Enrique Lafourcade, el escritor revisitado

En Punto de vista (15 de julio de 2019)

(*) Por Luciano Ojeda

Columna publicada en diario La Nación

Tras su muerte se recordará a  Enrique Lafourcade como prolífico novelista, antologador, animador de toda una generación, crítico mordaz, panelista jurado de un show de televisión ochentero, además de cronista mercurial.  Todo un personaje mediático, multifacético y polémico. Contemporáneo de Guillermo Blanco, José Donoso y Jorge Edwards y muchos más, animó la vida literaria nacional, al punto que algunos le endilgan la “invención” de la Generación del 50.

Su novela más famosa es “Palomita blanca”, la que ha sido considerada la “Love story chilena” por su descripción de las vicisitudes de los jóvenes del país a comienzos de la década del 70: la experimentación con drogas, el sexo, la política y la música, y que tiene de trasfondo el festival musical de Piedra Roja, la aparición del movimiento humanista con Silo a la cabeza y la elección de Salvador Allende. Fue escrita para “probarle a su hijo que lo comprendía como adolescente” en apenas 18 días y luego convertida en película de culto por Raúl Ruiz con música de Los Jaivas. La décima novela de Lafourcade, que fue publicada en 1971, tiene ya más de 65 ediciones y ha vendido más de un millón doscientos mil ejemplares.

En 1960 había ganado el Premio Municipal de Literatura por su novela “La fiesta del Rey Acab” que retrata a las dictaduras latinoamericanas tomando como ejemplo a la sanguinaria dictadura de Trujillo en República Dominicana y es una de las novelas que más ediciones ha tenido fuera del país, publicándose en Estados Unidos, Alemania, Francia, Rumania, España, Argentina, Venezuela y República Dominicana.

El libro fue un “encargo” que le hiciera Alejandro Magnet cuando Lafourcade llegó hasta la Editorial del Pacífico con un proyecto novelístico que el director de la editorial rechazó. A cambio, Magnet le propuso que escribiera un texto satírico sobre el dictador Rafael Leónidas Trujillo que gobernaba la isla de Santo Domingo con mano de hierro desde hacía ya 30 años.

La obra fue distribuida subrepticiamente entre los asistentes a la Conferencia Iberoamericana de Cancilleres, que se realizó en 1959 en Santiago. Era una denuncia política y en ella Lafourcade relató los abusos de Trujillo, que en la ficción es llamado Carrillo, a propósito de la desaparición de Jesús de Galíndez, profesor español que relató en EE.UU. la violencia del régimen.  En la siguiente Conferencia Iberoamericana de Cancilleres, realizada en Costa Rica en 1960, se acordó, por la unanimidad de los participantes una condena contra el Estado de la República Dominicana y los 21 países iberoamericanos rompieron relaciones diplomáticas con República Dominicana. Adicionalmente se aplicó un bloqueo económico que afectó al azúcar, el principal producto de la economía dominicana. La decisión fue la primera aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, aprobado pocos meses antes.

Es interesante destacar que con esta novela el escritor chileno se adelantó, en varias décadas, a “Galíndez” que Manuel Vázquez Montalbán publicara en 1990, y sobre todo a “La fiesta del Chivo” de Mario Vargas Llosa, publicada en el año 2000, y que retratan la vida bajo la tiranía en República Dominicana.

Aunque “La fiesta del Rey Acab” no es el libro más conocido de Lafourcade, varios estudiosos lo sitúan entre las “novela del dictador”,  un subgénero narrativo característico de la literatura latinoamericana que se centra en la constante histórica de las dictaduras militares en el subcontinente. Abocadas al tema del caudillismo, estas novelas examinan la relación entre el poder, la dictadura y la literatura.

El texto del encargo de la Editorial del Pacífico, que tenía la venia del Gabriel Valdés Subercaseaux, uno de los principales asesores de la editorial, relata las últimas horas del dictador Carrillo en el día de su cumpleaños por lo que los festejos se alargan de modo excesivo durante la jornada.

Enrique Lafourcade nos presentó al dictador Carrillo como un personaje nervioso, vulgar, cruel y extremo a la hora de conseguir la satisfacción de sus placeres físicos; retratando de modo crudo estas características a las que suma la brutalidad. La narración establece un ambiente de terror, traición y desconfianza, ambiente que se considera una de las características más importantes de las dictaduras porque llega al extremo de amenazar al dictador mismo. “La fiesta del Rey Acab” comparte un lugar junto a obras como “El señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias, “El recurso del método” de Alejo Carpentier, “Yo el Supremo” de Augusto Roa Bastos, “El otoño del patriarca” y “El general en su laberinto” de Gabriel García Márquez y “La novela de Perón” de Tomás Eloy Martínez.

En 1966 con “Novela de Navidad”, Enrique Lafourcade Valdenegro, volvió a ganar el Premio Municipal de Literatura, en el género novela. La obra había ganado el Primer Premio de Novela en el Concurso CRAV.

En uno de los prólogos de sus muchas ediciones, el autor sostuvo: “Era otro Chile. Los protagonistas de esta obra, imaginarios o reales, hoy ya deben ser hombres, padres de familia. Quiero creer que sus hijos o sus nietos alcanzaron un destino más grande. Porque el libro habla del mundo de la infancia abandonada, y de sus luchas por sobrevivir en la Cosmópolis, cantando en las “micros” y autobuses, mendigando en las calles, durmiendo de día, a salto de mata, bajo los puentes del río Mapocho, merodeando pícaros y desesperados por bares, tabernas, restaurantes. Niños de corazón limpio, sin embargo, contaminados por un mundo de ladrones, cafiches, prostitutas, explotadores. “Rapuncel” vendiendo ramitos de violetas en “Il Bosco” a las dos de la mañana. “Juanito” ofreciendo “masticables” y “dolopironas”. Sobre todo, cantando “A capella”, a veces en dúos, a grito pelado.” La novela transcurre en un escenario sórdido, los puentes del río Mapocho, el río mismo, con un grupo de niños abandonados que intenta sobrevivir en la gran capital y hacer realidad el sueño de partir en un barco hasta las cálidas playas del norte chileno.

Aunque ya no escribía, Enrique Lafourcade, vivió su senectud en la costa de la región de Coquimbo, bajo la sombra del polémico personaje mediático que construyó durante décadas para sí mismo, esperando como muchos, que la lectura de sus libros y la crítica literaria fuesen más relevantes que la revisión del personaje polémico.

(*) Luciano Ojeda es Encargado Premios Municipales de la Municipalidad de Santiago y Estudiante de Periodismo UAHC

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