La demanda laboral frente a un proceso inminente
Investigadores de la Academia abordan luces y sombras de la automatización del trabajo

En Temas (17 de julio de 2019)

automatización en la empresa
Si el gigante del retail Walmart fuera un país (con sus 2 millones de empleados en todo el mundo y sus ingresos por millones de dólares) su Producto Interno Bruto equivaldría al de un país como Irlanda. Esto, según las frías estadísticas. Los mismos números han convencido a cuatro generaciones de chilenos de que la mina de cobre de Chuquicamata es la mina a tajo abierto más grande del mundo. Si bien, hace décadas dejó de serlo, ambas colosales empresas están cambiando hacia una automatización galopante que se enfrenta a recientes huelgas recientes de empleados que se resisten a ser reemplazados por procesos maquínicos y algoritmos.

Por un lado Walmart, empresa dueña de la cadena de supermercados Lider, integró hace un año sistemas de autoatención que han reubicado a parte importante de su planta y ha promovido un programa de salidas pactadas para quienes no tengan ya cabida en esta línea de producción. Lo mismo en la cuprífera chilena que, al límite de su producción a tajo abierto, ha debido profundizar en la búsqueda de nuevas vetas a través del sistema de túneles, donde las máquinas también realizan un trabajo optimo respecto al capital humano según las mismas frías estadísticas.

En ambos casos, los huelguistas han exigido lo de siempre: mejoras salariales, incentivos y asegurar el bienestar personal y familiar, pero también políticas que minimicen el impacto de la llegada de las máquinas al trabajo. En el caso del Sindicato Interempresas de Lider, los dirigentes han expresado estar llanos a cualquier tipo de transformación técnica mientras estas sean hechas “con derechos y condiciones laborales que resguarden el empleo”. Los mineros del cobre también planteaban que estos nuevos procesos no estaban considerando a sus más de 5 mil sindicalizados y que la empresa estaba pasando a la operación subterránea con nuevas tecnologías sin un acuerdo previo con los sindicatos sobre planes de jubilación, contratos y otros beneficios.

Incluyendo el retail, la minería y el sector terciario en general, según la última encuesta del Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales de la UC, del total de puestos de trabajo en Chile, un 17% está en alto riesgo de ser reemplazado por la tecnología. Esto es cerca de un y millón y medio de personas.

trabajadores en huelga

Estos procesos, en la teoría, exigen una responsabilidad tanto de privados como de un Estado que incentive la formación técnica y la capacitación que convierta estas vulnerabilidades laborales en oportunidades y nuevos puestos de trabajo, cree el profesor Claudio Celis (a cargo del proyecto FONDECYT N° 11170065 “Cine algorítmico y visión maquínica: hacia una semiótica asignificante de la imagen”). Desde su experiencia en la investigación del algoritmo y la mecánica como expresión cultural de los tiempos, identifica como tremendamente actuales este tipo de debates. “Durante el capitalismo industrial, la automatización de la producción significó el reemplazo del trabajo manual por el de una máquina. Por lo general se trataba de procesos simplificados y repetitivos, maquínicos y con el tiempo esto implicó un desplazo del trabajo desde la esfera manual hacia el así llamado “trabajo intelectual” o “trabajo cognitivo” vinculado al sector terciario”, dice el docente sobre el inicio de este proceso técnico que adquiere nuevas características hoy en esta esfera productiva anticipada por Marx.

La demanda de uno, la demanda de todos

Yendo más atrás, esta pugna llega hasta la vieja relación del patrón del fundo y el inquilino, explica el psicólogo laboral Melvin Anabalón, director de la carrera de psicología UAHC en su modalidad vespertina. “La cultura chilena proviene de esta tradición que resalta el paternalismo y la dependencia del inquilino de su patrón. En ella el trabajador supone que su empleador es un ente todopoderoso que le provee de lo necesario para que él se inmole sin límite”, dice sobre un esquema en el que el trabajo es el eje de la vida de ese asalariado y su familia.

