La cultura en el Antropoceno

En Punto de vista (26 de agosto de 2019)

(*) Por Jorge Bozo Marambio


En el año 2000 dos científicos propusieron un nuevo tiempo geológico, el Antropoceno [1]; poco después, la comunidad geológica comenzó a investigar las evidencias científicas llegando a constituir el Grupo de Trabajo del Antropoceno, donde investigadores interdisciplinarios de las ciencias naturales sociales y humanas examinaron posibles marcadores y periodizaciones de una nueva época geológica, pero lo más relevante, estableciendo al Antropoceno como una dimensión más allá de la ciencia natural, lo instalaron como un concepto cultural [2] El Antropoceno se sitúa como el concepto filosófico, religioso, antropológico y político más decisivo producido hasta el momento como una alternativa a las nociones mismas de “moderno” y “modernidad”.[3]

El Antropoceno ha captado el interés de las ciencias, los medios y la política, convirtiéndose en un asunto con implicaciones culturales, que viene a romper las fronteras entre ciencia y sociedad. Ésta es quizás su mayor importancia, un concepto cultural que disipa los límites establecidos en muchos ámbitos, abriendo la posibilidad de liberarnos de dicotomías tradicionales, como naturaleza-cultura [4]. En síntesis, podríamos decir que ya no existen los dilemas paradigmáticos, sino los multilemas de una naturaleza cultural (o cultura natural); multilemas dispuestos a la conciencia humanista del Antropoceno como el camino para la transformación de la vida tal cual la conocemos.

Una epistemología cultural para el Antropoceno

El actual modelo de desarrollo tiene a su base una relación histórica con la ciencia tradicional; epistemología occidental (del norte) y políticas republicanas, han aportado decididamente a la actual situación de desastre en el que nos encontramos. Desde hace dos siglos somos colonizados por los mismos agentes del progreso y la modernidad, viviendo una concepción productivista que impone un modelo de desarrollo insostenible en el corto plazo para los pueblos del sur del planeta y para la especie humana del resto del mundo en el mediano plazo. El eurocentrismo como idea de mundialización capitalista aún sostiene un relato de desarrollo basado en la dominación de la naturaleza que no ha hecho otra cosa que conducir a la explotación excesiva y despreocupada de los recursos naturales y la resultante catástrofe ecológica con la que nos vemos obligados a convivir.

Resulta urgente buscar una salida a este laberinto, un modelo diferente de desarrollo que permita en las próximas décadas reconstruirnos como sociedad. Pero no es fácil, porque esto presenta un enorme problema a resolver especialmente al interior de la ciencia; el de la crisis epistemológica de la misma. El desafío está en construir una nueva epistemología (del sur), que coloque al centro los nuevos paradigmas en debate con la profunda crisis en la que se encuentra el saber occidental. Una nueva propuesta epistemológica que traiga al debate – en serio – la centralidad de la sustentabilidad, y con ella, todos aquellos saberes ignorados por la modernidad, especialmente aquellos que por miles de años han contemplado a la naturaleza como complemento de la humanidad[5].

Para lograr este cambio serán necesarios enfoques y estrategias emancipadoras que se vuelquen a la vida cotidiana, procesos que impliquen el protagonismo de los participantes directamente involucrados. Esto plantea varios retos a las lógicas habituales de investigación e intervención social, es decir, define una nueva relación entre interventor e intervenido. El inicio de lo que podríamos llamar la culturización del Antropoceno deberá romper una serie de dicotomías; a) la distinción entre ciencias naturales y humanas, o entre sujeto-objeto (podemos comenzar a hablar de un sujeto en proceso); b) la distinción entre investigador – investigado reemplazándola por la noción de sujeto autónomo, donde el sujeto en proceso actúa como quien tiene la capacidad de auto gobernarse y autodirigirse.

Retomando el concepto de la praxis estaremos obligados a encadenar el conocer el intervenir y el hacer sobre la realidad para transformarla. Será necesario construir espacios agentes y procesos desde los cuales producir conocimiento para transformar la vida, actuando observando, haciendo e instalando experiencias de autoaprendizaje y participación para producir la contención sustentable al actual modelo industrial.

Si en la acción cultural todos somos filósofos porque es inevitable, valdría la pena preguntarse si acaso, es preferible pensar sin tener conocimiento crítico, de manera disgregada y ocasional, es decir, participar de una concepción del mundo impuesta mecánicamente por el ambiente externo; o; es preferible elaborar la propia concepción del mundo de manera consciente y crítica, y, por lo mismo, escoger la propia esfera de actividad, participar activamente en la elaboración de la historia del mundo, ser el guía de sí mismo y no aceptar del exterior, pasiva y supinamente, la huella que se imprime sobre la propia personalidad[6].

Una educación para la sustentabilidad, no podrá ser de afuera hacia dentro, ni realizada por un agente externo al que aprende; tampoco podrá desenfocarse de la realidad vivida y actuada por los educandos; deberá buscarse una educación subjetivadora – no objetivante – rechazando la concepción educativa como la relación entre un polo que actúa pensando y otro que sólo recibe pensamientos. Un sujeto en proceso sabe de sí mismo y en virtud de ese saber, se transforma y transforma su entorno a través de la praxis [7].

