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Punto de vista

9 reflexiones de estudiantes de pedagogía sobre educación y pandemia

¿Cuándo los profesores no estamos en crisis?, se pregunta uno de los nueve estudiantes-columnistas, que se animaron a reflexionar críticamente en torno al rol social y a la figura docente en plena crisis sanitaria. Una crisis que, junto con devenir en una especie de bucle, permite también analizar, quizás con mayor lucidez, las heridas abiertas de un sistema violento y colapsado.

En el Taller de Integración Profesional IX, dictado por el director de la carrera Nibaldo Cáceres, estudiantes de la Pedagogía en Lengua Castellana y Comunicación, a punto de egresar, transforman la teoría y práctica pedagógica en un discurso social que aborda desde la salud mental de las y los profesores, hasta la educación postpandemia, pasando por la crisis de la Educación, la precariedad de las y los estudiantes y el delgado hilo de donde pende la autoestima docente, sobre todo en un período donde la profesión ha sido intensamente cuestionada.

Revisa a continuación las reflexiones realizadas por los y las estudiantes:

 

  • “VISIÓN DISTORSIONADA ¿CÓMO VEMOS EL TRABAJO DOCENTE?”  Por José Manuel Velásquez  VER+

Durante la historia de nuestro país la visión que se tiene respecto de los y las docentes es algo que ha ido mutando circunstancialmente. Desde los colegios normalistas y sus formas de educación y desde una perspectiva conductista, generaron en la opinión pública un rechazo natural a las formas autoritarias que este conlleva y que, sin embargo y a pesar de los diversos estudios en educación es una de las principales metodologías de profesores y profesoras al momento de enseñar.

Posteriormente a estos hechos, las diversas formas que se han empleado para poder generar una perspectiva educacional eficiente que responda a los diversos contextos se ha vuelto algo sumamente complejo, más aún cuando estas son evaluadas a través de mecanismos basados en estándares nacionales e internacionales que muchas veces se contradicen con la actualidad. El resultado de esto ha sido una apreciación negativa hacia al trabajo docente desde el exterior, hasta generar repercusiones dentro de los mismos docentes hacia ellos y ellas.

Para aquellas personas que no comprenden que la realidad es muy diferente de como se muestra en televisión, lo más cómodo y rápido es criticar sin fundamentos un trabajo del que solo se pueden obtener resultados a través de procesos de trabajos que contemplan periodos de tiempo significativos, sin antes hacer un repaso por la manera en que se configura por completo la educación chilena con sus distintos actores que se ven involucrados en esta magna labor.

Si es por poner un ejemplo, el curriculum nacional educativo, documento que durante los últimos años a experimentado varios cambios tampoco por casualidad, sino porque es justamente lo que se necesita a la hora de colocarse en un imaginario educativo, es una herramienta que muchas veces y es la critica que en general se le realiza desde la vereda docente, no contempla las diversas realidades por las que cruzan las nuevas generaciones, muchas veces complejas para la comunidad educativa de un colegio que poco tiene que ver con la materia en sí.

Por consiguiente, de esto, la exigencia que se consolida desde las propias escuelas tampoco permite una comunicación efectiva en la transposición didáctica desde dicho documento a las aulas de clases, o más aplicable al contexto aún, a las propias piezas y comedores (de los y las que tienen), para poder hacer un espacio dedicado a la educación virtual producto de la pandemia que cruzamos como especie.

Como bien dice el profesor Carlos Sklair en una entrevista realizada por el sitio de noticias Página12: “Hay algo que venía de antes que la situación de aislamiento reveló. La escuela tomó su peor forma o apariencia: la relación entre tarea, resolución y evaluación. Es una suerte de burocratización”. Una reflexión no menor que nos entrega el profesor en primera instancia dentro de su entrevista, que como bien dice, revela un problema que se viene tramitando desde hace mucho y que justamente está relacionado con lo que comentaba anteriormente que son los estándares evaluativos. Alarmante situación, porque esto limita y conduce las posibilidades de la escuela a ámbitos que están directamente relacionado intereses de carácter económicos y políticos, lo que durante años han reproducido los estándares de una clase privilegiada para consagrarse a punta de injusticias sobre otras.

Por otro lado tenemos a otro pedagogo, Claudio Naranjo, en su texto “cambiar la educación para cambiar el mundo” en un pasillo de su intervención nos dice: “lo que se necesita no es tanto modificar cuanto condensar de un modo significativo el curriculum tradicional, en base a una seria tarea de selección que apenas si se ha comenzado a realizar, e implementar lo que yo llamaría una ética de economía tanto de los recursos como del tiempo de los estudiantes, de modo que la situación escolar pueda ser usada en provecho del niño de un modo más fructífero desde una perspectiva más atenta a los valores humanos”. ¡Y cómo no! Si en un era donde muchas de las necesidades básicas están cubiertas, en tiempos donde se clama justicia y empatía, es sumamente importante que tanto la auto educación de nosotros y nosotras como educadores se enfoque en lo valórico para así aportar hacia las generaciones a las que se les guía en un camino para el futuro.

Como se puede apreciar, el trabajo docente es un espectro que posee dentro de si una variedad inimaginable de aristas, las cuales muchas de ellas están carentes de estudio, algunas se encuentran ya obsoletas necesitando reestructuraciones y otras derechamente, ni si quiera son objeto de estudio. En el contexto actual de la pandemia mundial que nos ha dejado confinados dentro de nuestros hogares, se ha dejado ver lo que hace mucho se venía comentando, que es la crisis educacional que se vive tanto en Chile, como mayoritariamente en el resto del continente sudamericano. Esto no solo visto desde una perspectiva educacional sino como señalé anteriormente, desde una perspectiva que trasciende todos los ámbitos tanto educacionales como políticos, económicos, culturales, raciales, étnicos, de género, etc., lo que de alguna manera sería injusto para los y las profesoras que son criticados por la calidad de su trabajo. Es difícil imaginarse para las personas que no están relacionadas con el ámbito educacional lo complejo que es ser parte de eso, lo he visto en carne propia, la mamá de una amiga, docente de una trayectoria de años, se levanta desde las ocho de la mañana para poder realizar sus clases y material pedagógico, a la cantidad de cursos que tiene asumidos, además de ser profesora jefe de otro más, para poder terminar su labor pasada las doce de la noche, ya que el teletrabajo exige una disponibilidad casi completa, dentro de este ejercicio a mi se me hace muy complicado el hecho de poder imaginarme a alguien con tanta carga laboral darse un tiempo para reflexionar en como poder transformar con tan pocas herramientas la misma practica docente.

Esto solo contando el trabajo docente-escuela-estudiantes sin considerar a la otra parte, la familia. La parte que más duras críticas realiza hacia el trabajo educacional en sus distintos niveles, a los que tampoco se les entrega herramientas o mecanismos que vayan en función de un trabajo en conjunto con la escuela. Como nos señala otro pedagogo, el señor Sir Ken Robinson en su libro “Escuelas Creativas”: “Estos vínculos de trabajos tan estrechos entre la escuela y la comunidad de padres y otros colaboradores no son relaciones públicas ni maniobras de promoción; son elementos claves de la filosofía de la escuela y de cómo se concibe”. Entonces cabe preguntarse aquí, ¿Que la educación chilena no esté funcionando de una manera eficiente es culpa de los y las docentes?, ¿hacen falta más congresos donde se discuta qué dirección debería tomar la educación chilena?, ¿con la rápida implementación de un sistema online producto de la pandemia, es momento de repensar la educación de una manera mas congruente con el avance del internet y las telecomunicaciones?

No cabe duda que estamos en tiempos de crisis en donde la necesidad de implementar este tipo de discusiones es urgente, porque de una u otra forma de ello depende la dirección que tomemos como especie y el mundo que le heredemos a las futuras generaciones.

