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Punto de vista

El olvido de la historia sobre migraciones en Chile

(*) Por Tomás Moulián

Columna publicada en La voz de los que sobran

Los inmigrantes son personas que dejan su país natal para radicarse en otro, sin importar los motivos para realizar esa operación.  Las cifras del 2019 indican que habría 939.992 inmigrantes, lo que significa el 4.92% de la población. Esta última se cifra en 19.107.000 habitantes. Las principales nacionalidades involucradas son 321.965 venezolanos, 180.000 haitianos, 149.582 colombianos, 82.539 argentinos, 66.349 españoles y 49.379 bolivianos.

Los especialistas distinguen tres tipos diferentes de migraciones: la intrarregional, la transoceánica y la dirigida al centro. La primera incluye a todos los países latinoamericanos. Durante mucho tiempo fue muy dificultosa, por los problemas creados por las autoridades.

La segunda comprende las migraciones hacia Europa, las cuales requieren atravesar los mares, sea el Pacífico o el Atlántico. A su vez la tercera comprende aquellas migraciones que se dirigen al centro del continente, el cual en este caso es Estados Unidos. En Chile el momento en que ocurrieron más migraciones fue durante la dictadura cívico militar.

Se calcula que hubo varios cientos de miles de exiliados, es decir personas que fueron forzadas a abandonar el país o que se sintieron perseguidas. Los principales países en que se radicaron fueron México, Cuba, Suecia y Venezuela. Por ello son comprensibles las críticas de personalidades por la decisión del gobierno chileno de expulsar a migrantes, a los cuales además se les disfraza con un traje blanco, que los hace muy ostensibles.

No fue esa la actitud de los países donde se radicaron chilenos, los cuales recibieron a los exiliados con los brazos abiertos. Esto, sin duda, no significa mucho para el gobierno de Sebastián Piñera, integrado por quienes apoyaron la dictadura cívico militar que en aquel entonces expulsó de su patria a muchos chilenos. Por ello no se sienten obligados a realizar gestos de reconocimiento. Se basan además en el hecho que una cantidad considerable de chilenos rechazan a los migrantes, porque sienten que les compiten en materia de salarios.

Se olvidan que se trata de un tema de derechos humanos. También se olvidan muchos de los expulsados han atravesado a pie una parte del desierto, donde incluso han muerto algunos caminantes. Y sobre todo se olvidan que aceptarlos constituye una cuestión de sensibilidad frente a una persona que se ha visto forzada a abandonar su patria; sensibilidad que en su momento la tuvieron con nosotros, los chilenos. Esos olvidos nos deshonran como país, por lo que significan una desgracia.

(*) Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades