En busca de los/as nuevos/as constituyentes
¿Cuál es el perfil ciudadano de quienes escribirán una nueva Constitución?

En Temas (9 de noviembre de 2020)


Finalmente, una nueva Constitución que reemplace el último espacio institucional de influencia de la dictadura, será escrita por la ciudadanía a través de una convención constituyente. Así fue determinado por un plebiscito nacional tras el cual, las primeras encuestas (Ipsos y Espacio Público) ya hacen eco sobre cuál es el principal interés de los chilenos/as para cumplir este fin: que los/as participantes de este organismo constituyente sean “profesionales independientes sin militancia política” y “gente común y corriente”.

En efecto, los/las convencionales constituyentes serán elegidos en votación popular, el domingo 11 de abril del 2021 y ya existen estudios que revelan que el perfil buscado para constituir estas comisiones debe ser el de ciudadanos/as activos/as en la sociedad civil, que cuenten con un conocimiento experto en Constitución y aquellos temas que afectan a la vida de las personas en temáticas sociales, medioambientales, culturales o interculturales dentro de una variedad de problemáticas que deben aglutinarse en un texto común y duradero.

En tal aspecto, este perfil del /la ciudadano/a entusiasta y preparado/a, ¿qué competencias debería cumplir para ser un/a constituyente ideal?, ¿Con qué nuevas voces podemos contar para redactar una nueva carta fundamental? e incluso, ¿Con cuáles no?.

Sobre este debate, el docente de la Escuela de Ciencia Política y RRII de la Academia, Iván Pincheira, piensa que el perfil del/la constituyente debe ser el de una persona que sintonice en el modo de entender lo político y se abra a las posibilidades de representar a otros sin otros fines. “Lo fundamental es que, más allá del personaje en particular, son las racionalidades que tendría ese hombre o esa mujer. Que se trate de personas que estén en sintonía con un modo de entender y procesar lo político, más allá de los patrones con los que hemos sido gobernados en el último tiempo en Chile. Todo tiene que ver con la representación y las ideas de delegación y capacidad de resolución de las problemáticas que estamos acostumbrados a escuchar, y que tiene que ver con el modelo de ‘partido político y el representante electoral’. Creo que lo idóneo tiene que ver con cómo ellos entienden lo político”, señaló el investigador de la UAHC.

El docente explica que lo ideal es que los/as constituyentes estén ligados/as a las organizaciones sociales en el ámbito de la educación, de la salud, los gremios o las juntas de vecinos. Señala que este sistema debería integrarse con el modelo tradicional de representación, pero reconociendo la autonomía de estas prácticas organizativas tradicionales en conjunción con los intereses de la sociedad nacidos a partir del último año de movilizaciones. “El escenario ha cambiado y ha crecido una deslegitimación de la representación política. Estos nuevos modelos son lo que hay que buscar y pensar en conjunto, es decir, un modelo de lo político que dialogue con instancias estatales que seguirán perviviendo, pero que vayan avanzando en la incorporación y en el reconocimiento de la autonomía de otras expresiones organizativas”, afirma Pincheira.

Una opinión similar manifiesta la profesora Carol Chan, de la Escuela de Sociología de la UAHC. La investigadora manifiesta que la falta de precedentes del proceso constituyente puede ser también una oportunidad de innovar en el debate y, por ejemplo, considerar la diversidad de sus representantes más allá de la variedad de jóvenes, movimientos feministas y adultos/as mayores, incluso. “También hay que incluir las personas migrantes, representantes de las comunidades indígenas, personas afrodescendientes, LGBTI, personas con necesidades especiales y alguien que represente a aquellos/as ciudadanos que viven en tomas o campamentos. Será un proceso complejo, hay que considerar gente que tenga un vínculo estrecho con su comunidad y vecinos/as, que posean la capacidad de promover y facilitar una discusión con ellos sobre las expectativas y el proceso de escribir una nueva Constitución, y que cuenten con el respeto y confianza de los/as demás”, cree.

Sobre esta falta de un referente local en cuanto a asambleas constituyentes, el economista y epistemólogo boliviano Jorge Viaña, recientemente expuso ante sus pares de la UAHC para entregar consejos sobre este proceso a la luz de la historia reciente de su país. Desde ese análisis comparado, Viaña explicó que un tránsito deliberativo como este, exige una perspectiva más social que estatal. “En Bolivia, este fue muy alejado de los partidos y grupos de interés, porque el cambio debe ser construido a partir de las propuestas de las bases sociales. Lo recomendable es concentrar esta articulación a nivel barrial y municipal, sin dejarse encorsetar por los mecanismos formales del sistema político que a la larga son mecanismos de disciplinamiento”, señala.

Desde la Escuela de Pedagogía en Historia, el profesor Pedro Rosas, describe una dualidad al interior del momento constitutivo actual que debe ser superada y que se relaciona con las olas mediáticas e institucionales que intentan aplastar el proceso constituyente y otro proceso popular, propio de la soberanía que desde hace mucho tiempo se está expresando en las asambleas territoriales primero y hoy en la virtualidad como parte de un proceso constituyente como tal. Esta gente que ya se reúne y se hace fuerte, se está convirtiendo en soberanos parte del proceso y su toma de conciencia para construir una nueva sociedad”, describe.

