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Punto de vista

Emociones

(*) Por José Bengoa

Desde ayer domingo 4 de Julio, extraña fecha por lo demás, he recibido “un montón” de misivas de amigas y amigos, muchos y muchas antiguos estudiantes de antropología, hoy antropólogas y antropólogos, y curiosas llamadas telefónicas como venidas del más allá, o del más atrás. “Te escribo emocionada, emocionado”, me dicen, …”he llorado hasta con hipo”…, me rio, “la emoción me ha llenado el alma”, me sorprendo, “no se me ocurrió otra cosa que llamarte”, me emociono de nuevo, “te acuerdas cuando” …en fin, a lo menos un círculo amplio de amistades, no mapuches y mapuches, que se sintió profundamente conmovido con lo que ocurrió ayer en una carpa instalada en el patio del antiguo Congreso Nacional de calle Compañía. Por eso que el sentimiento dominante ha sido el de “emoción”.

¿Por qué tanta emoción? Se me ocurre como explicación, que somos muchas las personas que hemos soñado con un país más decente en que no haya discriminaciones a quienes provienen y pertenecen a los hoy llamados naciones o pueblos indígenas u originarios, a quienes pertenecen y participan de las organizaciones feministas, a quienes defienden sus propias y diferentes orientaciones sexuales. En fin, somos muchos que hace rato consideramos que el tipo de desarrollo que lleva el país va a terminar con “esos campos de flores bordados”. Que este modelo de crecimiento económico y esta manera de entender en forma compulsiva la modernidad, nos llevaba a un vivir de pésima calidad. Que es insoportable un país rico con tanta gente pobre, que las diferencias son impresentables. En fin, hay muchas sensaciones detrás de estos pensamientos. Y hay también mucha vida transcurrida, muchas actividades realizadas, demasiadas derrotas y cantidades de amistades que ya no están y que creyeron en estos asuntos que hoy nos emocionan.

Y al escuchar a Elisa Loncón, vestida a la vieja usanza mapuche, con sus joyas probablemente familiares, sobre todo el “trarilonco” fabricado con pequeñas “bolitas” de plata, y al escucharla decir que va a presidir la Asamblea que va a redactar una nueva Constitución, se paran los pelos, se ponen de punta, y se llena el “piuke” de múltiples emociones. Late más fuerte. Y son símbolos de esperanza. Que vamos a construir un nuevo país, que será respetuoso con la naturaleza, ella dijo con la “Madre Tierra”, con los niños, con las mujeres, en fin…todos los que lean esto lo habrán escuchado ya que circula el discurso apasionado por adentro y fuera de Chile.

La Asamblea se llenó de colores con la presencia de hombres de poncho y mujeres de variados lugares y tenidas del país. Simbólicamente dejamos esas fotografías de los constituyentes de otros tiempos, en que erran todos hombres, la mayor parte de ellos abogados calvos, de gruesa papada y corbata oscura como siendo parte de un funeral. De apellidos vinosos o de esos que llevan nombres de calles, Alessandri, Ortúzar, Guzmán…Ahora apenas un Larraín perdido entre olorosos nombres, como dijo alguna vez Neruda de sus compañeros de curso en Temuco. Y uno vestido de huaso con su ponchito y sombrero cordobés, que más que risa daba miedo. Cambio en el paisaje humano, Ya eso es más que algo.

La “Legión de los 36”, estaba sentada en un rincón, sin aplaudir a nada ni nadie, sin hacer ninguna alianza, sin ganar ninguna votación, es algo que provocaba una emoción diferente. Quizá nunca en la vida larga que nos ha tocado vivir hemos visto una derecha relegada a un rincón. Y silenciosa. Arrinconada en sus habitaciones y vida cotidiana a los faldeos cordilleranos de Santiago y a una esquina de la carpa de la Constituyente. Es una Legión pequeña pero ordenada. Votó en forma consistente siempre por su posición. Uno que otro se le arrancó, pero eran al parecer allegados circunstanciales. Los 36 de la fama se mantuvieron imperturbables como una “minoría consistente”, el concepto que nos regaló hace años Norbert Lechner. Y cuidado que esas minorías son muy peligrosas y a veces se transforman sin darse uno ni cuenta, en mayorías. Por eso que esta emoción a veces provocaba “piel de gallina”
Parafraseando a Aníbal Pinto al hablar del proceso electoral del año 1964, el debate de la Constituyente se da en la izquierda. Y esa es otra fuente de emociones y por cierto, y también pasiones. A la “Legión de los 36” se une otra minoría, la “Legión de los 30 (años)”, que ha sido mayoría en los últimos tiempos y se acostumbró al poder que eso significaba. No pareciera tan consistente como la anterior y mostró capacidad de disolverse o aliarse rápidamente, según cada cual lo quiera entender. Pero puede jugar un papel de bisagra importante. Y ellos lo saben. Son los votos necesarios para los dos tercios por ejemplo. . El único democristiano presente, de foulard palestino al cuello, votó por Elisa demostrando que es temucano posiblemente. Oportunismo o capacidad de alianzas, lo dirá cada lector.
Los comunistas, llamémosla la “Legión roja”, marcharon desde Vicuña Mackena, donde está su pequeño Kremlin, cantando la Internacional y a los más viejos nos emociona hasta parar los pelos también el “arriba los pobres del mundo”, y sobre todo “agrupémonos todos en la lucha final y que se alcen los pueblos”…hermosas palabras ciertamente, llenas de resonancias y contradicciones. ¿Con qué Legión se agrupará la vieja vanguardia de la clase obrera?. Probablemente como ya se vio ayer, jugarán de líbero en el medio campo. No va a ser fácil este partido, sobre todo que va a haber público observando.

Lamentablemente la “Legión Indígena” mostró escisiones, dolorosas rupturas que ojalá el tiempo y las proyecciones las vayan cerrando. Hay largas historias y memorias diferenciadas. Y la subalternidad hace daño, nos dicen los libros que leemos.

A las finales la “Legión Amplia” y la “Legión del Pueblo” se enfrentan y enfrentarán de hoy en adelante. Apasionante sin duda. Harán alianzas, como ayer en segunda vuelta, y se distanciarán como ayer también. Mostraron ser alineados. Hasta ahora sabemos poco de lo que piensan unos y otros. Más bien hasta ahora escuchamos consignas, a veces gritos que nos recuerdan a los más viejos tiempos convulsionados y hermosos. En mi cabeza desordenada llena de sonidos del pasado se me confundían “a los presos liberar” con el ”Avanzar sin transar”, ya que llevaban ritmos parecidos. Pero ya vendrán las propuestas. Sin duda vendrán, y veremos qué ocurre. No es el momento para estar escépticos. Ni menos decir que hay que sacar enseñanzas del pasado. Es el tiempo de la emoción. Y pocas veces en la vida a uno le toca en suerte emocionarse con el país en que le ha tocado vivir. Sobre todo con este país que es fundamentalmente aburrido, estable en sus sistemas de dominación, con discursos repetitivos, presidentes que se repiten varias veces y que siguen diciendo lo mismo con cara de creer que es la primera vez que lo mencionan. Son pocos los días en que la gente con la que yo me relaciono a lo menos, se siete emocionada. Y ayer fue un día de emociones y con eso me basta y me sobra. Doy las gracias por haber vivido este momento. Por cierto que hoy día la Cordillera amaneció mucho más hermosa, como decía una gran amiga que ya no está: “Amaneció majestuosa la Majestuosa”.

(*) Docente de la carrera de Antropología UAHC, ex rector Universidad Academia de Humanismo Cristiano.