 

  • “NO QUIERO SER MAESTRO” Por Javier Pérez Díaz VER+

“¿Qué te gustaría ser cuando seas grande?” He formulado esta pregunta centenares de veces. Sólo una vez respondió una niña: “¡Maestra!” Más tarde me vi obligado a excluirla de mi escuela al resultar que su estado mental no era normal” (A.S. Neill, 1940)A inicios de la pandemia se publicó en el sitio web de la Revista Mate, una entrevista a Alexandra Kohan, psicoanalista que al día de hoy, todavía desconozco. Esta tuvo el siguiente título: “El mundo se detuvo y quedamos pedaleando en el aire”. Me imagino que muchas veces comunidades enteras han sobrellevado la traumática detención de sus vidas cotidianas, para así de manera increíble, formas otras, por ejemplo, ahora me será difícil no imaginar al mundo entero con sus mascarillas como si todos fuesen fans de BTS. El archiconocido filósofo Slavoj Žižek, narra al comienzo de “Las metástasis del goce”, una historia curiosa, probablemente autoficcionada –no importa-, cuenta su experiencia mientras realizaba una conferencia en gringolandia, un chico en los ’90 le recrimina por hablar sobre Hitchcock: ¿Cómo puede hablar de un tema tan insignificante cuando su país arde en llamas? La respuesta, como es de esperar, no puede ser otra: ¿Cómo ustedes, en Estados Unidos, pueden hablar sobre Hitchcock? El célebre personaje so on teoriza muy brevemente sobre el rol que se le asigna a la víctima, su voz y lo que mejor recuerdo: la ficción de la paz. No existen las premoniciones, si el relato es hoy, mañana o ayer, es como Levi-Strauss caracterizó a los mitos, todo dicho es interpretable en todos los tiempos posibles: pasado, presente y futuro, trascienden en un plano ideológico, funcional al ser humano. ¿Por qué hablar de pedagogía justo en este momento?

Diariamente están muriendo cientos de miles de personas, la mayoría está viviendo precariamente en confinamiento, hace poco ocurrió una explosión que causó conmoción mundial a más de 13.000 kilómetros de distancia. No vale la pena enumerar y traducir el infinito, es un ejercicio que Borges manifestó en varios de sus relatos. ¿Cómo ha sido la experiencia pedagógica en lo que va del año? Que el mundo se detenga no genera que los individuos lo hagan, es tan normal este imaginario que el tópico llegó en forma de hipérbole hasta la época contemporánea: Bart y Milhouse deteniendo el tiempo, o los stands de Dio y Jotaro batallando mientras hacen gala de dicha facultad. No importa, la pedagogía sigue y gran parte de las instituciones del mundo decidieron enseñar por la vía virtual. ¿Qué ha ocurrido?, ¿cómo hablar de educación?, ¿se han menoscabado en extremo a los actores de la educación?, ¿los estudiantes son los grandes perjudicados?.

Recuerdo haber jugado cuando niño, como varios de mi generación, la saga Metal Gear Solid y rendirle culto como cualquier púber normal en la década del 2000, sin embargo, extrañamente no generé interés por la obra de Kojima hasta que supe que había citado a Kobo Abe como uno de sus escritores favoritos o algo así. Policenauts fue un juego que no salió de Japón oficialmente y lo han traducido en su versión para PSX creo que después de una década y algo más –al inglés-. Es una de las primeras obras de Hideo al puro estilo de Snatcher. En él manejas a Jonathan Ingram, un hombre policía astronauta cuyo traje ha fallado en la prueba para ir a defender la primera colonia espacial  y es olvidado por varios años en lo que fue Los Ángeles, ya en el presente, la vestidura futurista da sus coordenadas dando a entender que no había muerto tras la caída. Su esposa, que ahora está con otro hombre, le pide ayuda por la desaparición de su actual marido. Él, como es de esperar, se resiste, pero luego de un accidente, que prefiero no mencionar, se pone en marcha para destapar el problema.

La docencia parece ser una experiencia casi única e irrepetible para cada ser humano, y su labor generalmente está tan ignorada como Johnny Ingram. Pienso que cuando ejerza, mi  traje defectuoso de universitario me hará caer apenas logre despegar, y en consecuencia, estaré atrapado en un territorio donde seré olvidado por más de veinticinco años. Eso hasta que perciba mis propios signos vitales y probablemente me salga de ahí -esto se escucha no pocas veces-, ¿cuántos profesores jóvenes duran más de 5 años en el sistema?

¿Quién no quisiese hacer clases así? No con los pies arriba como un titán protagónico, sino relajado. Claramente se puede pensar que soy un patán, y prefiero no negarlo, tal vez no quiero ser maestro.

Pienso que el gran problema artístico es la objetivación de la subjetividad. Este, ¿no es acaso uno de los problemas en el juicio al ejercicio docente? Creo que en este último tiempo gran parte de las personas ha tenido una crítica muy dura con la producción misma de cada maestra o maestro, más en este último año. Lo malo no es la crítica, de hecho, no es raro que esta gratifique, el problema es la crítica de manual, la que se divorcia con la realidad, como mencionó el poeta Mao.

Hay que arriesgarse y escupirle a los textos como se le mancha al ser querido. ¿Cuántas lecturas nos han manchado?

Para Paulo Freire, en “Pedagogía de la autonomía”, el profesor democrático o progresista debe reforzar la capacidad crítica del estudiante (educando) desde su curiosidad y transformar las condiciones en las que toma contacto con el conocimiento, es decir, no va exclusivamente en la forma de enseñar, sino también en las relaciones docente-estudiante y las suscritas en el contexto mismo. Un profesor no tiene que enseñar de forma mecánica, debe desafiar. ¿Qué desafiar cotidianamente?, ¿qué se ha desafiado en las clases virtuales? ¿o la virtualidad desafío la pedagogía?

A su vez, para Kiyosaki, mentalidad de tiburón y meme de internet, cuyo libro famoso es “Padre rico, padre pobre”, menciona que el problema de la Educación ha sido no enseñar a cómo gastar el dinero. Asimismo, agrega que la escuela no motiva al estudiante porque (esto no lo dice explícitamente) observa profesores en ejercicio (y algunos hasta con doctorados) en la miseria tanto espiritual de autoestima, como económica, mientras el niño solo quiere fama, prestigio y dinero.

¿Es así? Probablemente cuesta tragarlo. ¿Todo esto es suficiente? Pero no, Gregorio Luri, distractor de algunas de las ideas nucleares de Freire o Sir Ken Robinson, anuncia en “La escuela no es un parque de diversiones”, lo necesario que es perpetuar la cultura humana y su calidad, en un inicio, puede parecer un análisis típico de un profesor boomer, pero es entretenido leer sobre Shakespeare y las comparaciones con un McDonald’s a medida que crecemos. ¿A qué valores y cosas le tomamos importancia las personas?, ¿cuántas clases es posible recordar realmente?, ¿para qué mundo nos preparamos y cómo se transforma?, ¿cómo se está preparando a los estudiantes por Zoom, Canvas, BlackBoard, etc…? ¿Se preparó a las y los docentes?

Finalmente quisiera mencionar un libro famoso de Belausteguigoitia y Mingo, es una compilación de trabajos y en uno de ellos de menciona la mirada, esta va estructurando la cartografía de la vida cotidiana, no pocas veces de manera violenta e imperceptible, una que nos sigue a todos lados, es un mapa que estructura nuestra vida día a día. Pensando en “El Gran teatro de la escuela”. ¿Cómo funciona la mirada dependiendo del objeto-sujeto observado?, ¿quién observa?, ¿cómo se desgasta el docente-actor frente a un teatro vacío de cámaras apagadas?

 

“UNA MIRADA A LA EDUCACIÓN EN CRISIS SOCIAL” Por Valentina Lara VER+

Querer ignorar la educación en tiempos de crisis es como pretender tapar el sol con un dedo, ya que por lo general -si es que no se da en todos los casos- cualquier falla en la educación se traduce en alguna falla en la sociedad.Si se quiere tener una sociedad sana, funcional y productiva, se debe entregar una educación de calidad, no solo en lo académico, sino también en lo socioemocional a las personas que constituirán dicha sociedad. De otra manera, se les estará condenando a sobrevivir en un sistema abusador, para el que cada persona no significa más que un simple número de cliente, u otro ladrillo más para enaltecer la muralla del orgullo de unos pocos.

