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Punto de vista

Miéntannos mejor

(*) Por Álvaro Ramis

Amigos del rechazo, de las terceras vías, de las cocinas parlamentarias y las comisiones mixtas. Vengo a decirles muy sinceramente que se esfuercen un poco más y que nos mientan mejor. He estado siguiendo su andanada de cartas, columnas alarmantes, noticias rebuscadas y encuestas amañadas por sus agencias preferidas y todavía no logro asustarme por el curso de la Convención Constitucional. Tal vez es mi culpa. Ya nada me asombra viniendo de ustedes, porque como en el cuento de “Pedrito y el lobo” ya han agotado su capital de confianza.

Recuerdo que en 1988 nos dijeron que el triunfo del No iba a llevar al país al caos. No era una metáfora, lo dijeron una y otra vez y con todas sus letras. Y después lo repitieron en cada ocasión en que se trató de legislar en contra de sus preferencias o de sus intereses. La ley de divorcio destruiría la familia, el fin de la discriminación entre hijos nacidos fuera del matrimonio y la despenalización de la homosexualidad nos llevaría a la inmoralidad, la gratuidad de las universidades sería la hecatombe, las reformas tributarias nos dejarían en bancarrota y así, una larga lista de inmensas tragedias que tardaría mucho en ser recordada.

El valor político de una mentira radica en su credibilidad. Pero a estas alturas se ve pobre su empeño, cuando los voceros de la nueva desgracia son los mismos que buscaron durante décadas impedir los cambios, y cuando los toleraron fue bajo la ley del gatopardo, para dejarlo todo como estaba. Les repaso algunos de sus bulos, medias verdades, mentiras completas y embustes para despistados, sólo para que se den cuenta de lo básico que es su empeño.

Dicen que la Convención va a expropiar los fondos previsionales. Aunque ningún convencional, ni el más radicalizado de ellos, ha propuesto una medida que se asemeje a eso y si alguno lo hiciera nunca llegaría a tener el mínimo apoyo para conseguirlo. Incluso el Gobierno ha anunciado que patrocinará una reforma a la actual constitución para declarar inexpropiables los fondos previsionales. Pero no hay caso, su afán de construir leyendas urbanas sigue su curso sin importar la evidencia.

Nos quieren hacen creer que la plurinacionalidad es el fin del Chile tal como lo conocemos. Es cierto, el Chile centralista y discriminador puede comenzar a cambiar al reconocer a los pueblos preexistentes al Estado. Es verdad que ya no tendremos un país que niega sus raíces ancestrales. Pero seguirá siendo el mismo Chile de hoy, sumando una nueva riqueza y patrimonio inmaterial que nos constituirá en un país mejor. Será un Chile más rico, más diverso, donde nada se perderá y mucho se gana en diversidad, apertura cultural y pluralidad institucional al servicio de las personas.

Nos anuncian el fin del Senado como el fin de la democracia. No es necesario repasar el currículo de los senadores que lo afirman ni de los exparlamentarios que lo divulgan. Basta recordar que la Convención votó por 104 votos a favor de un sistema presidencial y bicameral que va a corregir los vicios de una institución cuestionada, reforzando su rol de representación regional. La experiencia comparada muestra que los sistemas bicamerales pierden legitimidad cuando no logran procesar la necesidad de cambios que reclama la sociedad y se instalan como feudos personales desligados de la representación de los territorios y las regiones a las que deben representar.

Amigos del rechazo y otros subterfugios contramayoritarios, les recuerdo que en el plebiscito del 25 de octubre de 2020 la opción por una Convención Mixta obtuvo 132 mil votos menos que la opción Rechazo. Proponer ahora esa misma fórmula, sugiriendo que el Congreso “corrija” a la mayoría legítima que se está expresando por 2/3 en la Convención Constitucional, refleja que sus convicciones democráticas no están muy afinadas.

Por favor, este es un debate entre personas adultas, nos merecemos una discusión de altura, sobre la base de razones fundadas, y no sobre engaños y tergiversaciones. No basta con movilizar los odios inmediatos, el “me gusta” o el “no me gusta”, la demonización y las interpretaciones conspirativas, que nunca podrán sustituir un debate de ideas, con respeto, en sereno intercambio en torno a una comunicación argumentada.

No nos tomen por imbéciles ni por ignorantes. Ustedes tienen acceso a enormes recursos financieros e institucionales, podrían levantar campañas más inteligentes y veraces. Lo digo con la mejor intención, ustedes pueden mucho más, crean en sus convicciones y no se escuden en el engaño y las campañas del terror porque ya no se les puede escuchar en serio. Atrévanse a debatir y el país entero será el que se beneficie.

(*) Rector Universidad Academia de Humanismo Cristiano.