Antropólogo Luis Campos sobre afrodescendientes en Chile
“En Chile no hay reconocimiento, no están en el Censo, pero hay políticas públicas orientadas a resolver sus necesidades"

En Temas (22 de abril de 2016)

El reconocimiento, respeto de sus derechos y la no discriminación son algunos de los conceptos que afloran entre culturas tan distintas como la afrodescendiente y palestina. Realidades distintas, pero con componentes de segregación similar, según los expertos y representantes de estas comunidades  que participaron de la actividad “El Trauma Histórico y el Racismo en Comunidades Palestinas, Afroamericanas y Mapuche. La Resiliencia Intergeneracional”, organizada por  el Centro de Documentación e Investigación Indígena, RUCADUNGUN, en alianza con la Escuela de Antropología y la Cátedra Unesco.

En Chile no sabemos cuántos afrodescendientes existen. Sólo en Arica cerca de 8 mil 500 personas son de este origen, lo cual corresponde a un 4,7 por ciento del total de los habitantes de la región, así lo reflejó en su momento la primera encuesta de caracterización de la población afrodescendiente que fue aplicada en la XV Región de Arica y Parinacota por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en el 2013. Si bien los datos corresponden a una primera medición, para las diversas organizaciones ha sido el primer acercamiento de un lento y fallido reconocimiento que ha tenido el Estado chileno para esta población que, en su mayoría, viven en la ciudad de Arica y en los valles de Lluta y Azapa, ubicados en la zona norte del país.

En 2012 fue rechazada la petición de ser incluidos en el Censo  y al parecer tampoco serán considerados en el Censo Abreviado de 2017.  Lo preocupante es que cerca del 30 por ciento de los habitantes de América Latina corresponden a afrodescendientes y,  a diferencia de lo que ocurre en otros países de la región, el nuestro es uno de los pocos que ha tenido escaso avance en su reconocimiento formal que les permita identificarse como un pueblo con sus respectivos derechos legales, sociales y culturales.

“El objetivo es al reconocimiento, idealmente que ocurra lo mismo que con los indígenas  en otros países de la región que operan bajo el convenio 169 de la OIT y otros mecanismos internacionales. En Chile no hay reconocimiento, no están en el Censo, pero si hay políticas públicas orientadas a resolver sus necesidades, lo cual es paradójico”, sostuvo Luis Campos, docente de la Escuela de Antropología.

De hecho, según explica el antropólogo, la población afrodescendiente está presente en Chile desde 1950 y recién en 2000 causa sorpresa en las autoridades de ese entonces. Ese mismo año aparecen las primeras organizaciones afros comandadas por Oro Negro y luego otras varias,  siendo en la actualidad más de 40.

Steven Mitchell, quien actualmente realiza una maestría en administración de la educación urbana en la Universidad de Massachusetts, Boston y se especializa en la capacitación y creación de ambientes que promuevan la sensibilidad a la realidad de los estudiantes de color y afrodescendientes  y la integración de un enfoque holístico para el aprendizaje y el liderazgo juvenil urbano,  señala que el trabajo que realiza con jóvenes y la comunidad de color ha sido importante para el cambio de percepción de ellos mismos y su cultura.

“Todos sabemos que el mundo tiene racismo y cada país tiene sus propias formas de aplicarlo, por eso es importante enseñar a través de la educación, enseñar a los hijos para que puedan tener habilidades necesarias para lidiar con un sistema racista. Enseñar a jóvenes a entender la importancia de la igualdad; el respeto por su propia cultura y  orgullo en sí mismo. Esto ayuda a cambiar la manera de actuar y relacionarse con el mundo”, señala.

Para la comunidad palestina las temáticas pasan por la constante búsqueda de libertad y sobrevivencia.  El trauma que conlleva el despojo de sus hogares, y estar diariamente y por años sometidos a la violencia y ocupación  hacen que “el trauma para palestina siempre sea colectivo”, según explica  Devin Atallah psicoterapeuta, investigador del Departamento de Salud Global y Medicina Social en la Escuela de Medicina de Harvard, ha trabajado explorando el trauma intergeneracional y la resiliencia en familias que residen en campamentos de refugiados en Palestina.

En la oportunidad dio a conocer casos de menores, mujeres y gente mayor que viven el refugio y que han sobrevivido a la violencia, los traumas y al genocidio que se vive a diario en Palestina.

En ese sentido dijo que “hablar de resiliencia de un punto de vista eurocéntrico e individualista puede hacer que personas de color y grupos colonizados parezcan como si fueran culpables de sus propias dificultades, por ejemplo: el palestino es terrorista, el indígena es salvaje y el negro es violento.  Pues, cuando hablamos de comportamientos individuales, de trauma personal, o de la capacidad del individuo para recuperarse, debemos ser conscientes de cómo discursos racistas pueden contribuir al enmascaramiento de las injusticias sociales y la dominación global”.

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