La educación de mala calidad tiene directa relación con el concepto que tenga el gobierno respecto de las personas, dicho en palabras simples y con ejemplos concretos, el gobierno de Chile piensa en los ciudadanos de su país como simples sujetos pasivos, es decir, que no piensan y que no necesitan pensar, solo requieren producir y para eso no es necesario un sujeto pensante.

Muchos de nosotros soñábamos con que llegaría el día en que las personas abrirían los ojos y se darían cuanta por fin de lo que pocos nos habíamos enterado hace mucho, que el sistema neoliberal en el cual estamos insertos, nos hace creer que vivimos con la libertad de elección por sobre cualquier ámbito de nuestra vida, lo que realmente es falso. Cada uno de nosotros, dependiendo de la clase social en la cual nacemos, tenemos una gama limitada de posibilidades entre las cuales nos movemos a lo largo de nuestra vida, con una nula posibilidad de ascender en la escala social.

El día de nuestros sueños llegó un 18 de octubre de 2019, fecha que recordaremos por siempre debido a que ese día ocurrió algo jamás pensado en este país de personas sin ideales, la evasión masiva del metro. Una señal enviada al sistema por parte de los más jóvenes, quienes le informaron al gobierno que ya era suficiente de abusos hacia el pueblo. Desde ese día todo el país abrió los ojos y se percataron que podían reclamar por sus derechos como la salud, la educación y las pensiones dignas. Derechos que por cierto, habían sido negado sistemáticamente.

Desde aquel evento histórico sucedió que muchas cosas cambiaron, una de ellas el rol docente que cada profesor cumplía al informar u obviar los acontecimientos que se vivían día tras día desde aquel viernes 18 de octubre. Muchos profesores simplemente siguieron con su “normal” práctica docente, la cual no incluye la pedagogía crítica, no busca que los/las estudiantes piensen o critiquen, solo se centra en ser reproductores de conocimientos duros para mentes vacías que necesitan ser llenadas.

Los docentes que practican la pedagogía crítica, a diferencia de los profesores tradicionales, se hicieron cargo del momento social por el cual estaban atravesando los/las estudiantes y ellos mismos. De tal manera que sus clases las enfocaron hacia la crítica social, en el sentido de hacer que los/las estudiantes se preguntaran por lo que sucedía en el país, que tuvieran inquietudes y preguntas respecto al momento. Este tipo de profesores son los que aportaron y cumplieron un rol esencial en la formación de los estudiantes que tenían a su cargo, ya que los han hecho conscientes del momento histórico que les ha tocado vivir.

Y no hay que culpar solamente a ese tipo de profesor tradicional que anteriormente mencioné, ya que gran parte de responsabilidad por la falta de herramientas pedagógicas presentes en estos docentes, la tiene el sistema educativo en el cual están insertos desde que son estudiantes, hasta llegar a ser docentes. Esto los limita a la simple repetición de las prácticas docentes que han observado durante todo el periodo escolar y también universitario, cerrando así el circulo de la educación basada en el conductismo.

Y como si la crisis social fuera poco, un par de meses mas tarde llega la pandemia del Coronavirus que trae con ella el acrecentamiento de las ya evidenciadas carencias y abusos reclamados durante la crisis social. En otras palabras, la crisis se agudizó aún más, ya que quienes eran considerados clase media, se dieron cuenta que siempre vivieron en una pobreza encubierta, llena de deudas que nunca terminan, por el contrario, se hacen cada vez más grandes.

Por otra parte, el área de salud entró en profunda crisis ya que en algún punto casi no daban abasto debido principalmente a la falta de recursos, lo cual se traduce en falta de personal, falta de implementos, muchas otras más. Lo cual a su vez se tradujo en lamentables muertes de personas debido al virus, además de los problemas emocionales que surgieron debido a la nula preocupación por la salud mental de las personas.

Ambos eventos, desencadenaron una serie de profundos conflictos para los docentes, ya que muchos, sobre todo los profesores de mayor edad, se vieron superados muchas veces por la contingencia, debido a la falta de herramientas que poseían para desenvolverse en el mundo de las tecnologías actuales. Muchos profesores de frente renunciaron a sus trabajos principalmente por lo anteriormente mencionado, no encontrarse capacitados, ya sea para realizar clases online, grabar y editar videos para subir a plataformas virtuales, etc.

Y tal como mencioné con anterioridad, muchas veces esos profesores no tienen toda la culpa de no poseer las herramientas tecnológicas que corresponden, ya que el sistema educativo debiese entregárselas a los estudiantes de pedagogía que serán futuros profesores, pero muchas veces el tema tecnológico se omite creyendo que es algo que deben manejar de manera innata. Y en ese sentido, se les critica mucho al profesorado, pero se les dan pocas ayudas para reparar en esas deficiencias.

Todo lo que trajo consigo la crisis vino a provocar mucho ruido, lo cual se tradujo en que los docentes se preguntaran si estaban realmente preparados para la contingencia, o para cualquier otra circunstancia parecida a futuro. Lo cual de cierta manera ha sido positivo porque ha obligado a que muchos se adapten y conozcan nuevas estrategias educativas asociadas a las tecnologías presentes en la actualidad.

Si se quiere mirar de un modo positivo al futuro se debe tomar esta crisis como una oportunidad de ampliar las herramientas docentes, ya sea en lo que a tecnologías se refieren, pero también en cuanto a las mismas prácticas docentes, realizar actividades pensando en los intereses y necesidades propias a cada estudiante, ya que de esta manera se logra un aprendizaje mucho más significativo. Si se desea que la educación comience a cambiar, es esencial comenzar a cuestionar qué están al debe e inmediatamente identificados los vacíos, comenzar a trabajar en ello.

Siempre hay que tener en consideración que el cambio comienza desde uno, tal y como se evidenció durante el comienzo de la crisis social, la cual comenzó con un pequeño grupo de estudiantes que lograron unir fuerzas como nunca antes. ¿Quién sabe si el día de mañana les toque educar a la siguiente figura de libertad y de lucha por los derechos de las personas?

 

EL ROL DEL DOCENTE EN TIEMPOS DE PANDEMIA ¿VILLANO O EMPLEADO 24-7? Por Andrea Villarroel Urbina VER+

Durante décadas socialmente se le ha asignado al docente el rol de héroe o salvador. Aquel profesional que tiene que trabajar contra viento y marea sea cual sea las condiciones laborales y personales que enfrente. Es una imagen que muchos docentes también tienen de sí mismos  y tratan de mantener a toda costa. En el último tiempo, el profesor enfrenta un desgaste permanente debido a la poca valoración del sistema, la recarga de trabajo a la que se ve enfrentado y a las condiciones deplorables que se ofrecen, se suma el tema de la pandemia, que ha paralizado al mundo entero, obligado a las personas a replegarse en sus casas. Surge aquí la pregunta ¿qué rol ocupará realmente el docente durante la pandemia?, ¿héroe?, ¿villano?, ¿empleado 24/7?Si en condiciones habituales ya el rol del docente enfrenta un desgaste debido a la imposibilidad de mantener esa imagen heroica de poder con todo, aun a costa del sacrificio de su vida personal e incluso su salud.  ¿Qué rol jugará en tiempos de pandemia?, porque independiente de la imagen que se tenga del docente, hoy estamos en tiempos difíciles, las clases se trasladaron desde la sala a la pantalla del computador y si llegar a los 45 alumnos promedio que un docente tiene por curso en sala, considero que la dificultad de hacerlo vía remota, será aún mayor.

Independiente de todo este escenario y de la visión que se tenga del docente el rol fundamental de este es el de formador, de ser un guía para los estudiantes y durante la pandemia siento que el profesor ha perdido ese rol ya que paso de ser un referente dentro de la sala de clases, a ser visto por muchos como el empleado disponible 24/7 que está constantemente conectado para responder a todas las dudas o consultas  de estudiantes que lo ven como un producto de consumo como tantos que se ofrecen en la web.

