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12 de noviembre de 2021

Académico UAHC reflexionaHistoriador José Bengoa evalúa escenario de un Estado Plurinacional y escalada de violencia institucional en la macrozona

(*) Entrevista publicada en El Desconcierto

Tras su segunda prórroga, el Congreso resolvió el martes 9 de noviembre alargar el Estado de Excepción Constitucional de Emergencia que rige en las provincias de Malleco y Cautín, en La Araucanía; y la de Arauco en el Biobío desde el 12 de octubre. Una decisión que ha sido polémica desde el inicio por las consecuencias que conlleva la militarización de la zona, hecho ante el cual incluso la ONU ha mostrado su preocupación.

Desde la llegada de los militares la violencia no ha hecho más que aumentar. Recientemente un comunero mapuche falleció y otras tres personas resultaron heridas en circunstancias que todavía se investigan, pero en las que estaría implicada la Armada. Días antes se habían registrado varios incendios (en una escuela, un templo y un predio) y el descarrilamiento de un tren de carga.

Lejos de apagarse, el conflicto entre el pueblo mapuche y el Estado chileno sigue avivándose y las medidas del gobierno, hasta ahora, no han mejorado la situación. Sobre el escenario que vive por estos días el sur del país y lo que podría avecinarse (si no hay cambios en la gestión del conflicto) este medio conversa con el historiador, antropólogo y académico de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC) José Bengoa.

-¿Qué opina de la decisión que tomó el Congreso de extender el Estado de Excepción en la Macrozona Sur?

Lamento mucho que se haya aprobado el Estado de Sitio porque eso, no tengo la menor duda, va a llevar a mayor violencia. Se está produciendo una escalada del conflicto y eso es lo peor que puede ocurrir. En términos generales, son los estados los que producen una escalada en los conflictos: uno sabe dónde empieza, pero no sabe dónde termina el conflicto. Evitar estas escaladas que se escapan de las manos es una responsabilidad fundamental del Estado, el gobierno y el gobernante. Lo que se necesita es, precisamente, desescalar el conflicto. En los últimos años se ha ido pasando de un conflicto histórico a un conflicto de más altas dosis de violencia producto de una acción irresponsable del Estado. Aplicar el Estado de Emergencia es una temeridad y una falta de prudencia del gobernante que llevará a un mayor conflicto.

-¿Qué acciones han sido irresponsables?

Por ejemplo, el caso del Comando Jungla, mandar a un grupo de gente a estudiar lucha antiterrorista a Colombia. Eso no tenía nada que ver en ese momento: el conflicto era histórico, por las tierras, por las discriminaciones, y se producían actos de violencia entre comunidades y Carabineros. La acción provoca siempre reacción y no pensar en ello es un absurdo y una irresponsabilidad del Gobierno. El futuro exige a los nuevos gobernantes desescalar este conflicto porque la paz no es llegar y hacerla.

-En el transcurso del conflicto, ¿el Gobierno de Sebastián Piñera marca un aumento de la escalada de violencia provocada por el Estado?

Ha aumentado, pero desde hace 20 años y durante el gobierno de la Concertación no se ha producido un proceso de desescalamiento efectivo. No hubo medidas de ninguna naturaleza. La sociedad ha sido muy ciega y lo único que solicita al Estado central es fuerza militar, policial, represión y más represión. Las políticas que tienden a desescalar y establecer bases mínimas de arreglos no se han hecho. Participé en la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato que presidió el ex presidente (Patricio) Aylwin y ahí hubo un acuerdo bastante grande entre personas de los distintos grupos de indígenas de Chile y gente de derecha como Felipe Larraín o Ricardo Rivadeneira. Pero fue tal la oposición y el griterío que hubo frente a eso, que no pasó nada. Se metió el documento en el cajón de un escritorio hasta hoy. La presidenta (Michelle) Bachelet, al final de su mandato, trató de sacarlo, pero tampoco pasó nada. Después vino el Convenio 179 y la consulta, pero no se hizo cargo nadie de aquello y se terminó con un sistema de consulta bastante vergonzoso, un reglamento que no sirve para nada.

-¿Cómo hay que leer esta escalada de violencia de los últimos meses?

Hay varias reflexiones. Existe una ceguera con el tema de la propiedad privada. En la zona central de Chile la propiedad privada – latifundios, haciendas, la propiedad en las ciudades, etc.– se constituyó aproximadamente en 1600. Pero del Bío Bío al sur, la propiedad ni se constituyó en el siglo XX. Se constituyó, se desconstituyó, se destruyó, etc. Son situaciones muy distintas la que hay ahí, donde la propiedad privada está en proceso de usurpación, de idas y vueltas, a diferencia del resto del país. Eso es muy poco entendido por la prensa, por la sociedad chilena de la zona central y nada entendido por los sectores de gobierno. Otro factor es la desinformación. El ministro de Interior (Rodrigo Delgado) dijo que hubo dos personas fallecidas (en los acontecimientos que ocurrieron dos semanas atrás). Pero no fue así y, después de dar por muerta a una persona, ni siquiera pide perdón. No sabemos qué ocurrió. Mi recomendación es que cuando lleguen noticias del sur, pongan una gran duda e interrogación porque hay muchos intereses en juego y mucha mentira y falsedades. El ejemplo más claro fue el caso de Camilo Catrillanca.

-Hace unos días apareció un video del grupo Weichan Auka Mapu, reivindicando algunos ataques. ¿Cómo habría que lidiar con este tipo de organizaciones?