Para Anabalón, la necesidad de producción que las lleva a perfeccionarse a través de procesos tecnológicos es muy propia del modelo neoliberal y guía también cualquier interés por el bienestar del sujeto o, al menos, su percepción. Hay una percepción de apoyo a las necesidades del trabajador pero que está directamente relacionada con la búsqueda de la productividad, estima. “No sé si existen empresarios que sientan un genuino apego por el trabajador por sí mismo, es más viable creer que estos piensen en favorecer al trabajador en la medida de que este bienestar genere mejores ganancias en el final”, sostiene el encargado del diplomado en Salud Mental y Trabajo de la UAHC.

Trabajo remoto en minera
A su vez, esta apariencia genera estructuras psíquicas más individualistas que colectivas y que afectan la tradicional idea del sindicato, agrega el profesional. Esto es algo que puede verse en los escuálidos llamados sindicales a huelgas y marchas. Explica que antiguamente la demanda de un sujeto, era la demanda de todos y que, aunque se cree que exista una semejante hoy, en ella persiste la individualidad a un nivel básico en el que los beneficios grupales son una suma de búsquedas personales: el bono de quienes tienen hijos, la sala cuna de las trabajadoras, las pensiones de los más viejos, etcétera que incluso se subdividen cuando hay más de un sindicato. “Por eso los sindicatos tienen cada vez más dificultades para llegar a conceptos que en el detalle afectan a la totalidad. Se está pensando en una suma de beneficios que generan partos muy difíciles al tratar de tranzar intereses del sujeto por el bien del grupo”, explica el profesor Anabalón quien guía diversas tesis estudiantiles preocupadas de procesos de automatización y cómo éstas afectan el clima laboral.

Por su parte, desde la Escuela de Sociología la profesora Claudia Mora, autora de “El déficit de género: prácticas de diferenciación cotidiana en el mercado laboral chileno”, investigación publicada en el Bulletin of Latin American Research junto a Osvaldo Blanco, comenta que, históricamente estos eventos de modernización son funcionales a un empresariado que aprovecha la necesidad imperiosa del trabajador chileno por mantener su trabajo, aunque sus condiciones sean deplorables. “Me parece que los malos empresarios de nuestro país confían en que la vulnerabilidad de los trabajadores, es decir, su necesidad de tener un salario como sustento de sí mismo y de su grupo familiar, primará por sobre cualquier demanda que puedan tener, individual o colectiva. Esta sería una versión típica del enfrentamiento entre capital y trabajo, donde se espera que los trabajadores finalmente cedan en pos de la mantención de un empleo, por precario que este sea”, plantea.

Sí destaca a un empleador más comprometido que el de hace un siglo y que -al igual que Anabalón- ve en estas instancias oportunidades de conciliar y establecer mejoras que fortalezcan el bienestar, compromiso y productividad de los trabajadores en virtud del negocio. “Más que un choque normativo, es decir, de qué permite o no la ley, se trata de visiones dispares en torno a la relación capital-trabajo y de qué es, en definitiva, lo más ventajoso para la empresa y, eventualmente, el país”, reflexiona la investigadora sobre esta controversia.

Trabajador versus colaborador

El investigador Claudio Celis aporta con la perspectiva marxista que ya advertía que el problema de fondo no era la automatización en sí misma, sino lo que el filósofo alemán llamaba “plusvalía relativa”: “Esto quiere decir que el problema no reside en la automatización de los procesos productivos, sino en poner esa automatización al servicio de la valorización del capital. Dicho en términos simples, la automatización algorítmica no está puesta al servicio de la sociedad, sino al servicio de la producción de plusvalía”, explica en referencia a que conflictos como los que enfrentan los trabajadores de trasnacionales y otras labores donde son reemplazados por la tecnología. Reflejo de una contradicción central del modo de producción capitalista. “El capital es aquella contradicción que presiona, por un lado, para reducir el tiempo de trabajo al mínimo, mientras que, por el otro, define el tiempo de trabajo como única medida y fuente de riqueza”, dice Celis citando a Marx en Los Grundrisse o “Elementos fundamentales para la crítica de la economía política”.