Por otro lado están los apoderados para los cuales el docente se convirtió en un villano, ya que se quejan que ahora tienen que hacer constantemente trabajos con sus hijos, que según ellos el rol del docente vía online no es tan activo como en clases presenciales e incluso algunos dicen que envían solo guías a sus hijos para aliviarse trabajo y traspasarles a ellos la carga de toda la instrucción de sus hijos.

Esta postura de los padres es lapidaria, pero también entendible. Pasaron de tener un trabajo donde asistían todos los días, a tener que transformar sus casas en oficinas, lo que conduce a tener la sensación de no descansar jamás. Se suma el miedo permanente a ser despedidos y convivir las 24 horas del día con sus hijos, obligandolos a ser más activos en sus procesos de aprendizaje, una tarea que agobia a cualquiera. Pero también esta es la oportunidad de darse cuenta la labor que realiza el docente y que si ellos se agobian con uno o dos niños, el profesor hace esta misma tarea con 45 o más estudiantes por curso, pudiendo tener a cargo hasta cinco o más cursos. Es en estos tiempos de crisis, en donde los padres pueden darse cuenta del real valor del profesor.

Y para los estudiantes el rol que representa el académico en estos tiempos, puede ser para algunos el del villano que los hace trabajar vía online sin tantas explicaciones de las actividades a realizar, y es aquí donde aparece como diría A.S. Neill “el maestro problema”, un espécimen peligroso que según Neill (1976) “es el hombre o la mujer que odia al niño en sí mismo y en la persona de todos los demás”. Hay que considerar además que los estudiantes casi siempre no tienen ganas de estar en clases, menos las tienen ahora de estar conectados frente a un computador escuchando temas que no son de su interés y realizando guías que les resultan eternas y tediosas, mientras que ese tiempo desearían ocuparlo en estar jugando vía online o realizando cualquier otra actividad que no sean las clases. También hay que considerar que los estudiantes se encuentran emocionalmente afectados de pasar todo el día en casas que se han convertido en oficinas o más bien casas que son un desastre en estos tiempos.

Por último nos encontramos con el sistema de educación, para quien el docente es un empleado al cual se le paga y debe cumplir con las clases sin mayor apoyo. Algo así como “arrégleselas como pueda”, pero con la obligación de cumplir horarios y programas como sea y estando siempre disponible para lo que el colegio o el ministerio disponga en el momento que sea, pues de todas formas ya se sabe que están en casa.

Y en este escenario es donde el docente debe transitar día a día haciendo clases a estudiantes que no quieren tener que hacer trabajos, no conectarse vía web para tener clases, padres estresados sin saber muchas veces como apoyar a sus hijos o bien con escasos recursos e impedidos de pagar un plan de internet para que puedan acceder a las clases. En este escenario, es donde el docente debe realizar sus cátedras y cumplir con su rol de formador. Un contexto donde todo es confusión, incertidumbre incluso para el propio docente, quien muchas veces no sabe cómo continuar frente a las dificultades que trae consigo la pandemia.

En este complejo escenario y sin saber cómo va a terminar todo esto, para mí el docente debe seguir cumpliendo con su rol de guía, formador para los estudiantes, quizás la pandemia puede ser la oportunidad de transformar esa escuela que desea que todos sean iguales y que busca estresar a los estudiantes junto a los docentes con sus exigencias en la cual el docente juega el rol de un empleado más del sistema en una pedagogía critica construida en conjunto con los estudiantes, en donde haya espacio para el dialogo y el maestro pase de ser un empleado 24/7 a tener el rol de mediador activo en los procesos de aprendizaje de sus alumnos.

 

“¿CUÁNDO COMENZÓ LA CRISIS EDUCACIONAL?” Por Diego Zamora VER+

¿No se notó acaso que la gente volvía enmudecida del campo de batalla? con esa pregunta Walter Benjamin reflexiona en el ensayo “El Narrador” sobre la caída de la experiencia, su desvalorización como efecto posterior de las Guerras Mundiales. Según el filósofo alemán, los soldados retornaban empobrecidos de experiencias comunicables.Seguramente la retórica benjaminiana provoque cierta hipérbole respecto a la pérdida de la transmisión de experiencias, sin embargo es un cuestionamiento que se ha vuelto fundamental para comprender las últimas décadas, irónicamente, nominadas como “la era de la comunicación”.

Benjamin está preocupado de comprender las trasformaciones de la narración, de la inseparable habilidad que tiene el ser humano para transmitir sus propias experiencias con otros. Actualmente, en esta “era de las comunicaciones”, es muy fácil acceder a textos que den cuenta sobre el quehacer cotidiano de las personas, de hecho, esa narrativa es la que da forma a las Redes Sociales: nuestras fotografías, nuestras opiniones, nuestros videos familiares viralizándose a través de toda la red de internet. Una comunicación tan excesiva que fomenta la discusión del presente. En el instante en que sucede algo podemos ir y opinar sobre aquello.

Este año, marcado por la pandemia, como tutor de los cursos de primer semestre de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, y en mi rol de estudiante de último semestre de pedagogía en Lengua Castellana, he pensado mucho en esos soldados incapaces de relatar sus historias. No quiero hacer la comparación entre este año (catastrófico en muchas aristas) con las experiencias horrorosas de la Guerra Mundial. Pero Benjamin es un pensador que gana vigencia con el tiempo y en nuestra actualidad me parece importante volver a visitarlo.

Es cierto, los medios comunicacionales nos permiten decir muchas cosas sobre el mundo, sobreexponen cada instante de las personas bajo su voluntad o a la fuerza. Pero fuera de las redes sociales ocurre todo lo contrario. Es cuestión de participar en cualquier clase y es posible dar cuenta que, seguida de una pregunta del profesor/a el silencio es siempre la primera respuesta.

Las primeras sesiones de tutorías a través de internet sumaban a ese silencio los rostros invisibles de estudiantes que no conocía, que habían ingresado recién a la universidad y que sólo podía imaginármelos. Los recuadros negros de Zoom se vuelven un espacio misterioso cuando reviso las grabaciones y aparezco yo en un monólogo sin sentido.

En las clases a las que asistí como estudiante sucedía lo mismo, cuadros negros o fotografías que hacían un poco más característica a la persona que estaba desde el otro lado de la pantalla. Estábamos enmudecidos.

A medida que fue avanzando el semestre las conversaciones fueron variando. Recuerdo una clase en particular que realicé a partir de Paulo Freire. El diálogo es fundamental para una verdadera humanización, decía el brasileño, uno de los profesores más inspiradores para nuestra institución. Es necesaria la conversación, les decía a mis estudiantes. Para llevar a cabo un proceso de transformación debemos dialogar. Para lograr ese diálogo el/la docente debe tener habilidades propias de su profesión, no es algo fácil de lograr, menos en el contexto pandémico que estamos viviendo, a pesar que este contexto invita a expresarnos sobre la realidad y su puesta en jaque a través de la crisis sanitaria y política.

Es fácil pensar que el enmudecimiento de los y las estudiantes se debe al formato inesperado de la clase virtual. Al principio yo también lo pensé, pero se trataba de una perspectiva a corta distancia ¿qué pasaba en la sala de clases antes de la pandemia?, ¿acaso eran más las respuestas y el diálogo entre educadores y educandos?

Como señalaba más arriba, me encuentro en el último paso para titularme de profesor. Salí el año 2007 del colegio, en el intermedio estudié pedagogía en filosofía en la UMCE y tras mi retiro de la carrera, pasé varios años participando como estudiante en talleres de poesía. Ahora que me pregunto sobre la crisis educacional, esos contextos diversos me permiten concluir algo: el enmudecimiento comenzó hace mucho tiempo atrás.

Es interesante evidenciar que en los talleres las conversaciones eran el eje principal del proceso de enseñanza. Talleristas sin estudios pedagógicos eran capaces de hacer que el diálogo y la experiencia personal se transformaran en el material principal para el aprendizaje. Escribíamos y leíamos, sí. Pero lo principal siempre fue la conversación, la que muchas veces extendía el taller hasta un bar o un parque en el que los participantes hablaban desde poesía hasta sexualidad, desde política hasta farándula, todo marcado por la impronta de la bibliografía y la vida, que en un buen contexto educativo, deberían ser más o menos similares.

