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Actividad enfrenta complejo escenarioCirco chileno vuelve a las pistas tras pandemia y acusa falta de apoyo institucional

A mediados de 2020 – en plena crisis pandémica global- el célebre Cirque du Soleil anunció el despido del 95% de su plantilla y se declaró en quiebra solicitando la protección de la ley canadiense de Acuerdos y Acreedores de Empresas. ¿Qué queda para el circo nómada chileno?, se preguntaban a nivel local los principales exponentes de un arte tradicional que se niega a desaparecer pese a vivir una precariedad asfixiante. A fines de ese 2020, el Gobierno autorizó el regreso al espectáculo de los circos a las comunas en fase 4 de apertura. Localidades extremas del norte y el sur de Chile pudieron ver de nuevo las carpas y las luces y escuchar la música de la pista, pero con un aforo reducido al máximo por la distancia social. El mes del circo de este año se alza así tímidamente después de un año y medio de restricciones y protocolos, con muchas bajas de artistas que abandonaron su fuente laboral, se reconvirtieron a otras actividades y un público esquivo aún temeroso del contagio.

Ningún circo podría sobrevivir más cuarentenas con los aforos permitidos: ni los circos pequeños por las exigencias de reunión para sólo 50 personas por función, ni los circos grandes que deben costear generadores de combustible o elencos numerosos. Nadie puede vivir de eso, ni siquiera los circos familiares, si consideras que un cuarto de lo ganado se va en mantenimiento. Ha sido algo muy dramático”, explica Sigisfredo Olave (84), artista de circo y autor de “El último Tony: las vivencias del Tony Cocoliche”, personaje que Olave interpreta desde los 7 años de edad.

Como observador del trágico destino de los circos chilenos desde la irrupción del coronavirus en escena, considera que las políticas sanitarias han sido draconianas y han generado un daño casi irreparable en esta larga pausa que paralizó a las compañías. Muchos de sus conocidos históricos, cuenta, decidieron a pocos meses de detenido el show, no volver a dedicarse al circo. “Partieron vendiendo sus utilerías, los vehículos o cambiando de giro porque se dieron cuenta de que vendiendo comida preparada ganaban más. Otros se quedaron trabajando en el norte evitando las cuarentenas, pero no puedes sostenerte todo el año actuando en un mismo lugar sin sufrir desgaste”, declara el tony hoy reconvertido a la redacción de sus memorias y a las clases universitarias donde imparte interesantes relatos del circo de antaño.

Olave, nacido en 1938, cuenta que mucho antes de la pandemia, la larga caravana circense estaba acostumbrada a la libertad de desplazamiento o a sumar nuevas funciones en temporadas altas como septiembre. Esto, “desde la época en que las carpas se iluminaban con chonchones de carburo o parafina para iluminar la pista y que las compañías, movilizadas en carreta, realizaban largas itinerancias instalándose pueblo por medio por todo el país deteniéndose sólo durante el invierno”, recuerda.

Artistas en el abandono

Hoy en día, el tony Cocoliche es docente en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano donde, en su rol de tesoro humano vivo, aporta con sus legendarias crónicas en este mes conmemorativo del arte circense, ya saliendo de un período sombrío. Al respecto, el también profesor de la UAHC y fundador del Circo del Mundo Chile, Bartolomé Silva, considera que el período seguirá siendo crítico para la gente de circo por un asunto institucional previo a la pandemia, incluso.

“En general las artes han sufrido mucho la pandemia del coronavirus, pero en particular el mundo del circo que vive exclusivamente de la carpa y el show. A diferencia de otras expresiones, no vive de proyectos o fondos asignados. Si bien ahora se puede postular a ciertos programas y recursos, no es un sector que cuente con mucha experiencia en la realización de estos proyectos o sus postulaciones. Y aunque puedan postular, los artistas circenses pasan una situación crítica porque su vida cotidiana está íntimamente ligada a su producción artística. Es distinto a lo que pasa con el mundo teatral que, al menos, cuenta con otras ventanas de ayuda institucional como Fondart o el aporte de fundaciones”, señala Silva. “Desde el punto de vista de esas audiencias, a diferencia de un restaurante u otros espacios, hablar de distancia social en un circo es muy difícil”, agrega.

El docente plantea que muchos de estos intérpretes y equipo del arte circense han debido reinventarse con sus implementos y vehículos para realizar fletes o vender verduras. Circos legendarios, los más importantes y visibles, han podido sortear mejor este período, pero al abrir para muy poco público han debido recortar también ganancias para sus trabajadores o la mantención, dice Silva: “Pienso que los cirqueros se han visto abandonados y el Gobierno ha actuado muy tarde con ellos. Quizás se debió considerar un aporte anual o semestral pensando en otorgar a esas familias alguna garantía de subsistencia, al menos. En palabras más simples, el circo vive del show y no habiendo show, simplemente no hay ingresos”

Desde la Escuela de Cine y Teatro de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, su directora y académica Iria Retuerto coincide en el lamentable panorama que vive el artista de circo chileno ya venía viviendo una precariedad histórica pese a su relevante rol cultural social y patrimonial. “El arte circense se ha visto afectado desde múltiples aristas ya que no ha sido considerado con más fuerza desde el ámbito de la política cultural, pese a tratarse de disciplinas complejas, un arte de riesgo y de cuerpo. Que a través del ejercicio del clown, por ejemplo, también opera como espejo de la sociedad y de nosotros. Me parece una pena esta situación sanitaria y laboral en que los artistas de circo se las deban arreglar por sí mismos”, sostiene la también docente del Diplomado en Artes Circenses de la UAHC. Destaca, por otro lado, lo que el circo entrega a la comunidad a través del circo tradicional, el circo contemporáneo y la vinculación social a través de su trabajo directo con poblaciones vulnerables.

Bartolomé Silva va algo más allá y lamenta también la ocurrencia de un factor importante de salud mental que tampoco ha sido tomado en cuenta. “Muchos de estos artistas están atravesando una profunda depresión. Hay que entender que, para ellos, es la pista el lugar donde se realizan profesional y humanamente. Salvo algunos anuncios de apertura, no hemos visto ninguna resolución o propuesta de ayuda integral que vaya en ayuda del circo chileno”, lamenta. El tony Cocoliche, también es pesimista al respecto con el escenario actual que si bien permite regresar al circo, exige un período de recuperación delicado. “Quizás este año mejore la cosa, pero me cuesta ser optimista. Es muy probable que los empresarios circenses que ya llevan varios meses sin capital, deban guardar sus circos para siempre”, advierte don Sigisfredo.