No conozco a esta organización, por lo que no puedo decir nada a favor ni en contra. Hay que ser muy cuidadoso con las noticias que nos llegan del sur. Hace mucho tiempo que no he podido estar en el sur y no sé muy bien en qué consiste ese grupo. Es un grupo muy hermético, pero a mí no me consta nada. No me sirve ver un video porque puede ser verdad o un montaje y no tengo información, ni en un sentido ni en el otro. Si se está pidiendo el Estado de Emergencia y justamente sale un video de estas características que ocupa el mismo presidente para pedir este Estado de Emergencia, a mí me entran una cantidad de dudas enorme.

-¿Qué valor le da a la consulta ciudadana sobre la prolongación del Estado de Excepción? Votó 17% de quienes sufragaron en la última elección de La Araucanía y una mayoría del 80% optó por mantenerlo.

Los mapuche no votaron en esta consulta, votó la gente de la Asociación de Municipalidades de La Araucanía, AMRA, y la gente que está por el gobernador (Luciano Rivas, organizador de la consulta). No le doy ningún valor especial. Son procesos organizados para justificar lo que se quería obtener. Este Estado de Emergencia que no va a resolver absolutamente nada, sino que va a apagar el fuego con bencina.

-El primer Estado de Emergencia que se declaró fue el 12 de octubre, coincidiendo con la revelación de los Papeles de Pandora ¿Hubo oportunismo en decretarlo en ese momento?

A nadie se le escapa eso. Poner estas ideas de mano dura es la solución más fácil. Hay mucha literatura sobre eso relacionada con los conflictos abiertos en distintas partes del mundo.

-¿Qué cambios se requieren para frenar esta escalada de violencia?

Cambios políticos muy importantes, pero sobre todo un cambio en la mentalidad nacional en términos de trato discriminatorio, que muchas veces se sobrepone con el racismo. Es una llaga abierta en la sociedad chilena desde siempre. Esta sociedad se construyó sobre una relación colonial, de conquista, de explotación, de extracción. Y el colonizador lo que mira es qué puede sacar del lugar, con una mirada utilitarista de los territorios, y eso es una cuestión muy profunda que hay en Chile. Quizás es la cuestión más profunda de la cultura nacional, que hoy está en cuestión por parte de algunos sectores de la sociedad, pero a muchos otros no les hace mella este proceso. Mientras no cambien las relaciones de discriminación, no habrá paz en el sur. Obviamente, la paz y el acuerdo pasan por unas relaciones culturales diferentes. Si no hay ese cambio de fondo, se podrá llegar a acuerdos o establecer ciertos arreglos parciales, pero la pacificación, la tranquilidad, la convivencia y la vida en común va a ser imposible. Los llamados a la paz o a las (acciones de) organizaciones internacionales no tienen condiciones en estos momentos.

-En este sentido que plantea, ¿la Convención Constitucional y el rol de la presidenta Elisa Loncon pueden empujar hacia un mayor diálogo?

Por supuesto. Hay un comienzo de apertura, de nuevos aires, de nuevas miradas. En 1991 se envió al Congreso la Reforma Constitucional que reconocía a los pueblos indígenas de Chile. Eso se metió en un cajón y ahí duerme hasta hoy. Chile es de los pocos países de América Latina que no reconoce la existencia de pueblos indígenas y durante este largo período no se ha hecho ningún esfuerzo por cambiar aquello. Ante cualquier intento, siempre trataban de inventar cualquier subterfugio y eso es no pensar que la gente que pertenece a los pueblos indígenas son personas extremadamente cultas como Elisa Loncon o Natividad (Llanquileo). Esa es una ofensa que cometió el Estado chileno. La Constituyente tiene una tarea muy grande de establecer algo que no sean puras palabras, que sea más profundo para que comience a cambiar poco a poco la mirada y las relaciones interétnicas entre pueblos y naciones de este territorio.

-Esto va más allá de declarar el Estado de Chile como un estado plurinacional…

Por supuesto. Por ejemplo, a nivel político, en los municipios de La Araucanía no hay ningún sistema de representación de las comunidades mapuche. En términos políticos e institucionales no existen. La Municipalidad de Puerto Saavedra, donde el 80% de la población es mapuche, se rige por las mismas normas institucionales que cualquier otra. No tienen ninguna voz en este espacio y en el mundo regional tampoco. La gente mapuche no votó por el gobernador de La Araucanía. Si esto no lo cambia la Constituyente, no va a servir para nada. No servirá de nada tener un plurinacionalismo. El escenario hoy sigue muy complicado y existe mucha negativa. Frente a eso no me extraña que muchos crean que la única forma es a balazos. Yo soy una persona de paz y creo que con eso no se llega a nada y que, en ese camino, perdemos todos.

-En algunas entrevistas ha hablado de la emergencia indígena que se vive hoy en América Latina ¿Ese ambiente aplica también en Chile?

Claro. Este es un movimiento internacional. Muchos creen que esto es una patraña, pero eso es ser ignorante. En Perú el presidente se llama Pedro Castillo y viene de Cajamarca; en Ecuador el Movimiento Pachakutik estuvo a punto de pasar a segunda vuelta; en Colombia es gigantesco y también en México. A eso le hemos llamado emergencia indígena porque son pueblos que estuvieron invisibilizados, negados, en distintos niveles. Eso se empezó a terminar y se terminó en Nueva Zelandia, Noruega, Canadá, Dinamarca y en muchos países del mundo. A los gobernantes chilenos les gusta mirar hacia estos lugares, pero solo por algunos elementos. En estos países la única vía por la que se ha parado la violencia ha sido con formas de acuerdo, de reconocimiento, de reparación, indemnización, etc. Eso es lo que hoy no se ha hecho y ojalá la Constituyente vaya en ese camino.