Por otro lado, en una sala de clases las conversaciones parecían agotarse con cada semestre. Tanto en el ex pedagógico como en la Academia me llamó la atención la poca disposición que existía en el aula al momento de conversar sobre las temáticas de las asignaturas. Es posible explicarlo por el nerviosismo, por la autoridad que ejercen de mala forma algunos docentes, pero eso significaría presenciar un fenómeno aislado y no lo es. Pregunten a cualquier profesor/a, generalmente cuando se invita a comentar o preguntar respecto a alguna temática la respuesta es algo como: ¿profe, enviará el ppt?

Ese ppt siempre dispuesto a entregarnos el contenido, está presente ahora en la forma del Campus Virtual ¿profe subirá la grabación? en esa virtualidad siempre accesible donde al parecer el estudiante irá a recuperar los contenidos, se ve reducida la posibilidad de dialogar entre las personas que conforman una clase.

Cuál es la diferencia entre una instancia y otra, por qué hay espacios donde las personas no quieren dejar de dialogar y otros donde apenas se escucha un “gracias profe”. No se trata de una diferencia del medio tecnológico como se ha sugerido. Es cierto, no es lo mismo hacer una clase a través de una pantalla que en la sala de clases, pero esto comenzó antes del Zoom, antes de la crisis sanitaria, antes incluso de que yo saliera del colegio hace ya más de 10 años.

Vivir la experiencia de docente y estudiante a la vez, en un contexto tan complejo como el de este año, me ha permitido reflexionar desde varios lugares. La pregunta que me llevo de esta experiencia es la que da título a este breve texto ¿cuándo comenzó la crisis educacional? Muchos dicen que este año está perdido, que la educación está en problemas, que los/las estudiantes no aprenderán nada. Creo que es imposible que no aprendan NADA, nada es mucho decir. Las personas estamos en constante aprendizaje, lo que sucede es que hemos evidenciado algo que los/las profesores/as viven a diario, la crisis es el lugar de la pedagogía. Esos silencios que se generan en la sala de clases, virtual o no, es una prueba de ello, algo sucede en nuestra sociedad y los/las docentes estamos llamados a preguntarnos y reaccionar frente a ello, frente a esa pérdida de la capacidad de narrar experiencias. No basta con dejar “espacio para las preguntas”, los/las docentes debemos dejar espacios para los silencios y que el resto sea diálogo, siempre la conversación, la oralidad y su fuerza transformadora.

Sí, la educación está en crisis, la sociedad está en crisis, la ecología, la política, y el mundo entero lo está. Es una realidad que comienza a pensarse desde sus problemáticas. Así como un profesor entra a la sala de clases sin saber muy bien qué sucederá, nos despertamos a diario sin saber qué nuevas sorpresas nos traerá este 2020. Parece agobiante, recordamos la estabilidad casi con nostalgia. En la docencia esa estabilidad no dura más que un recreo, e incluso en el patio de una escuela pueden suceder momentos decisivos para la vida profesional de un profesor/a.

La crisis siempre estuvo y estará ligada a la educación, es su extensión. La educación trae como resultado la crisis y crisis, en su origen etimológico, es juicio, es crítica y decisión.

 

LA EDUCACIÓN DESPUÉS DE LA PANDEMIA: ¿CONTINUAREMOS REPRODUCIENDO O YA ES MOMENTO DE PENSAR EN NUESTRO MODELO EDUCATIVO? Por Victoria Leandra S. VER+

Desde antes de la pandemia, incluso mucho antes de la revuelta social, las y los estudiantes y profesores han manifestado en múltiples circunstancias y oportunidades la necesidad de considerar, reevaluar y elaborar un nuevo modelo que se haga cargo de todas las urgencias educativas. Situándonos en el contexto de una pandemia, hemos podido ver -una vez más- que el actual sistema educativo, basado en la mercantilización y reproducción educacional, no logra dar el ancho ante las diversas dificultades que viven y experimentan niños, niñas y adolescentes (NNA) en situaciones de vulnerabilidad y riesgo de exclusión educativa. Ejemplo de ello ha sido la tozudez con que el Ministerio de Educación, y el gobierno en general, han demostrado su ineficiencia para  sobrellevar los procesos de aprendizaje,  ya sea trasladando la escuela al hogar en modalidad de tele educación o educación virtual; insistir en la implementación (ahora voluntaria y con fines de “diagnostico”) de evaluaciones estandarizadas como el SIMCE (porque para qué estamos con cosas,  la finalidad de este instrumento es ranquear, rendir cuentas para premiar y castigar a las escuelas, sin hacerse cargo en profundidad de las fallas que presenta el sistema educativo, y que claramente en situación de pandemia poco o nada serviría implementar); también insistir en la aplicación de la evaluación docente, haciendo mucho más pesada la labor pedagógica; elaborando planes de retorno, en fin. Todo este tipo de acciones y discusiones por parte de la entidad gubernamental -sin siquiera cuestionarse cuales han sido las falencias del actual sistema ni cómo solucionar los diversos problemas- han visibilizado la profunda terquedad y egoísmo con que se ha intentado, a fuerza de presión, continuar con el curriculum escolar como si el hogar fuese una escuela y las condiciones de NNA fuesen las mismas para todas y todos.Frente a esto, es imposible preguntarme a qué se debe tanta tozudez y desconexión con la realidad de millones de estudiantes. Quizás la siguiente respuesta sea la más correcta: En los últimos 30 años, incluso desde la dictadura, para el Estado la escuela ha funcionado como instrumento de la reproducción social y cultural que legitima la racionalidad capitalista en apoyo de las prácticas sociales dominantes.[1]  En este sentido, lo que ha dado a demostrar el Mineduc todos estos años, y sobre todo en este actual gobierno, desde la revuelta hasta ahora, es no tener la más mínima intención de cambiar o reevaluar el modelo educacional que por años no ha hecho más que continuar profundizando las desigualdades educativas, pues hacerlo implicaría romper con toda una estructura que ha beneficiado a los grupos dominantes. La terquedad en la que se está moviendo el Mineduc, termina por invisibilizar y despreocupar el aprendizaje de las y los estudiantes con necesidades más urgentes, como alimentarse sanamente o recibir contención.

En una entrevista para el programa “Super Ciudadanos”, la directora ejecutiva de Educación 2020, Alejandra Arratia, señala que casi el 80% de NNA no tienen las condiciones necesarias para desarrollar su aprendizaje de manera efectiva y que al menos el 46% de las y los estudiantes cuenta con “un amigo” al cual pueda consultar en línea sobre los contenidos y tareas dadas por la escuela, mientras que en los estratos sociales medios y altos  las emociones más frecuentes entre NNA ha sido la soledad y la tristeza, cuestión no menor en un país como Chile, donde la salud mental continúa siendo inaccesibles para los núcleos familiares con menor ingreso. Es esta realidad la que, si no se toman las medidas correspondientes y anticipadas, se profundizará ante una crisis educacional que obligará a más de 80.000 estudiantes a salir del sistema, vulnerando de esta manera los derechos de NNA y fragilizando aún más la desigualdad escolar. Frente a esto, las y los docentes nos hemos dado cuenta que las medidas y los mecanismos de ayuda y de contención que ofrece el MINEDUC han sido hasta el momento débiles, sobre todo cuando de manera obtusa se insiste en dirigir fondos hacia evaluaciones estandarizadas, en vez de destinar aquellos fondos en apoyo hacia las familias y docentes. Si bien, se ha puesto a disposición del sistema educativo diversos materiales pedagógicos, se han lanzado plataformas en línea e incluso se ha abierto una señal de televisión para equiparar las oportunidades de aprendizaje, aun así solo uno de cada cuatro docentes hace uso de las plataformas y solo el 5% de niños y niñas entre 4 y 12 años aprovechan TV Educa[2]. En este sentido, vamos entendiendo que hay algo que está fallando y que no son precisamente las escuelas o los docentes. El trabajo territorial y multidisciplinario de las escuelas ha sido elemental para mantener la conexión con las y los estudiantes, ya sea entregando aparatos tecnológicos en el caso de algunos colegios privados o bien implementando un sistema de seguimiento a los jóvenes, evitando así la posibilidad de exclusión o abandono educativo.

