Brasil, la antesala de otra tristeza latinoamericana

En Punto de vista (9 de noviembre de 2018)

(*) Por José Orellana

Recientemente, el Doctorado de Estudios Transdisciplinares Latinoamericanos del Instituto de Humanidades de la UAHC recibió en diálogo académico al profesor  Plinio Soares de Arruda Sampaio Júnior, profesor del Instituto de Economía de la Universidad Estatal de Campinas reflexionando, sobre los procesos profundos que se vivencian en Latinoamérica y en Brasil en específico.

Uno de los elementos significativos de su reflexión coyuntural fue que Jair Bolsonaro no sería más que el fiel reflejo de un capitalismo dependiente brasileño y latinoamericano, del cual se precisaría en esta etapa, por medio de mayores grados de autoritarismo para conducir las dinámicas sociales y políticas que él mismo crea. Es decir, el capitalismo dependiente necesitaría de Bolsonaro, en cuanto y tanto permitiría un control menos pudoroso para sus operaciones (intervenciones militares, por ejemplo). Ello, en su diagnóstico, implicaría observar el fin de la democracia, como se conoce en Brasil, quedando ver cómo.

Indicó que Brasil, a diferencia de Chile y varios otros países de la región, fue capaz de sintetizar, vía burguesía una idea de nación que permitió algún grado autonomía respecto del Gran Capital/Imperialismo, cuestión que Celso Furtado describió y analizó adecuadamente, permitiéndole proyectar junto con otros, las estrategias del estructuralismo latinoamericano. Sin embargo, no fue suficiente para invertir la pesada carga que ha impuesto regularmente este capitalismo dependiente, el cual, en 1964 permitió la irrupción de una dictadura cívico militar que sentó las bases para el diseño de un Aparato Estatal y proceso político funcional al mismo capital ya consignado.

Ello explicaría en parte, porqué las fuerzas llamadas progresistas no fueron lo suficientemente eficaces para avanzar en mayores cambios populares (más las propias renuncias políticas que logran los actores, traducidas, entre otras, en los actos de corrupción, a propósito del maridaje entre política y dinero). Otro aspecto estaría en el proceso de transición política el cual vino desde arriba, hecho que consolidó un arreglo político institucional funcional a las necesidades de este capital dependiente. Proceso que definió un tipo de Estado y constitución funcional al mismo, y por defecto determinando el siguiente sistema político que se organizó, cuestión que en su análisis explicaría la irrupción del Partido de los Trabajadores (PT), con Lula da Silva y Dilma Rousseff y ahora último con Fernando Haddad, ex ministro de Educación de Lula y que tomó la posta del PT ante el encarcelamiento de Lula para las elecciones recientemente celebradas.

Este cuadro interno del sistema político brasileño (de crisis para algunos), invitaría a reflexionar, sobre las lecciones que la izquierda de ese país debe asumir, como también las de Latinoamérica. Una lección enunciada por el catedrático estaría en no dejar de ser un permanente crítico en torno a cómo este sector político se despliega en las diferentes posibilidades de la vida social, política, económica, cultural y ambiental en el corto, mediano y largo plazo. En esa clave conminó a enfrentar la articulación de un proyecto, el cual, desde la derecha estaría claro, mientras que el de las izquierdas brasileñas por no ser lo suficientemente críticas, terminó adecuándose a los diseños políticos e institucionales tan bien logrados por el capitalismo dependiente durante la dictadura ‘cívico militar’… obligando otro, progresista. Por supuesto, el compromiso, es fundamental, ya que el mismo permitiría impedir el maridaje entre izquierda y empresariado que derivan y derivaron en corrupción.

Ahora queda preguntarse, con Bolsonaro en la Primera Magistratura, más un Congreso Nacional, reflejo de un sistema de partido político fragmentado y una administración interna federal altamente compleja, dado su federalismo, ¿cómo se avanzará en la gestión de un ejecutivo, que desde la campaña exteriorizó medidas, no sólo populistas, sino que atentatorias contra los derechos humanos de los ciudadanos y ciudadanas?, por otra parte, las diversas izquierdas ¿cómo se desplegarán en esta relación con el ejecutivo, el cual, según indicó el mismo catedrático viene a disponerse contra el sistema democrático instituido, hecho que podría instalar una deliberación de suma cero entre ambas expresiones institucionales y políticas? Estas izquierdas brasileñas congresales y sociales ¿cómo concurrirán a la configuración de un proyecto político de desarrollo estratégico nacional y popular? Son preguntas que ciertamente podrán tener respuestas desde la especulación analítica politológica y económica, entre otras, coherentes con la ola de derechas que se encuentran en la región desplegadas, pudiéndose encontrar varias respuestas, a lo cual queda otra de difícil respuesta ¿comienza el fin de la democracia para Brasil?, tal situación ¿es proyectable al resto de la región?

Sin lugar a dudas, las diferencias de Chile con Brasil son evidentes (población, tamaño, niveles de industrialización y varias más), pero Chile incubó una incapacidad de generar satisfacciones materiales (sin perjuicio de la bancarización individualista) y una corrupción que ha desalentado a una ciudadanía, electorado, consumidores de forma significativa, que en más de una oportunidad, por lo menos en encuestas diversas, han mostrado simpatías por un régimen que le entregue satisfacciones materiales más certeras, no teniendo problemas con una dictadura, más cuando la misma democracia permitió un maridaje entre política y dinero que ha socavado la confianza de la misma. Desde ahí, ¿las izquierdas chilenas cómo se plantean el futuro?  

Brasil es diferente a Chile y la región, y eso es un dato de la realidad, en clave de la política comparada, en cuanto transiciones políticas (de dictadura a los modelos de gestión político institucional), siendo un buen punto de análisis político y científico a estudiar. Sin bien, como indicó el catedrático brasileño, Sebastián Piñera no es antisistema… sí pueden emerger otros… pero más importante que ello es responderse la pregunta de ¿cómo las izquierdas del país, finalmente, concurren a un proyecto político transformador que contenga el riesgo de perder la democracia?, es una pregunta urgente de responderse, en el afán de lograr un sistema republicano de gobierno debidamente democrático y solucionador de problemas ciudadanos.

(*) Geógrafo. Académico Escuela de Ciencia Política y RR. II. Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Candidato a Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA, USACH

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