Bolivia, sus rastros y la Política Exterior de Chile

En Punto de vista (23 de septiembre de 2015)

José Orellana Yáñez*

Profusos son los comentarios que se realizan a propósito de lo que ocurrirá este jueves 24 de septiembre en la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre la demanda de Bolivia contra Chile, a propósito de la salida soberana al Océano Pacifico, donde el foco de la misma supone la generación de una condición favorable para que nuestro país se haga cargo de las ofertas que realizadas a Bolivia desde antes y después de haberse firmado el Tratado de Paz y Amistad de 1904, teniendo como antecedente el Pacto de Tregua de 1884.

Desde esa perspectiva, es interesante observar cómo la Política Exterior Boliviana se fue construyendo, sobre todo durante el gobierno de Evo Morales. En parte, a partir del rescate fundamentado y coherente de la relación bilateral entre ambos países, donde las huellas dejadas por Chile son irrefutables para construir, sin perjuicio de que se tipifique como una ‘pirotecnia jurídica’ de Bolivia (desde Chile), la tesis de los derechos expectaticios, los cuales permiten al país altiplánico presentarse en el sistema internacional en coherencia discursiva y política.

En esa dimensión, Chile tiene una oportunidad, más allá de lo que determine la Corte el próximo jueves de recoger la metodología boliviana para reorientar la Política Exterior hacia dicho país. Si Chile dejó rastro a propósito de los ofrecimientos de salida soberana al Océano Pacífico a Bolivia… ¿Bolivia, acaso no dejó rastros de cuáles son sus aspiraciones respecto de su impronta hacia Chile?

Haciendo una revisión somera a la historiografía de las Relaciones Internacionales de Bolivia, se podría indicar que parte de los fundamentos de la actual demanda se encuentran contenidos ya el año 1986 en una publicación de una historiador y diplomático boliviano, Valentín Abecia Valdivieso, el cual utilizó una tesis jurídica sugerente, cuando fundamenta la necesidad de ajustar de forma regular las normas jurídicas internacionales a la luz de las modificaciones de tipo social, política, económica y de justicia que las mismas regulan. Indica este autor boliviano, que ante la evidencia de que una norma internacional genera estrangulamientos a un actor, en este caso Bolivia, lo que corresponde es que se revisen las normas, en específico el tratado de 1904. Para otros, la circunstancia es  compleja de asumir, ya que los actos políticos entre Estados, se logran en un contexto histórico que se consolidan en acuerdos que suponen una proyección inalterable. De existir modificaciones, el contexto histórico siguiente debería colocar a los intervinientes en igualdad de voluntades considerando el siempre complejo panorama de las relaciones de poder en una escala internacional sudamericana preliminarmente.

Este es un rastro, entre otros, que bien organizados, entregarían otros contenidos a la Política Exterior Chilena, cuestión que determinaría un grado mayor de empatía hacia el país altiplánico, cuando de soluciones se refiere, o bien, redibujar la actitud de Chile desde el clásico realismo o, actual neorrealismo utilizado hacia Bolivia, enfoques de las relaciones internacionales que también permitirían soluciones, ad hoc a los nuevos contextos históricos.

En el entendido de que existe un seguimiento a este tipo de rastros bolivianos por parte de la Cancillería Chilena, el desafío estaría en que el mismo debería redimensionarse a la luz de cómo la Justicia Internacional se pronuncia sobre estas problemáticas, por una parte; pero más importante que ello, por el comportamiento político transversal que ha logrado Bolivia en cuanto cohesión interna cuando apela al tema marítimo.

Pareciera ser pertinente la observación, ya que sin perjuicio de cómo falle la Corte, la coherencia de la Política Exterior Boliviana sobre la problemática marítima, continuará en el mediano plazo, más cuando el proceso político interno de Bolivia, consolida la idea legítima de ajustar la carta fundamental del Estado Plurinacional para que Evo Morales y su Vicepresidente se proyecten hasta el año 2025. Dicha proyección, según algunos medios de prensa, estaría supeditada a la utilización exitosa, hasta el momento de la salida soberana al Océano Pacífico, hecho que sin lugar a dudas activa el imaginario plurinacional boliviano.

*Académico de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

 

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