Ahora bien, todo sería mucho más distinto y mucho menos difícil si el estado se hiciera cargo de financiar las redes locales del sistema educativo, pues pareciera que las instituciones gubernamentales descansan en las acciones y respuestas colectivas y comunitarias, demostrando una vez más la inoperancia y el dejo ante las urgencias de las comunidades educativas.

Es claro que esta pandemia no durará para siempre y por lo tanto es inminente el retorno a clases (por su puesto en condiciones donde la salud de estudiantes, familias y comunidad educativa, no se ponga en riesgo), pero también es evidente que luego de este año 2020, las brechas derivadas de las desigualdades se irán acrecentando, por lo tanto este es el momento más crucial para hacernos diversos cuestionamientos en torno a la educación en nuestro país. Al menos yo tengo unas cuantas: ¿De qué manera se debería estar articulando el apoyo y contención a las comunidades educativas? No basta con sacar una “bitácora del docente” y sentir que con eso la salud mental y agobio laboral será menor, o sacar un manual para padres, sin siquiera considerar que son muchos los apoderados que desconocen las plataformas en línea del ministerio o que simplemente no tienen las condiciones para acceder a un computador. También me pregunto ¿de qué manera abordaremos el aprendizaje de las y los estudiantes luego de la pandemia?, ¿se continuarán reproduciendo las mismas dinámicas culturales y sociales en donde la educación termina siendo un instrumento de segregación y desconexión de los contextos, necesidades y urgencias de las y los estudiantes?, ¿continuaremos validando y enalteciendo evaluaciones mercantilistas?

En ámbitos educativos, absolutamente nada debe ser como antes, o al menos debemos dialogar en torno a un cambio significativo del sistema, nuestras experiencias como docentes en tiempos de pandemia nos ha entregado las reflexiones suficientes y las vivencias necesarias para cuestionar el modelo educativo que nos rige. De manera personal, creo que se hace urgente detener la educación de mercado, esta ha demostrado la profunda segregación y falta de oportunidades que viven las y los jóvenes pertenecientes a los estratos sociales más vulnerables. En esta línea, se hace necesario volver a plantear y discutir sobre un nuevo sistema de financiamiento para la educación pública, que, además de pública, sea democrática, inclusiva, no sexista, vinculada a la comunidad, con infraestructura de calidad, que las condiciones de las y los docentes sean adecuadas, etc. En síntesis, que el Estado sea garante de una educación de calidad, pero de verdad.

Soy optimista, pienso que, como docentes, hay que sacar provecho de este contexto y estoy segura que son muchos y muchas las colegas que han sacado a relucir todo su potencial, no sólo intentando adecuar los contenidos a las plataformas en línea -pues pese a tener un casi nulo conocimiento y preparación para desarrollar el aprendizaje a través de las plataformas en línea, las y los docentes se han visto en la situación de reinventarse, y también han dado mayor prioridad a mantener las relaciones entre estudiantes y profesores, procurando un efectivo proceso socioemocional y educativo. ¿Acaso esto no nos sitúa en un proceso de cambio?

Las y los profesores lo saben, este es el momento para aprender sobre el cuidado de la salud, la colaboración, la ayuda colectiva. Pero también saben que es el momento para definir los parámetros en que queremos desenvolver la educación, ya no como un bien de consumo, sino un bien comunitario, en donde NNA tengan las mismas oportunidades de aprender sin tener que pender de un hilo producto de las desigualdades.

Quizás sea complejo trabajar los cambios estructurales de la educación en un gobierno tan soberbio y arrogante como el de Sebastián Piñera, pero pese a ello, como educadoras y educadores y toda la comunidad educativa, no podemos dejar pasar esta oportunidad de plantear la posibilidad de hacer un cambio real.   

[1]  Henry A. Giroux. Teorías de la reproducción y la resistencia en la nueva sociología de la educación: un análisis crítico. Cuadernos Políticos, número 44 México, D. F., editorial Era, julio-diciembre de 1985 pp.

36-65.

[2] Bellei, C., & Muñoz, G. (2020, 21 julio). Educación a distancia y vuelta al colegio: la reinvención de la comunidad escolar. Ciper Chile. https://ciperchile.cl/2020/07/21/educacion-a-distancia-y-vuelta-al-colegio-la-reinvencion-de-la-comunidad-escolar/”

 

“SALUD MENTAL EN TIEMPOS DE PANDEMIA EDUCACIONAL” Por Kimberly Tapia VER+

Una de las primeras cosas que nos menciona Alexander Sutherland Neill en su texto “Maestros problemas y los problemas de los maestros”, es lo siguiente: ‘‘Mi punto de vista personal es que la enseñanza es una de las tareas más aburridas del mundo.’’ Si tomamos esto en cuenta, sumado al sistema educacional en el que nos vemos envueltos, todo termina siendo bastante desgastante. No repasaré las dolencias del sistema educacional tradicional, sino que me voy a ir directo a la educación en pandemia y cómo esto afecta la salud mental de los profesores.Normalmente, los profesores están llenos de tareas, planificaciones, revisiones y reuniones, sumado a trabajos que deben revisar en casa, logrando que el tiempo sociofamiliar y libre se vea afectado, tal como nos plantea el psiquiatra, Francisco Alonso. Los profesionales de la educación han aprendido a soportar la sobrecarga de trabajo, no obstante, en tiempos de pandemia, este aumento de la carga laboral no se acaba cuando uno llega a casa. Si no que se puede llegar a estar todo el día en función del trabajo y con casi una nula opción para la distracción o para las tareas familiares y emocionales.

No es algo nuevo que la salud mental en los profesores siempre se ha visto mermada, los mismos factores que afectaban antes a la salud mental, ahora vuelven con más fuerza, por ejemplo: la valoración de la profesión: ‘‘Los profesores expresan incertidumbre respecto de lo que la sociedad espera de ellos dada la evolución del contexto social, lo que provocaría estrés.’’ Esta es una de las cosas que nos menciona María Isabel Corvalán en su estudio sobre la realidad escolar y la salud de los profesores. Con esto, podemos explicitar grandes situaciones sobre la misma salud mental que pasamos los profesores en tiempo de pandemia: ya no existe un horario definido, debemos hacer clases por plataformas que poco y nada nos permiten observar a los alumnos, lo que significa que es estar hablando en monólogo frente a un auditorio vacío y tal como nos plantea Neill, en una educación de tiempos de pandemia, esto es común, el ego[1] del profesor se ve mermado, porque los estudiantes preguntan después, no dando paso a la misma relación entre profesor y educando.

El profesor se ve acosado por preguntas, correos y mensajes a deshoras, un colegio que no respeta los horarios de trabajo y además de ello, a una familia detrás, que muchas veces engloba a NNA[2] que igualmente deben cumplir con sus propias clases online. Todo lo anteriormente descrito, deteriora la salud mental de los profesores, nuestros tiempos se ven acotados, nos vemos sobrepasados, estresados y coartados de libertad y tiempos propios.

Como nos plantea Francisco Alonso Fernández, ‘‘El horario sin límites, distribuido entre la labor preparatoria y la franja horaria de las clases, constituye la actividad docente habitual.’’  Y eso que estamos hablando de condiciones normales.

Así es como el profesor o profesora se ve envuelto en una burbuja de obligaciones que poco y nada de tiempo le dejan para sí, incluyendo, que el temor constante y no poder salir por la pandemia, dejan a los docentes con una salud mental lo bastante dañada, porque su calidad docente se ve expuesta frente a una pantalla fría sin caras y muchas veces sin voces que lo puedan acompañar.

