En el año de la principal cumbre ambiental del planeta
La producción científica y académica que se prepara en la UAHC en el marco de la COP 25

En Temas (30 de agosto de 2019)

Mientras el gobierno de Chile prepara todo su protocolo y logística para ser país anfitrión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 25) y de la Cumbre de los Pueblos, esta última – que convoca a organizaciones territoriales y socioambientales alternativas – plantea ya sus propias objeciones a la política global de la convención de la ONU corriendo en forma paralela. Para entonces, entre el 2 y el 13 de diciembre de este año, la joven activista sueca, Greta Tumberg, afrontará el último tramo de su viaje por mar hacia Chile para entregar, desde una perspectiva ciudadana, su mensaje.

A fines de este mes la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile realizó su propia declaración sobre una postura y propuesta investigativa para afrontar el cambio climático y sus efectos a nivel local. Lo mismo han hecho en Chile agrupaciones de ex gobernadores de Rapa Nui y hasta grupos masones. Estos llamados no hacen sino destacar otras tibias manifestaciones que se han hecho en relevantes foros como el de las Islas del Pacífico o la Conferencia ONU para la Sociedad Civil.

Esa disonancia entre sociedad civil, institucionalidad y la ciencia desdibuja los caminos posibles para hacer frente a lo que la evidencia científica describe como un riesgo concreto y severo para la civilización. Un alza en la temperatura global sobre 1,5°C respecto del período preindustrial podría generar impactos aún más graves que los que actualmente experimenta la humanidad y sus ecosistemas. Propuestas de solución a esta problemática reunirán a científicos de 197 países en Chile, pero, ¿qué acciones urgentes y eficientes se plantean desde la Academia para concretar esta meta de reducir en un grado y medio la temperatura del planeta?.

Responde el profesor y economista Raúl González, director del Instituto de Humanidades que acoge, a su vez, el Magíster en Desarrollo Sustentable en Ambientes y Territorio de la UAHC: “Una problemática de esta envergadura y urgencia reclama un tratamiento transdisciplinario. A veces la especialización disciplinaria puede cumplir ciertos roles y tener cierta eficiencia para buscar acuerdos y soluciones, pero en general, para poder reconstruir un fenómeno y entenderlo plenamente en una sola disciplina, generalmente es una visión reductora que puede ser peligrosa porque las conclusiones de acción que se sacan de allí pueden encerrar el riesgo de no ver la complejidad del fenómeno”, señala.

Destaca a su vez la pertinencia de una reunión de coordinación como la que tuvo el rector Álvaro Ramis con diversas unidades de gestión, académicos y académicas de la universidad para socializar acciones, trabajo investigativo y otras líneas de interés para encarar la crisis global desde la universidad. “No podemos decir que somos una universidad que defiende los derechos humanos si no asumimos una postura clara de justicia ambiental. Más aún, en momentos en que es necesario declarar a nivel institucional la emergencia climática, tal como muchas universidades en el mundo lo están haciendo. Hacernos parte de este tema es una cultura que toda la comunidad universitaria debe asumir como un desafío de existencia. Que, si no se asume como especie, como necesidad de supervivencia, nos hace evadir el mayor de los riesgos de nuestra época”, señaló Ramis al asumir la acción ambiental como una de las prioridades de su administración.

Un catastro de propuestas verdes

A fines del mes de agosto, el Equipo de Infraestructura y Sustentabilidad, docentes de las carreras de geografía, derecho, antropología, sociología y el Instituto de Humanidades presentaron al rector las respectivas agendas que vinculan a la Academia con la COP 25 y otros encuentros relevantes en materia socioambiental. En la cita, la autoridad advirtió sobre el carácter apremiante de estas iniciativas en las que la UAHC puede aportar no solo con miras a la cumbre internacional, sino en un plazo que la trascienda.

Encuentros técnicos y humanistas, dentro y fuera de la universidad, variedad de talleres de divulgación científica para entendidos e introductorios sobre esta crisis abiertos a la comunidad, un diálogo de saberes ancestrales con los más recientes y la colaboración de la universidad con espacios para la realización de actividades de la Cumbre de los Pueblos, son algunas de las iniciativas de este catastro académico.  Se incluye también la realización de dos encuestas que miden el compromiso de la comunidad académica con la sustentabilidad de docentes funcionarios y estudiantes.

El rector y doctor en filosofía moral y política, dice haber percibido ese compromiso de manera apreciable en cuanto a las propuestas de docencia, investigación y vínculo con el medio. “Cada una de estas áreas, además tiene líneas muy claras respecto a la capacidad de la universidad de intervenir con propuestas claras muy consistentes y de gran impacto. Eso refleja que la Academia aporta a la sociedad chilena y al concierto del debate global respecto del cambio climático, una serie de elementos que constituyen conocimiento científico, pero también social que es pertinente y apropiado a los problemas de la actualidad”, señaló Ramis.

