Un nuevo desafío para formadores/as de formadores/as

En Punto de vista (23 de octubre de 2019)

(*) Por Andrés Parada Olivares

Sin duda alguna, todos los acontecimientos que en los últimos días han remecido a Chile deben hacernos pensar, reflexionar, criticar, emocionarnos, pero, por sobre todo, proponer. En esta ocasión desde nuestra tribuna de profesoras y profesores, ciudadanos y ciudadanas. Nosotros hombres y mujeres políticas que formamos a quienes serán los nuevos docentes, debemos, con urgencia, apropiarnos del impulso, de este nuevo ideario que miles y miles de jóvenes han instalado. Debemos resguardar y fomentar esta idea ciudadana que profesa que un país debe de administrarse para muchos y no para pocos. Proponer la construcción de un Chile nuevo, un Chile más justo y equitativo, un real espacio de bienestar y desarrollo social.

La propuesta de estos jóvenes ciudadanos y ciudadanas es simple, pero con una profunda raigambre democrática olvidada, o más bien escondida en el tiempo; el gobierno debe escuchar, conocer y comprender las necesidades y aspiraciones que el pueblo realmente tiene. ¿A caso no es esa la principal responsabilidad de aquellos y aquellas que hemos escogido para que administren lo que nos corresponde a todas y todos?

El desafío que tenemos los profesores y profesoras del futuro profesorado chileno es la necesidad pedagógico – educativa de situar, en el ideario profesional de nuestros estudiantes, que el rol del docente no solo está dentro de las salas de clases, escondida al interior de los muros de nuestras escuelas, colegios o liceos. Hoy, más que nunca, necesitamos de un profesorado que opine y proponga, desde la acción pedagógica ciudadana, la mejora o transformación total de nuestro sistema educativo.

La “reconstrucción”, (palabra puesta de moda por el actual gobierno), de nuestro sistema educativo, debe comenzar con nuestras convicciones ético profesionales, pedagógicas y educativas. La edificación de nuestro sistema educativo nunca más debe ponerse en manos de estadistas y burócratas que entienden la acción educativa como “una apuesta que pudiera dar frutos” argumentando que eso en otro lugar sí funcionó.

Henry Gioruox planteó que “las escuelas tienen que ser concebidas, replanteadas y reconstituidas como esferas democráticas contrapúblicas”, si extrapolamos esta misión a las facultades o escuelas de pedagogía, sin duda, tenemos tarea al momento de replantearnos nuestra labor formadora. Ojalá, nuestras tareas trasciendan más allá de la mera transmisión de conocimientos disciplinares, evaluativos, didácticos o normativos y sepamos reencontrarnos con el verdadero sentido que traen consigo la responsabilidad y el compromiso social de educar a aquellos y aquellas que educarán a la infancia que mantendrá a “Chile despierto”.

Formador/a de formadores, son los y las jóvenes, que en algún momento fueron nuestros/as estudiantes, quienes han hecho que “Chile despertara”, como suena incesantemente la consigna.

Tendremos, entonces, desde esta coyuntura social y política, una responsabilidad mayor. Tenemos el deber de velar porque aquella intención y acción ciudadana que despertó en este octubre de 2019, no decaiga en el tiempo, más bien perdure y se perpetúe en un nuevo Chile, uno de mujeres y hombres que incesantemente alcen la voz frente a las injusticias que nos azoten. ¡Atención formador/a de formadores/as, mantengamos alertas y construyamos conscientemente al profesorado que eduque ciudadanos libres, conscientes, reflexivos y capaces de una crítica de lo existente!

(*) Magíster en Historia, licenciado en Educación. Profesor de la Escuela de Pedagogía en Educación Básica, UAHC.