Incluso si mencionamos el hecho de la cantidad de alumnos por sala, en un espacio educacional común en nuestro país, observamos que en pandemia el estrés resulta al revés, los alumnos no tienen la capacidad de conectarse a una red de internet, lo que genera que los profesores se preocupen del aprendizaje de sus estudiantes. No es raro de ver colectas por redes sociales para ayudar a la educación de los estudiantes que no tienen ningún aparato electrónico para conectarse a clases. Los profesores, nuevamente, son aquellos que se hacen cargo de las falencias del sistema educativo.

En otro punto importante de la salud mental de los profesores, es la poca claridad y cambios de currículo: La falta de claridad por parte del ministerio, además, aquella idea de que los estudiantes tengan que estar aprendiendo y teniendo clases online, deja tanto a docentes como alumnos en un limbo entre el estrés, además de la necesidad de tener que repasar todo el contenido como plantea el ministerio.

Si en situaciones comunes, Alonso nos menciona que ‘‘El asiduo cambio de currículo, sometido muchas veces a un criterio que peca de arbitrario, puede conducir al profesor a una postura de desconcierto o inculcarle la convicción de ser incapaz de cumplir su cometido.’’ Si esto, en situaciones normales deja a los profesores desconcertados, dentro de momentos de pandemia, los profesores ya no saben cómo adecuar los contenidos de formas que sean interesantes, que puedan generar una atención en un alumno que está en un contexto de por si complicado.

Por parte del ministerio, no vemos ninguna solución que pueda calificarse como suficiente o efectiva para mejorar la salud mental y emocional de los profesores en tiempo de pandemia. Desde el CPEIP[3] han emergido manuales para la contención socioemocional, que lo único que promueven son distintos tipos de ejercicios y formas de compartir experiencias para poder socializar los sentimientos de angustia que podrían estar dándose, no obstante, esto no ayuda a distintos síntomas de angustia y depresión que podrían tener los profesores.

Estos tres términos son los que el CPEIP plantea en su texto: ‘‘Comprender la Crisis y su Impacto Socioemocional’’, en los que podemos observar que solo son una medida básica y no a largo plazo para lograr una contención emocional y mental. Sobre todo, en el ámbito de planificarnos:

El CPEIP, nos plantea que los profesores deben sentir que se encuentran en un lugar seguro y protegido, que el clima se perciba de forma acogedora; para esto, señalan desde el CPEIP, que se debe establecer una rutina clara y predecible, de forma que la distribución de tiempo y espacio sea igual a la que existía en tiempos pre pandemia, que además sea conocida por todos/as.

Con la cita antes expuesta, podemos ver que si bien el ministerio, a través del CPEIP, intenta que los profesores se sientan nuevamente en un lugar seguro. Además, se pone en marcha de una forma complicada de llevar a cabo, dado que, si no tengo más espacio de sanación mental que juegos básicos. ¿Cómo puedo adecuarme a un horario?, si no se tienen en cuenta mis problemas familiares, emocionales y sociales. ¿Cómo puedo querer mantener una moral alta si lo único que nos ayudan en salud mental son juegos de cartas? ¿O socialización de herramientas?

No es algo malo la calidad y tipo de ejercicios, pero como siempre en este país, está hecho a medias, con soluciones parches que lo único que generan es un descontento mayor, un mayor déficit de salud mental y una calidad de vida aún más disminuida en tiempos de pandemia.

¿Y cómo vamos a enfrentarnos a una educación virtual? ¿Cómo vamos a enfrentarnos a lo que viene luego de la pandemia? ¿Cómo nos vamos a enfrentar a aquellos que sugieran que una educación virtual es mucho mejor que una directa y presencial?

Los profesores no podemos cambiar el mundo directamente, podemos cambiar el mundo de miles de estudiantes, ahora ¿cómo podemos hacerlo con una salud mental dañada y deficiente? ¿Cómo hacerlo si se nos deja desamparados emocionalmente?

[1] Neill nos plantea la idea de ego docente. La frase del auditorio es un parafraseo al autor, respecto de su texto Maestros problemas y problemas de los maestros. Página 33.

[2] NNA: Niñas, niños y adolescentes.

[3]  Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas

 

“LOS NIÑES, LOS DOCENTES Y LAS CLASES ONLINE” Por Milenka Marín VER+

A nivel mundial la sociedad se ha visto obligada a permanecer dentro de sus hogares, esto por la cuarentena que ha sido fijada de forma forzosa por todos los gobiernos que existen, debido al avance del virus Covid-19. Uno que ha logrado acabar con la vida de millones de personas, que lo combatían o lo poseían. Es en pos de este contexto que les estudiantes se han visto forzados a tener sus clases de manera online, accediendo a plataformas digitales (zoom, googlemeet, discord, entre otros) y recibiendo guías/trabajos de parte de los profesores por correo electrónico. De esta forma, mi experiencia como docente a cargo de un estudiante me demostró que no solo no puedo observar el avance del alumno, sino que me costará mucho saber sí él está aprendiendo o no, puesto que puede responder en muchas ocasiones que sí, pero no estaré segura hasta que lo compruebe con mis ojos, elles tienen una capacidad para decir que entienden, cuando muchas veces no comprenden y les da vergüenza hacer preguntas que los hagan ver como tontos frente a sus compañeros.

Frente a eso se observa que la educación chilena carece de las competencias necesarias para la enseñanza e-learning (educación electrónica), generando muchos problemas en la forma de aprender de les estudiantes pues muchos de ellos/ellas/elles no tienen los recursos para acceder a estos medios, tales como: computador, Tablet, celulares, internet, etc. Por lo que la pobreza que existe en el país, dificulta la forma en cómo hacemos educación y cómo la recibimos, porque muchos no la están adquiriendo. Hay que considerar también que muchas familias han perdido sus trabajos y deben dejar de costear algunas cosas o incluso eliminarlas de su vida, también muchos estudiantes han requerido comenzar a trabajar para capear las falencias que existen dentro de su hogar.

De este modo es que la educación se ha vuelto algo tediosa para el ministerio, pues no ha sabido detener la enseñanza de este año por el bien de seguir produciendo, no hay que olvidar, que nuestra enseñanza se basa en lo mercantilista si algunos no pueden pagar, no pueden seguir estudiando y este es el contexto de muchos estudiantes a nivel universitario, quienes han encontrado conveniente congelar en vez de recibir algo precario, o simplemente no pueden costear su formación, recordemos que la pandemia comenzó en marzo de este año, justo el momento en donde hay matrículas y aranceles que suben sin preocuparse del bolsillo de las personas. Como docente y estudiante que está finalizando su práctica académica de forma online, considero que en este contexto pueden comenzar a surgir muchas emociones y/o sentimientos forzados por parte de los docentes, que llevan a tildar a los estudiantes de flojos cuando realmente están teniendo un problema serio o el hecho de exigir una cámara/micrófono sin considerar lo que he mencionado anteriormente me lleva a pensar que la pandemia está acabando con la empatía hacía cualquier persona.

Es por esto que me gustaría mencionar lo que Alexander S. Neill comenta en su libro “El maestro problema” donde indica que “La palabra ‘educación’ significa literalmente: descubrir, y se ha dicho a menudo que un maestro con éxito es aquel que sepa descubrir con mayor facilidad al niño lo que sabe”. Algo que me parece totalmente correcto, y partirá desde la base del docente como un observador donde él debe hacer ver a les estudiantes las diversas formas que tienen elles de aprender, haciéndoles creer en sí mismos y a medida que eso va creciendo se convierten en unos buenos profesionales de cualquier área que hayan escogido. Tristemente son acciones no observables las que están ocurriendo a través de las pantallas, donde los micrófonos se mantienen apagados y las cámaras también, haciendo de la acción del docente un monólogo para él mismo.

Cuando el docente observa estos hechos, comienza a cuestionarse su forma de enseñar, además del valor que requiere realizar una clase y el respeto para quienes están educándose aún en momentos difíciles (he conocido algunos que deben seguir sacando promedios mientras su pareja se encuentra fallecida por covid-19).  Y así es como, a la educación e-learning le agregamos la educación emocional una de las más importantes para la mayoría de los estudiantes, pues los humanos nos consideramos por estar formados de sentimientos/emociones que nos ayudan a digerir las diferentes ocurrencias que nos pasan a lo largo de nuestra vida, eso me recuerda bastante a la película intensamente, sí no reaccionamos bien podemos causar un lío dentro de nuestras emociones y terminar volviéndonos apáticos.

