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Comunidad migrante y analistas de la Academia comentanPerspectivas desde Chile a un mes del magnicidio en Haití

A 6.000 kilómetros de distancia, la impresión que llega a nuestro país sobre la estabilidad en Haití es lapidaria. Al historial de su crisis económica, social e institucional que la acompaña desde su independencia en 1804, el asesinato del presidente Jovenel Moise, ocurrido el 7 de julio pasado en su propia residencia a manos de un grupo de sicarios, lanza una nueva piedra al estanque cuyas ondas llegan a Chile sacudiendo a la población haitiana residente. 

Para los migrantes de esta nación caribeña que viven en Chile, este nuevo magnicidio es sólo el recordatorio de un pasado de carencias y familiar, lejano al proyecto del primer país del mundo que abolió la esclavitud. Por entonces, apenas liberado Haití comprendió que naciones americanas y europeas se negaban a aceptar una república de esclavos liberados, explica Jean Benord Desameau, profesor de creole y magíster en Gerencia Pública de la Academia. “Haití era considerado como un peligro por las naciones imperialistas que le impusieron un embargo al comercio internacional”, señala sobre este incómodo precedente para los imperios coloniales que, hasta hoy, justifica intervenciones militares a partir de la acción humanitaria que corre paralelo a un patrón de disputas internas y luchas de poder con consecuencias sobrecogedoras.

La fragilidad del sistema sociopolítico haitiano quedó de manifiesto con el reciente magnicidio, sin embargo, el general Jean Jacques Dessalines, primer gobernante de la nación haitiana, fue asesinado el 17 de octubre de 1806. Más tarde, durante la guerra civil (en 1867) el presidente Sylvain Salnave fue derrocado y ejecutado el 15 de enero de 1870. La muerte del presidente Vilbrun Guillaume Sam, el 28 de julio de 1915 a manos de una turba, brindó al mandatario estadounidense Woodrow Wilson la excusa para imponer una ocupación militar que se extendió por 19 años.

La división generada a partir de la violencia y la creación de castas tras estas crisis es uno de los principales factores de las desventuras de este país, agrega Benord Desameau. “Se han generado profundas diferencias entre la población mulata, educada y rica que ha aprovechado estas ventajas para establecer su supremacía por sobre la raza negra. Incluso se crearon conceptos para definir estereotipos, desigualdad y exclusión social entre francófonos y creolófonos como «moun anwo ak moun anba» (gente de arriba y gente de abajo) o “moun andeyo ak moun lavil» (campesinos y gente de la cuidad).

Desde el análisis geopolítico, el profesor de la Escuela de Ciencia Política, Gobierno y Gestión Pública, Carlos Mena, explica que para entender los eventos recientes en Haití, es preciso considerar que en Haití pugnaban dos autoridades: el asesinado Moise, que habría cumplido cuatro años en el cargo, y Joeph Mecene, un juez de 72 años apoyado por la oposición, pero ignorado por la comunidad internacional. “El origen político del conflicto está en las caóticas elecciones del 2015 al fin del mandato del presidente Michel Martelly, donde ningún candidato recibió más del 50 por ciento de los sufragios y la situación obligó a nombrar un presidente interino de otro partido, junto al llamado a realizar nuevas elecciones en noviembre de 2016. En estas elecciones Moise resultó vencedor, pero la oposición, sin embargo, consideraba que el inicio de este nuevo mandato comenzaba el día que Martelly dejó el poder y acusaba a Moise de ser un dictador por gobernar por decreto desde hace un año. En este contexto ocurre el magnicidio en un país donde pocas familias y empresarios controlan los principales recursos económicos y que siempre han puesto y nombrado presidentes y utilizan la calle para generar la desestabilización”, señala el profesor Mena respecto a algunas luces sobre este crimen.

Durante la investigación del crimen, que incluyó la detención de 20 mercenarios colombianos, estadounidenses y locales, la fiscalía llamó también a declarar a dos magnates del sector eléctrico, Réginald Boulos y Dimitri Vorbe, y a los exsenadores opositores Youri Latortue y Steven Benoit.

 Espíritu de resiliencia

Actualmente, la fragilidad del sistema político haitiano también queda de manifiesto por el hecho de que existen al menos cuatro figuras que se declaran herederas en el poder del presidente Moise. Esto, sumado a la ausencia de un registro electoral y un consejo electoral imparcial genera una incertidumbre permanente, sostiene el profesor Mena. Desde nuestro país, este panorama de inestabilidad llega a los migrantes haitianos como un nuevo impacto para la azotada república desde la que salieron en busca de mejores perspectivas de vida, cree la profesora Macarena Covarrubias, encargada del proyecto Español para Haitianos de la Facultad de Pedagogía en la UAHC.


Según cifras oficiales de extranjería, en Chile hay cerca de 190 mil migrantes haitianos. “Obligados a abandonar su tierra natal producto de la inseguridad, la falta de oportunidades y la inestabilidad económica, los haitianos que llegan a Chile dejan atrás el caos y la pobreza extrema, pero deben enfrentar un contexto de brechas enormes en nuestro país en contextos vulnerados, en situaciones de hacinamiento o carencia de vivienda, con falta de acceso a servicios básicos y de salud, discriminación de raza y género, abusos desde lo laboral, violencia física y psicológica”, sostiene Covarrubias sobre las diferencias de contexto, pero no de fondo que viven estas comunidades.

La académica, ha podido compartir de cerca con hombres, mujeres, niños y niñas migrantes en el programa de idioma que se lleva a cabo en el Campus Brasil de la Academia. Cuenta que a través de esta iniciativa ha conocido los proyectos de quienes buscan la oportunidad de progresar, pero también retornar a la isla algún día en espera de mejores tiempos. Quizás retornar para cumplir un rol transformador que Haití mantiene en el horizonte. “La idea de regresar se vuelve una opción cuando la situación de desempleo no les permite a nuestros compañeros migrantes vivir dignamente y las alternativas poco a poco se van cerrando. Frente a esta realidad, muchos haitianos/as que vienen a Chile con esperanzas y que no logran asentarse formalmente, encontrar un trabajo o estabilidad social y económica, deciden regresar a su país”, afirma.

Sin embargo, estos factores no parecieran haber quebrantado totalmente su espíritu de resiliencia. “No hay un interés en olvidar su pasado, de comenzar una vida desde cero, sino que, todo lo contrario, de buscar una vida mejor tanto para ellos/as como para sus familias que, en la mayoría de los casos, sigue viviendo en Haití y les envían dinero con la esperanza de traerlos aquí”, agrega Covarrubias.

Jean Benord Desameau, ex estudiante de la UAHC, lamenta que, en este ciclo de penurias sociopolíticas en Haití, sus paisanos se vean en la obligación de vender su tierra para animar a sus hijos -“la fuerza viva de la nación”, dice- a emigrar del país.  “No es la idea regresar a la esclavitud en un país que es un Estado soberano, pero la colonización mental ha sembrado la división. Nuevas generaciones pueden escribir también una página de orgullo si, destruyendo a este sistema con unidad y un levantamiento social que dé nacimiento a líderes patriotas y conscientes de las brechas sociales, termine con la democracia ficticia establecida por el neocolonialismo. Solo así se podrá instituir un Estado Nación con la verdadera democracia como base. Muchos ven la migración como única salida, cuando fueron los ancianos quienes nos legaron la libertad como una herencia al pueblo de Haití”, plantea.

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