¿Todos/as invitados/as?

En busca de este perfilamiento del/la constituyente chileno/a, la profesora Roxana Hormazábal, cree necesario definir primero a quienes han quedado marginados/as de todo proceso anterior. Lo que la académica de la Facultad de Pedagogía llama una “periferia social”.  “Lo que una constitución nueva debería poner en el centro son estos expulsados de la palabra política. Los sin apellidos con linaje que son quienes tienen clara la mirada de país necesaria y su espíritu renovador”, detalla sobre un ámbito donde necesariamente la mujer ya tiene un espacio confirmado desde su validación a través del movimiento político y social reciente y que hoy está disponible para proponer cambios relevantes.

“Quienes no han estado en la calle y no conocen la ciudadanía común y corriente no son verdaderos/as constituyentes para esta versión del Chile que se quiere. Creo que ese perfil también tiene que mirar lo educativo como una cuestión transversal que debe estar presente en todos los ámbitos de este horizonte no sólo desde las posibilidades presentes, sino también desde el futuro”, cree Hormazábal.

En tanto, el rector Álvaro Ramis advierte que gran parte de estos actores sociales no son nuevos y que pueden encontrarse en movimientos que tienen plena relación con los debates que anticipa la redacción constituyente. “Cualificando estos actores independientes, primero hay que definir qué es ser independiente, pues no basta sólo con una “independencia formal” en cuanto a que alguien no milite en un partido político, si en el fondo lo que se requiere es un criterio propio que refleje algún tipo de representación social en base a una experiencia vital profesional o de contextos que legitimen a un sector significativo de nuestras comunidades”, sostiene sobre algunos nombres conocidos que se presentan como líderes, pero que hasta hace un par de meses militaban en partidos políticos cooptados por viejos valores o personas que -sin contar con filiaciones políticas- son reconocidos por haber sido históricamente funcionales a grupos de poder.

Como ejemplos de perfiles de constituyentes, Ramis apunta a dirigentes por la defensa ambiental o recursos como el agua como un bien público, lideresas del movimiento feminista y otros representantes de la necesidad de transformación sistemática y profunda de nuestro país.

¿Dicho de otra manera, quiénes no deberían ser constituyentes?. El consenso es general: “Hace poco escuchaba a la periodista Alejandra Matus referirse a estos candidatos a la constituyente que precisamente llamaban a votar el rechazo refiriéndose a ellos como una negación, a referentes de la política vieja que han empezado a salir de sus sarcófagos.

“Al menos para mí, estas personas definen una negación del Chile de hoy que nos confirma que no estábamos equivocados en proponer esta transformación que se encamina hoy. Un cambio al que no deberían estar invitados quienes se están candidateando hoy y que tienen detrás un pasado tan cobarde y un presente tan patético”, señala la académica. “Nadie que tenga sobre su conciencia esta biografía puede escribir un futuro valiente y esperanzador para quienes somos pueblo”, agrega.

Finalmente, Isabel Plaza, docente del Observatorio de Educación en Derechos Humanos de Universidad Academia de Humanismo, destaca que una de las  preguntas que se ha repetido con fuerza estas dos últimas semanas es “cuán preparados estamos para sostener un cargo en la convección constitucional”. “Desde la elite política se escucha con frecuencia que no cualquier persona puede tomar esa responsabilidad, pues debe ser gente bien formada, bien preparada y que tenga cierto nivel de conocimiento. En ese relato, yo lo que escucho una vez más la segregación social y cultural que impera en Chile desde hace muchos años y que ha sido producto del gran laboratorio del neoliberalismo y que surtió un gran efecto”, remarca Plaza y agrega que existe un abandono en el que se sumerge a gran cantidad de la población,  que no ha tenido acceso a una buena educación. “Desde ese punto de vista es bastante impresentable escuchar estos discursos donde se dice que el ciudadano/a a pie debe demostrar algo en donde el Estado justamente no ha estado presente, y no me refiero al tiempo de dictadura, sino que al tiempo que llevamos de democracia, con 30 años de muy mala Educación”, sostiene.

Isabel Plaza, argumenta que hoy en día se puede ver a una ciudadanía cansada de la injusticia, y que decide manifestarse, si bien de forma radical, pero que ha sido la única manera de poder generar e incidir en un cambio real y concreto. “La manifestación social es necesaria y es algo a lo que adherimos muchos y muchas. Ello a la larga significó conseguir un plebiscito, y ahora viene una segunda etapa que es la constituyente por la que tanto se luchó. Mi pregunta es ¿Acaso nos quieren restar de esa fase crucial que a la larga se consiguió entre todos? Creo que más que buscar a la persona que encarne a ese modelo ideal para ser representante  de la convención constitucional,  lo importante es propiciar que personas con las experiencias más diversas posibles tengan una presencia. Eso creo que es algo difícil y nos debe inquietar. Yo no pondría en duda las capacidades de las personas, puesto que, lo que nos ha demostrado el estallido social, es que a pesar de la mala Educación y de la vida indigna que muchas personas han tenido, estas se han podido levantar y participar en un proceso que sólo estaba hasta ahora guardado para ciertas personas que son partes de los grupos de poder”, sostiene la académica de la UAHC.

 

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