarrollarse intelectualmente. En el caso de esta residencia, la principal forma de aportar a un mejor futuro para los chicos es hacerlos estudiar hasta los 24 años para que consigan autonomía y, de paso, puedan seguir contando con un techo.
Es el caso de dos integrantes mayores del hogar  -un par de hermanos de 19 y 21 años- que llegaron juntos al recinto hace 12 años, sin familia ni red extensa posible, y que hoy estudian administración de empresas y prevención de riesgos. 

“Creo que actualmente, en materia de acompañamiento se está privilegiando más la sanción que las soluciones. La legislación y creación de hogares se ha conducido hacia la búsqueda de cómo controlar a niños desde los 14 años, pero no se ve una estrategia clara de qué hacer una vez alcanzada la mayoría de edad. Desgraciadamente la sociedad tampoco realiza su aporte. Hace muy poco pusimos en el colegio a un niño nuestro con carencias, algo difícil; lo primero que propuso el plantel nuevo fue reducir su horario de clases para que se fuera dos horas antes que sus compañeros. No lo aceptamos y lo cambiamos de establecimiento. Otros niños y niñas estudian actualmente carreras técnicas con todo el apoyo posible, porque no podemos seguir penalizándolos si eso es lo que encuentran afuera día a día”, explica Yevilaf.

“Hay decisiones que no se están tomando y que generarán consecuencias históricas. Nuestro país se está polarizando cada vez más en la desigualdad y eso nos hace perder la óptica de lo relevante. Quizás quienes toman decisiones, deben salir un poco más a la calle para entender lo que se les escapa desde la oficina y el escritorio”, reflexiona la tutora de la comuna de La Pintana.