Cuando lo procedimental nubla las competencias de fondo

En Artículo del Boletín de Investigación (19 de julio de 2019)

Autora de la columna(*) Por Isabel Plaza

Columna publicada en El Desconcierto

Este miércoles 17 de julio, el Senado aprobó la postulación de la jueza María Angélica Repetto a la Corte Suprema. El proceso que llevó a la Magistrada a esta instancia estuvo precedido de algunas polémicas: primero, era el nuevo nombre que proponía el gobierno tras la fallida postulación de Dobra Lusic; segundo, unas semanas antes, todos los comités de la oposición en el Senado habían notificado al gobierno su rechazo a este nombramiento.

Se podría pensar que las razones del conglomerado se debían a discrepancias sobre los antecedentes de la ministra -tomando en cuenta los motivos que hicieron a Dobra Lusic deponer su candidatura-, o al hecho de estar llamada a llenar el cupo dejado por Milton Juica, pero nada más lejos de todo esto, pues, la Jueza -en palabras de varias y varios senadores de la misma oposición-, tiene a sus espaldas una larga y aprobada trayectoria en materia judicial. Los reproches desde la Comisión de Constitución se originaron más por temas procedimentales que por los méritos de la propia Repetto, cuando el presidente Piñera decidió realizar su nombramiento sin consultar antes a los integrantes de la Cámara Alta.

¿Por qué es importante velar por el cumplimiento de este procedimiento, según nuestros senadores? Porque responde al nuevo sistema de nombramientos de ministros y ministras de la Corte Suprema, el que busca dar mayores garantías respecto a la composición del máximo poder judicial de nuestro país. Con ello se espera, tal y como lo expresara en el hemiciclo el Senador por Antofagasta Pedro Araya, que sus integrantes representen las distintas miradas de nuestra sociedad; un aspecto que debiera trascender a partidos políticos e intereses económicos.

Para la Cámara Alta, lo realmente ofensivo fue verse obligados a votar sin ser consultados previamente. De ahí las expresiones de molestia en las comparecencias de la oposición, la tarde del miércoles durante la votación. Sin embargo, ya se contaba con el apoyo mínimo para la aprobación, pues, este lunes, buscando superar el impasse, el ministro Larraín dio a entender vía comunicado que, para las próximas nominaciones al máximo tribunal, el gobierno retomaría el diálogo institucional; esa señal fue, al parecer, suficiente para gran parte de la oposición en el senado.

Vale la pena recordar que el 3 de julio recién pasado, la ministra Repetto debió someterse a un nuevo sistema de consultas de fondo por parte de los parlamentarios, que superaba la constancia de antecedentes formales con la que se solía evaluar las candidaturas. Este procedimiento resultó ilustrador, pues nos permitió conocer no sólo antecedentes de su carrera como Magistrada, sino también sus posturas frente a diversos temas. Para muestra un botón: cuando fue consultada sobre el feminismo, respondió que no compartía la palabra feminismo, que creía en el género y en la igualdad; según ella, lo que se ve afectado ante las desigualdades es el género y no el feminismo. Respecto al matrimonio igualitario, habló sobre tener la impresión de que Chile estaba muy cerca de legalizar esta unión, tomando como antecedente el acuerdo de unión civil y estando, a su parecer, prácticamente aprobada la adopción homoparental. Respecto al aborto fue enfática en afirmar que respeta la ley de forma irrestricta, aunque desde su punto de vista personal, no es partidaria de esto. En relación con su postura en materia de DDHH, recordó que no ha intervenido en esas causas al haberse inhibido de conocerlas, invocando el artículo 19 número 3 de la Constitución Política de la República, dada su relación de parentesco con un ministro del Interior de la dictadura militar.

Debe llamarnos la atención que una autoridad judicial, con más de cuarenta años de experiencia en el sistema deje entrever en sus opiniones cierto desconocimiento conceptual respecto al feminismo, palabra definida por la RAE como “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre” y “Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo”, el mismo movimiento que, entre otras cosas, ha propiciado que hoy escucháramos en el Senado hablar de paridad.  Debe llamarnos la atención que una ministra de la Corte Suprema hable de “sensaciones” frente a una modificación legislativa, cuando bien sabe que estas dependen en gran medida de las posturas ideológicas de quienes la aprueban. A nuestro país le vendría bien, para variar, una ministra que, junto con afirmar su respeto irrestricto a la ley, manifieste con claridad que trabajará por el bien superior de la ciudadanía más allá de los intereses de un gobierno de turno, incluso más allá de sus creencias personales. No podemos exigirle a la ministra Repetto, que sea como Milton Juica en las causas de DDHH, pero si debemos exigirles a todos y todas quienes integran la Corte Suprema, que en este ámbito actúen consecuentemente con lo establecido por la Naciones Unidas en la materia.

Por último, debe llamarnos profundamente la atención que una vez más, las señales enviadas desde el hemiciclo, salvo contadas excepciones, sean llamadas al orden más por las formas que por los contenidos y que la ciudadanía de a pie siga teniendo la sensación de que, en el fondo, algo se ha negociado a sus espaldas. Al presente gobierno le corresponderá nombrar a un tercio de nuevos ministros y ministras a la Corte Suprema, esperemos que para entonces la acuciosidad de nuestros senadores se relacione más con buscar la idoneidad de las candidaturas que con recriminar las ofensas a sus cargos.

(*) Docente del Observatorio de Educación en Derechos Humanos de la UAHC.