Para comenzar procesos sustentables, se ha de requerir un ciencia distinta, un tipo de investigación acción participativa, que reivindique la razón y la emoción como saberes combinados sentí/pensantes; conocimientos y saberes que tensionen la racionalidad académica y capitalicen la capacidad transformadora de sujetos autónomos en proceso de revertir su situación de oprimidos [8]. Serán necesarios métodos de autodiagnóstico, autoanálisis, planificación y evaluación participativa, estrategias centrales para una transformación sustentable, donde se empape con aquella ecología de saberes ya existentes en la vida cotidiana desde donde han surgido las diversas viejas y nobles referencias metodológicas marginadas por el sistema actual: la educación popular, la investigación acción, la co-investigación activista, la planificación estratégica situacional, el análisis de redes sociales, los diagnósticos rurales participativos, las cartografías sociales, la animación socio cultural, entre tantas otras.

La encrucijada es metodológica; o ¿cómo estamos de preparad@s para la transformación sustentable en la vida cotidiana de las comunidades?

El actual escenario de desastre plantea diagnósticos políticos sociales económicos y culturales clarísimos de nuestra situación planetaria, ante los cuales no solo se requiere un profundo cambio en la base del modelo industrial empresarial, sino en las prácticas cotidianas de todas las escalas sociales; colocando como ejemplo la siguiente afirmación; “iré a Berlín mañana” depende de una multitud de objetos, sustancias, procesos e instituciones de la dimensión cotidiana, que yo controlo sólo parcialmente, o no controlo en absoluto (cafeína, trigo, aspirina, gasolina, caucho, asfalto, carreteras, fabricantes de automóviles, control del tráfico aéreo, horarios, equipaje y redes de teléfonos celulares, definiciones políticas, actitudes socioculturales, relaciones humanas, por nombrar sólo algunos)[9]; son prácticas diarias que requieren de una conciencia sustentable para avanzar a un cambio como tarea de todos y todas.

La sociopraxis aparece como una metodología que propone una alternativa de solución a la concienciación; siendo parte de la epistemología del sur reúne distintas aproximaciones críticas e implicativas; está orientada a la resolución de problemas sociales concretos definidos por los propios sujetos a partir de escenarios reflexivos para la acción y la transformación de las comunidades sociales. La sociopraxis plantea producir sociedad y sujeto al mismo tiempo [10].

La sociopraxis propone al menos tres niveles para el ejercicio de una nueva sustentabilidad planetaria a partir del trabajo con las comunidades sociales;

  1. un nivel epistemológico (sentido)el individuo se pregunta sobre la realidad y abre camino para actuar y transformarla; es un individuo reflexivo y activo que se transforma siendo protagonista de sus procesos de acción y cambio social;
  1. un nivel metodológico (estrategia)implementando un tipo de investigación acción participativa, que aporta a construir conocimiento colectivo desde los propios sujetos, poniendo al centro sus saberes para entender el mundo y tratar de cambiarlo;
  1. un nivel tecnológico (técnicas)donde se conjugan de manera concreta las problemáticas comunitarias y las diversas herramientas para la participación;mapeos sociales, líneas de tiempo, memorias locales, cartografías sociales, teatro del oprimido, animación sociocultural, sociogramas, flujogramas, facilitan la construcción de un sujeto en proceso (autoconciencia colectiva), y a través de prácticas sociales, la construcción de una cultura que avanza hacia un mejor Antropoceno, donde el medio ambiente será lo que hagamos de él[11].

En conclusión un buen Antropoceno exigirá que utilicemos nuestros crecientes poderes sociales, culturales, metodológicos y tecnológicos para mejorar nuestras vidas y la de otras personas; con ello estabilizar el clima, proteger el mundo natural y mejorar nuestro espacio social [12].


(*) Sociólogo, Magíster en Sociología. Doctorante Estudios Transdiciplinares Latinoamericanos, Universidad Academia de Humanismo Cristiano

 

 

[1] CRUTZEN, P y STOERMER E, (2000) “El Antropoceno”. Programa Internacional Geosfera-Biosfera. News Letter Global Change, Boletin N° 41.

[2] TRISCHLER, H, (2017) “El Antropoceno, ¿un concepto geológico o cultural, o ambos?”. Desacatos 54, mayo-agosto 2017, pp. 40-57 Ludwig-Maximilians – Universität Munchen, Múnich, Alemania.

[3] LATOUR, B, (2014) “Agency at the Time of the Anthropocene”, en New Literary History, vol. 45, núm. 1, pp. 1-18

[4] Ibidem

[5] SOUSA SANTOS, B, (2009) “Una epistemología del sur”. SXXI, México.

[6] GRAMCSI, A, (1949) “Los intelectuales y la organización de la cultura”.

[7] FREIRE, P, (1977) “Pedagogía de la esperanza, Editorial SXXI”.

[8] BORDA, F, (1978) “Por la praxis: el problema de cómo investigar la realidad para transformarla”, en Simposio Mundial de Cartagena, Crítica y política en ciencias sociales, Bogotá, Punta de Lanza-Universidad de Los Andes.

[9] HEISE, U, (2015) “Posthumanism. Reimagining the Human”, en Nina Möllers, Christian Schwägerl y Helmuth Trischler (eds.), Welcome to the Anthropocene. The Earth in Our Hands, Deutsches Museum Verlag, Múnich, pp. 38-42.

[10] VILLASANTE, T, R, (2000) “Investigación social participativa, construyendo ciudadanía”. El viejo topo. España.

[11] ELLIS, E (2015) “The Used Earth. Embracing Our History as Transformers”, en Nina Möllers, Christian Schwägerl y Helmuth Trischler (eds.), Welcome to the Anthropocene. The Earth in Our Hands, Deutsches Museum Verlag, Múnich, pp. 52-55.

[12]ASAFU-ADJAYE, J, (2015) “An Ecomodernist Manifesto”. Disponible en línea: <https://www.ecomodernism.org/manifesto-english.