En procesos de movilización humanaCamila Urzúa, de la OIM define el cambio climático como brutal factor movilizador de las migraciones

En Artículo del Boletín DIVIM (4 de julio de 2019)


Ante una audiencia multicultural, recientemente la trabajadora social de la Universidad Católica, Camila Urzúa, realizó una de las ponencias del encuentro “Mujeres y procesos migratorios en la comuna de Lo Prado” que definió distintos roles de la mujer migrante y local además de subrayar la naturaleza orgánica de esta oleada de movimiento humano.

Urzúa, ha sido coordinadora y asesora de diversos programas del Servicio Jesuita Migrante, como el recibimiento y capacitación para los refugiados sirios que llegaron al país desde 2010 y el programa de retorno voluntario asistido a ciudadanos haitianos el 2018, a través de la Organización Internacional para las Migraciones Chile (OIM), entre otros. Desde esa experiencia, fue parte del encuentro al que asistió también la Dirección de Justicia Social, Igualdad e Inclusión de la Academia en la comuna poniente.

La experta internacional en migración se refirió a como este asunto lleva consigo un tema tan relevante como la perspectiva de género y subraya la movilidad humana como una crisis que es también cultural si consideramos que 3.4 mil millones de personas a nivel global son o han sido migrantes. En dicho ánimo, la OIM realiza talleres sobre movilidad humana e interculturalidad dirigido a trabajadores del sector público y la sociedad civil en los que socializan nuevas formas de reflexionar sobre problemáticas migrantes y la interacción con migrantes, refugiados y solicitantes de asilo como los que quedaron varados en Chacalluta.

Lo relevante pues, es acercar estas reflexiones a autoridades, funcionarios públicos y la ciudadanía en general, sostiene. “Nos parece fundamental apoyar procesos de capacitación y reflexión sobre la diversidad a través de encuentros de este tipo donde se pueden desarrollar soportes en la preparación para el creciente desafío de la interculturalidad en Chile, en un contexto donde la migración es cada día más creciente y más diversa”, señala.

La analista explica que las cifras recientes de la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) y la OIM que hablan de una crisis venezolana que no va a detenerse, crecerá en países latinoamericanos que acogen a la gran mayoría de migrantes venezolanos como Colombia que acoge alrededor de 1,3 millones, seguido por Perú con 768 mil; Chile 288 mil; Ecuador 263 mil; Argentina 130 mil y Brasil con 168 mil. Se calcula que los migrantes venezolanos pueden superar los 7,5 millones el año próximo a nivel regional.

Al respecto, la vocera de la OIM muestra un mapa global donde los puntos de movimiento se representan como una serie de tramas de colores que muestran que el proceso migrante no es algo estático y patrimonio exclusivo de algún país, sino un desplazamiento orgánico que no se detiene y que evidencia que lo que hoy es una cultura económica bullante gracias al aporte de los extranjeros en la fuerza de trabajo y la inversión, también puede dar un giro como los que caracterizan a la economía capitalista, para Urzúa, el principal motor de la desigualdad y de las migraciones.

Violencia, inestabilidad y cambio climático

La consultora de la OIM relata que, precisamente, muchas de las razones que motivan la migración son tan variadas como los destinos escogidos por estos hombres y mujeres. “La violencia en el triángulo norte de Centroamérica formado por Honduras, El Salvador y Guatemala; el narcotráfico en Colombia, crisis económicas y políticas como las de Venezuela y también el cambio climático son algunas de estas nuevas razones que motivan las migraciones”, sostiene Urzúa.

El medioambiente ha sido un promotor de la migración, puesto que las personas huyen para sobrevivir a desastres naturales o se desplazan, a raíz de condiciones medioambientales difíciles y deterioradas, en busca de oportunidades en otras partes. Es posible que el cambio climático exacerbe los desastres repentinos y latentes así como la degradación ambiental paulatina. Sobre esto último, no busca ejemplos en la lejana África o en alguna zona de sacrificio en Asia, la activista recuerda un caso muy cercano como el de Monte Patria, comuna de la provincia de Limarí, región de Coquimbo. Aquí, las grandes sequías históricas han convertido a sus ex habitantes en migrantes de la ruralidad hacia centros urbanos.

“En Chile este tipo de migración está muy integrada en su historia, la de dejar un asentamiento por otro cuando los recursos naturales empiezan a escasear. Siguiendo a las fuentes de alimentación, el agua, un mejor clima por ejemplo. Algunas evidencias de esas migraciones son cómo el idioma quechua o el mapudungún se han extendido y son parte del habla popular en todo el país hoy en día”, agrega. Por eso es que recomienda abordar el tema con la interdisciplina necesaria para dar abasto a todos los enfoques que exigen las migraciones. Para el año 2050 se espera que el 50% de la población mundial vulnerable se transforme en migrantes en busca de una mejor calidad de vida. “Por eso que hoy, dentro de cualquier país, no se hable de migración es propio de un bicho raro”, sentencia