Gonzalo Rojas, doctor en Filosofía"La poesía son los pelos en la sopa que diagnostican lo que está mal en una sociedad"

El poeta, académico y compilador de los ensayos “Poesía sobre poesía”, Gonzalo Rojas, explica el rol de los versos en un país que lee poca poesía, pero que la practica cotidianamente. Sobre el libro, editado como parte del Concurso de Publicaciones y Creación Artística de la UAHC, el docente del Instituto de Humanidades cuenta que la iniciativa nace como resultado del “Primer Coloquio de Literatura Poesía sobre poesía” realizado el año 2017 en la Academia en el que participaron Carmen Berenguer, Marina Arrate, Claudia Rodríguez y Mauricio Torres Paredes. El libro recoge los textos de estos/as cuatro poetas nacionales, y entrevistas a Rodríguez y Torres, quienes actualizan el trabajo escritural y el vínculo de la poesía con la sociedad.

En ese sentido, Rojas destaca algunas cuestiones relevantes como la noción de falla, en Mauricio Torres (respecto a que la poesía marca un corte de reflexión en el mundo que las ciencias duras no entregan); la corporeidad del lenguaje, de Marina Arrate; la exploración de lo monstruoso en Claudia Rodríguez y la escritura del cuerpo femenino en Carmen Berenguer. “Temáticas que nos revelan una concepción abierta de la poesía, que permite pensarla tanto desde su espesor estético -como un ejercicio de revitalización del lenguaje- como en su dimensión ideológica, que la vincula con los procesos sociales y su contingencia”, destaca Rojas.

Contra el discurso político y otras grandilocuencias

Asuntos que están debatiéndose de manera formal y científica, legal y mediáticamente, también vienen siendo materia de reflexión poética desde hace varios, años cree el editor del libro. De ahí su pertinencia en el librero. “Claro, parecen temas conocidos y que nos acompañan desde siempre. Autores, como los reunidos aquí, son escritores para quienes también estos son asuntos recurrentes en su vida pública como la vida de poetas.


La poesía chilena ha abordado estos temas desde su origen: la marginalidad, la mujer que escribe, el género ahora último como algo recurrente
, pero a la vez poco conocido dada la circulación de estas obras que son metarrelatos también”, señala el responsable de “Poesía sobre poesía” y autor de poemarios como “América todavía no nace” y “Cigoto”.

¿En qué puntos de la tangente literaria cree, usted, convergen actualmente los mundos poéticos y la prosa?
-Creo que muchas de estas realidades conversan desde diferentes formatos literarios y se tocan desde la marginalidad, el tema del género y el de la literatura queer y en general el interés por el sujeto social que es algo transversal desde la poesía y su afán de reconstruir el mundo desde el lenguaje. En ese sentido es relevante la mirada sobre la falla que propone Mauricio Torres Paredes, esta especie de visión distinta de lo que los grandes metarrelatos se hacen cargo. La importancia de estas formas poéticas entregada para la sociedad es que entregan una mirada a contrapelo, disonante con lo establecido. Te podría decir que, ante el discurso político y otras grandilocuencias, la poesía se hace cargo. La poesía son los pelos en la sopa de la sociedad para diagnosticar el status quo, cuando las cosas no funcionan.

-Sin embargo, la poesía sigue vigente en el underground y ciertos circuitos menos visibilizados. ¿Ha constatado si realmente estamos leyendo poesía?
Yo desmitifico altiro el “Chile país de poetas”, creo que es más terreno de historiadores. El tema poético como práctica es algo reciente, que empieza a moverse desde principios del siglo XX. Con suerte llevamos cien años de esto dentro de la vida republicana, pero si hay cada día más vestigios materiales y esa es una de las finalidades del libro: armar ensayos de poetas que hablaran de una tradición que a ratos se pierde, de una práctica como la que tenían gente como Gabriela Mistral o Vicente Huidobro quienes acompañaban su obra de una reflexión política. A eso me refiero con las cosas que se pierden. La idea es volver a esas antiguas prácticas que, de alguna manera, revitalizan el lugar en el que el poeta está parado en la sociedad. Mientras, persiste un circuito de recitales y lecturas poéticas, de personas que cultivan la alternativa y el under del discurso.


-¿Entonces dónde se ve poesía en el cotidiano?
No estoy muy convencido de lo que se vive en ese cotidiano, eso vuelve a la poesía un discurso de resistencia. Sin embargo, se ve poesía en varias partes porque ese es un lenguaje que no está solo escrito. Es un lenguaje performático que ocupa distintas plataformas. Desde Bobby Sands, uno de los líderes del IRA, que murió durante una huelga de hambre en 1981 y que escribía sus poemas con caca desde una celda. Estos fueron reescritos por Carmen Berenguer como muestra de que la poesía soporta distintas plataformas escriturales. En ese contexto, podemos encontrar poesía visual, artefactos, letras de rock como las de Bob Dylan que le valieron un Premio Nobel. Y siempre, en cada caso, es poesía que provoca controversia y que es legitimada, precisamente por esta controversia.

Tenemos que repensar la poesía no sólo como un hecho escrito porque eso la agota en su propia forma, es sobrepasada por la musicalización, por el grafiti, por las visuales, etcétera. En esa tradición experimental está gente como Juan Luis Martínez, Héctor Hernández, Diego Ramírez, ejemplos de autores que trascienden la prueba de la escritura poética. Incluso se ha reconocido la obra de Pedro Lemebel como poesía, pese a que es una obra que no está versificada como tal. Lo visual, lo performático es parte de la poesía postmoderna. En ese contexto, un rapero que participa de las batallas de rap en los parques de Santiago también es un poeta.