Un hito relevante es la comunicación de esta cultura de la sustentabilidad y de la emergencia ambiental. Al respecto, la geógrafa experta en crisis medioambientales y coordinadora del Magíster de Desarrollo Sustentable del Instituto de Humanidades, Daniela Escalona, manifiesta que este espacio de diálogo debe abarcar a toda la comunidad y lo ejemplifica con la cultura del consumidor de café que prefiere el vaso plástico a reutilizar un tazón. “Debemos ser capaces de llegar tanto a los y las estudiantes de la universidad, pero también hacerlo extensivo a la sociedad completa. Siento que el tema de la comunicación ambiental es un desafío para los que trabajamos en esto. Creo que el pecado que cometemos es que tratamos de crear conciencia entre quienes ya están convencidos, quienes ya tienen esa conciencia ambiental. Debemos apuntar precisamente a salir de ese círculo y llegar a otros lugares, otros espacios y otros actores”, argumenta la doctorante en Geografía.

Antes, durante y después de la COP 25

La especialista comenta además que, en el último tiempo, se ha transitado desde una rudimentaria educación ambiental a una propuesta que abarca la educación para la sustentabilidad y la comunicación para la sustentabilidad. “Una de las limitantes que tiene el tema es cómo difundirlo y cómo logramos que los otros entiendan la gravedad del tema y sean conscientes. Ante lo grave y lo grande del problema, muchas veces las personas se restan de todo. En ese sentido, la comunicación ambiental tiene que ser estratégica y reviste un tremendo desafío”, sostiene Escalona, quien, en este apartado, destaca el impulso que esta administración del plantel otorga al tema de la crisis ambiental.

Un asunto de importancia también para el Equipo de Infraestructura y Sustentabilidad, que ha realizado un sistemático trabajo por generar esta sensibilidad a nivel triestamental y que coordina las acciones ecológicas en el marco de la Red de Campus Sustentables. “Como unidad nos importa la sustentabilidad integrada a la totalidad de las dimensiones de una institución, que no solo se proyecte como un desafío en mejorar las condiciones ambientales dadas por el componente natural, sino que más bien apuntamos a una sustentabilidad como política de universidad, la cual configure las acciones y decisiones de la institución; articulando procesos más conscientes, más planificados y mejor ejecutados”, define Francisco Abarca, sobre esta gestión que también incide en criterios nacionales de acreditación universitaria .

La compleja meta de reducir la temperatura del globo en un grado y medio, comienza por casa, cree el rector Ramis. Para ello, la gente y la comunidad está desarrollando iniciativas valorables porque percibe la relevancia y la prioridad de esta problemática, cree. “Y no solo por el evento de la cumbre de la COP 25 -que es episódico- sino por la gravedad de los conflictos socio ambientales que afectan y están degradando la calidad de vida desde hace tantos años, que evidencian un deterioro y un agotamiento del modelo de desarrollo en Chile. Ese es el fondo de nuestro conflicto, es decir, cómo el modelo de desarrollo en nuestro país llegó a un punto donde no logra poder generar bienestar para la población, ya que la lleva a contradicciones propias de su naturaleza. La desertificación, el agotamiento de los recursos y los conflictos con el extractivismo”, indica el rector.

 

Conoce algunas iniciativas ambientales de esta temporada en la Academia

El Equipo de Infraestructura y Sustentabilidad, realiza diversos avances dentro de la red de Campus Sustentables que tienen que ver con la comunicación de buenas prácticas y de los nexos logrados entre empresas y otras universidades que se han plegado a este  trabajo con el entorno.

La Escuela de Sociología destaca la ejecución de diversos cursos de teoría sociológica contemporánea y sociología del desarrollo que se hace cargo de la problemática ambiental. También otras iniciativas territoriales en el marco del aniversario de esta Escuela.

El Instituto de Humanidades reitera los avances publicados en los informes del Núcleo de Investigación y Docencia en Ambiente y Sociedad (NIDAS) que se remontan a anteriores cumbres ambientales. Anticiparon también la realización columnas de opinión, conversatorios con estudiantes y la sociedad civil dentro y fuera de la universidad.

La Escuela de Ciencia Política mantiene la producción académica de docentes que permanentemente reflexionan sobre la cuestión ambiental en medios, proyectos de investigación sobre el asunto. Incluirán una declaración de docentes sobre cambio climático y la formación de voluntarios que asistirán en la COP 25.

La Escuela de Antropología está realizando una serie de investigaciones vinculadas al tema del cambio climático con docentes y organizaciones invitadas que contemplan trabajo etnográfico, participación de la sociedad y el conocimiento indígena ancestral en materia de cambio climático como recurso.

La Escuela de Derecho, cree necesario extender la influencia de sus clases y dinámicas, pero con foco en las comunidades y en las posibilidades de la justicia ambiental. Un espacio en el que la universidad debe mostrarse con un compromiso a largo plazo, sostienen.

La Escuela de Geografía enumera temas urgentes para la investigación como el cambio y uso de suelos, la responsabilidad de las forestales chilenas en la contaminación,  o el futuro del agua y los glaciares, que pueden ser discutidos junto a otras universidades durante la COP 25 y la Cumbre de los Pueblos.

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