Presentación libro Carolina Bank

Hace unos meses, en el contexto de una serie de conversatorios contingentes sobre el mundo del trabajo, Mora presentó en la Academia los avances de la investigación “Building Power from Below: Chilean Workers Take on Walmart” de la socióloga Carolina Bank en el que indaga, precisamente, sobre cómo Walmart enfrenta las demandas sindicales ante la automatización con prácticas que apuntan a atomizar la participación sindical. Al respecto, en la ocasión, se expuso cómo el retail de EE.UU. inventó la figura del “colaborador” en reemplazo de la idea tradicional del “trabajador”, implicando una pérdida de beneficios y derechos laborales en virtud de una falaz idea de igualdad y horizontalidad con los propietarios del capital.

Para Mora estas etiquetas suavizan la jerarquía y poder que cruzan las relaciones de dependencia laboral. Boltanski sostiene, en “El Nuevo Espíritu del Capitalismo” (1999), que este sistema se adapta a los valores culturales que prevalecen en un momento determinado para perpetuarse. Hoy no es aceptable o, al menos, deseable, la jerarquía autoritaria de jefe -subordinado, pero sí lo es un trabajo donde primen las relaciones horizontales y donde todos tengamos posibilidades de ser reconocidos en nuestro aporte. Esta es una ficción que promueve la acumulación de capital de maneras aceptables”, considera.

El psicólogo laboral, Melvin Anabalón identifica un efecto dual en esta ideal en la que el concepto “trabajador” sigue implicando la disposición de “alguien que trabaja en dependencia jerárquica de otro” y que, por otro lado, el “colaborador” lleva implícita la idea del respeto por la otra persona con cierto nivel de dignidad que se debe considerar. “Esa perspectiva me parece ideal, pero lo malo es cuando está adoptada desde el punto de vista del marketing y se vuelve solo slógan. Es como cuando el Estado plantea connotaciones diferentes para sus ciudadanos dependiendo del contexto y lo denomina “beneficiario” o “cliente”. En el primer caso, le exige que –como tal- que “se aguante” cualquier exceso, pero si es “cliente”, tiene derechos y poder de exigir mejoras. Es un asunto de semántica”, reflexiona.

imagen de huelga en chuquicamata
“Con la flexibilización que trae consigo la automatización, se instala la idea de desvinculaciones y externalización de funciones, tensiones que aumentan la ansiedad de los trabajadores, cuadros psíquicos, reacciones depresivas y en general la incertidumbre que hace que las personas se enfermen y, finalmente, no rindan como se quiere”, estima Anabalón. Ante la amenaza mecánica y la crisis de los sindicatos, el psicólogo cree que estas nuevas configuraciones ya se instalaron lo suficiente como para ser inamovibles. Recomienda integrar esta circunstancia al proyecto laboral personal con sus ambigüedades, pero también sus oportunidades. El especialista en desarrollo organizacional advierte aquí la necesidad de que el trabajador pueda reconvertirse con nuevos conocimientos y herramientas que lo vuelvan un complemento de esta modernización necesaria. Esto último, en concordancia con las recomendaciones de la Organización Internacional del trabajo a través de su informe “Trabajar para un futuro más prometedor” que aborda prácticas posibles para enfrentar la automatización.

Agrega que por lo general, en escenarios como estos, suele pasar que los trabajadores se subyugan a las condiciones en espera de no ser reemplazados por nuevas técnicas y equipos lo que redunda en precarizaciones varias. “Es probable que algunos visualicen que, a lo mejor, su puesto de trabajo puede estar en cuestionamiento lo que genera como reacción común un mayor límite de la tolerancia a lo que el jefe quiera hacer o decir a los trabajadores. A la vez, el empleador nota que puede sacar provecho de que haya gente disponible, por ejemplo, a trabajar por menos dinero o en turnos sumamente exigentes por miedo a ser despedidos. Ahí estamos ante un arma de doble filo, la de la precarización del trabajo proveniente del miedo a la inestabilidad laboral y el del abuso. En ambos casos se potencia un círculo vicioso que termina afectando exclusivamente al trabajador”, señala el psicólogo laboral.