De hecho no podemos pedirle a nuestros estudiantes que rindan de la mejor forma, cuando ni siquiera elles mismes se encuentra en buen estado de salud mental o física, me preocupa la exigencia que está teniendo el ministerio pues declama un año escolar que debe cerrarse, pero no lo veo preocupado por las falencias en las que terminan les estudiantes o los sentimientos negativos que se generan en el estudio a causa de un mal manejo docente, y este por causa de una mala pandemia tratada, no existe absolutamente nada que le esté ayudando a los docentes y/o estudiantes, porque hasta los padres de esos niñes están teniendo problemas para poder pagar desde sus cuentas, hasta lo que comen (aun cuando el gobierno ha donado cajas de alimentos, las cuales son insuficientes)

Finalmente, es por esto que es necesario un método educativo mejor planteado para la realización de clases online puesto que, los que existen no ayudan ni a combatir el virus y mucho menos a que les estudiantes aprendan, de hecho se está haciendo un llamado a volver a realizar clases normales y qué pasará cuando ya no exista a quien hacerle clases porque están todos enfermos a causa un rebrote mal escogido. Se necesita con urgencia una ley que proteja a estudiantes y docentes emocionalmente en momentos difíciles, es tan obvio que la mayoría podría realizar mucho mejor su trabajo si se le plantea cómo hacerlo y qué hace, mas solo entregan unas instrucciones y un nuevo “currículo prioritario”.

 

“¿CUÁNDO NO ESTÁ EN CRISIS LA EDUCACIÓN?” Por Daniel Castillo VER+

La educación en Chile es un universo complejo, la educación en Chile es retrograda, la educación en Chile fue y aún es un espacio de adoctrinamiento.

Lejos estamos los profesores de mirar estas declaraciones y no sentir impotencia y rabia. Nos duele por dos razones fundamentales; la primera es que si hacemos una vista general podemos estar parcialmente de acuerdo, comprender que los cambios educativos han sido lentos y que la educación jamás ha pasado como un tema ¨fácil¨ para ninguno de los gobiernos de turno en Chile. La segunda razón se relaciona con el emisor promedio de este tipo de declaraciones, estas vienen directamente de la población, de las personas comunes y corrientes, de los padres que con un poco de conciencia de clase se da cuenta como la cosa funciona en un sector de la población mientras que el otro mira con rabia como la injusticia se permea solamente con la plata. Nos duele como profesores saber que esta opinión acerca de nuestro trabajo es compartida por los miembros de la comunidad en la cual nos desempeñamos y más nos duele aún cuando esta reflexión viene del mismo gremio. Ahora la pregunta es ¿Cuándo la educación deja de estar en crisis? Esta pregunta tiene un tajante nunca. Cada eventualidad que sucede en el mundo afecta de algún modo u otro, a esta vieja máquina llamada sistema educativo. Para este año tuvimos la pandemia, que tiene innumerables costos para el país, cada vida perdida y el desencadenamiento de todos los resultados que esto significa. Está demás darle tribuna a los costos económicos, nos bombardea la prensa a diario acerca de esta realidad que es para el Estado la verdadera problemática a resolver. Sin embargo, hay un tema controversial para nuestro gremio docente y para el cual nadie nunca se preparó. Esta vieja máquina, obsoleta por lo demás, nunca tuvo un plan de contingencia verdaderamente apto para la envergadura del problema.

La reacción por sobre la prevención. Cuando vemos entre líneas las acciones de las autoridades podemos determinar que en Chile nada ocurre a nivel oficial sin que antes haya sucedido una tragedia o desgracia. Podemos determinar que cada gobierno ha actuado sobre la coyuntura y no desde la planificación. Para este año y esta pandemia pasaron 15 días del inicio de clases para determinar una suspensión progresiva y aún estando en el pick, se proponía experimentar el retorno a clases. Ninguna medida que diera calma, más bien angustia.

Con todos estos antecedentes cabe preguntarse ¿Cómo sobrelleva esto un profesor?  Neil propone que hay dos clases de profesores, los que no quieren envejecer y los que no quieren ser adultos. Bajo esta declaración de un erudito en el tema, es sencillo saber más o menos como está afectando al gremio las medidas de confinamiento y de cambios curriculares que impuso el gobierno. Para aquellos docentes que nos reflejamos en los estudiantes y queremos ser tan niños como ellos, el encierro destruye poco a poco el ímpetu y las clases online solo dan la oportunidad de jugar al youtuber en el plano vacío de la virtualidad de internet. Este tipo de adulto sufre por no poder interactuar de manera presencial con sus estudiantes, hay una perdida en la calidad humana de la interacción y estamos a un clikc de abandonar cualquier logro.

Para la otra mitad, puede que las clases desde la casa los haya favorecido, puede que se sientan cómodos de no tener que enfrentarse a una sala llena de jóvenes y descansen de lo agobiante que es para ellos su trabajo. Sin embargo, es transversal en ambos casos falta capacidad para enfrentar la situación. Particularmente pienso que no son culpables de ser incompetentes en lo que a educación a distancia se refiere ya que ningún profesor se preparó para dar clases de forma telemática, y peor aún, ninguno se imaginó que algún día esta sería la única forma de trabajar. Para todo docente ha significado un desgaste, un trabajo extra, una nueva manera de trabajar. No niego, obviamente, que existan casos en los que puede funcionar un aprendizaje a distancia, sin embargo, existe para todos los casos de la educación en Chile una problemática que ya había planteado Freire hace tiempo: ¨Es una pena que el carácter socializante de la escuela, lo que hay de informal en la experiencia que se vive en ella, de formación o de deformación, sea desatendido. Se habla casi exclusivamente de la enseñanza de los contenidos¨ Esta cita por muy antigua que parezca se replica a diario incluso antes de la pandemia. De todas maneras siempre se ha restado importancia y merito a estas interacciones que crean conciencias en los estudiantes. Esto atrajo como consecuencia que al momento de proponer una alternativa para la educación a distancia se obviara nuevamente este factor importantísimo. Por mi parte, creo que la escuela es un espacio de interacción humana y después está lo demás. Ojo, no se trata de que no aprendan nada o que las clases serán un conventilleo de problemas personales, más bien creo que se tiene que iniciar desde ahí, desde ese universo humano de historias personales y vivencias individuales, desde ahí se empieza a ejercer la pedagogía. Lamentablemente, y seré enfático en asegurarlo, esto no se logra a través de la pantalla de un computador. Ahora lo que viene después acerca de contenidos está escrito en innumerables registros académicos, del estado y de la investigación.

Sir Ken Robinson dijo alguna vez que no se trata de estandarizar la educación, se trata de subir el estándar de la educación.  Ken Robinson tiene razón, en varios aspectos, pero particularmente al pensar que la educación es orgánica y no lineal. Los profesores que comprendemos esta teoría y más aún la llevamos a la práctica nos sentimos atados de manos ante la contingencia. Si ya en un colegio se torna complejo proponer clases desde esta perspectiva, a través de un computador se torna mucho más difícil. Un desgaste mayor, una planificación mayor, un desafío mayor.

En conclusión, la respuesta acerca del estado crítico de la educación es categórico. Siempre la educación estará en crisis. Siempre habrá un modo de desgastar la labor docente, siempre ante cualquier eventualidad la respuesta del Estado dejará personas fuera y nunca se logrará un equilibrio que calme las aguas. El sistema está mal y no tiene cura, pero estamos acostumbrados a quedarnos con las cosas malas y tratar de repararlas sin realmente dar un salto a los nuevos tiempos. Sir Ken Robinson dijo alguna vez que nuestros estudiantes trabajarán en empleos que aún no existen porque aún no se han inventado. Bajo esa lógica en Chile nos quedamos en los años 80 y recién estamos dando el paso para pertenecer a los 90 y ojo, estamos en el 2020.