Proyecto InES Género junto a Trabajo Social realizan Seminario en torno a la investigación contemporánea
Para abrir un espacio de reflexión crítica en torno al género, derechos humanos, perspectiva de género y metodología interseccional como herramientas fundamentales para comprender las desigualdades contemporáneas es que el Proyecto InES Género de la UAcademia junto a la consejera de Facultad, la Consejería de Trabajo Social y la Red de Estudiantes vespertinos realizaron el seminario: “Perspectiva de género, metodologías y herramientas críticas para investigar las desigualdades contemporáneas”.
La actividad, que se realizó en la Facultad de Ciencias Sociales, de contó con la participación de Cecilia Moreno, directora alterna de InES Género de la UAcademia, activista feminista, docente, investigadora y doctora en estudios de género; Gertye Jordan, estudiante de Trabajo Social de la UAcademia y educadora con experiencia en intervención directa en residencias de protección infantil y programas de transición a la vida independiente y Susan Sepúlveda, jueza de familia en Santiago y directora de la Asociación de Magistradas Chilenas (Machi).
Durante la instancia, que fue moderada por la profesora de Danza y coordinadora de la Cátedra UNESCO de Educación en DDHH de la UAHC Isabel Plaza, Cecilia Moreno compartió con las y los presentes sus reflexiones en torno al libro “Intrusas en la Universidad” de las mexicanas Ana Buquet y Hortensia Morena y cómo esta obre permite conectar el androcentrismo, la epistemología feminista y la metodología y la conexión que tienen con la universidad, espacio que, de acuerdo con las autoras, no son neutrales y que históricamente han sido organizadas en torno a un sujete académico masculino y que todavía reproducen desigualdades mediante sus categorías de conocimiento, reglas institucionales y criterios que se disfrazan de objetividad.
En este escenario, Moreno planteó que el trabajo que se ha venido realizando desde el InES Género ha detectado que, a pesar de que, por ejemplo, la FACSE “es una facultad súper paritaria en composición, las mujeres continúan subrepresentadas en cargos de dirección, de investigación, por mencionar algunos. Así como también hemos empezado a prestar atención en que los cargos de gestión y acompañamiento académico suelen estar profundamente feminizados. Entonces, desde ahí nace nuestra pregunta: ¿Quién tiene tiempo para investigar? Sobre todo, porque el tiempo disponible es una condición para la producción científica”.
Asimismo, Cecilia Moreno planteó la idea de que, al hablar de universidad, en general, se hace desde una idea de docencia, de lo académico que presupone una trayectoria que es continua, ascendente, sin interrupciones, con disponibilidad horaria extensa y que, además, está sostenida en otra persona que resuelve las necesidades domésticas y de cuidado. “Ese modelo de universidad aparece como neutral, pero en realidad se ajusta de mejor manera a una biografía masculina que está, además, tradicionalmente liberada del trabajo doméstico y de cuidados que suelen sostener en el tiempo las mujeres”, indicó.
Epistemologías feministas
Otro aspecto relevado durante la actividad tiene que ver con la Epistemologías Feministas que critica los modelos tradicionales de conocimiento, al señalar que estos se han construido en general desde una perspectiva masculina y excluyente. Esta rama de la filosofía y de la epistemología social no solo busca hacer visible las experiencias de las mujeres, sino que también, viene a criticar las nociones de objetividad y neutralidad que dominan en la ciencia.
Entre los aportes principales de la epistemología feminista, explicó Moreno, está el concepto de conocimiento situado de Donna Haraway, que dice que el conocimiento siempre se produce desde algún lugar que está mediado por relaciones de poder, así como también “la idea de la encarnación del conocimiento, es decir que este sucede en el cuerpo, idea que está muy ligada a los propios feminismos de América Latina”, recalcó.
Del mismo modo, señaló que “las epistemologías feministas nos sirven para pensar que los conocimientos no son universales, no son neutrales, sino que dependen de la posición social, de género, raza y clase de quien los produce”.
En tanto, Gertye Jordán, desde su área de desarrollo profesional señaló durante su intervención que las instituciones de protección en el país están “profundamente impregnadas de lógicas coloniales y adultocentristas. Ha existido una cultura institucional en la que incluso quienes trabajamos en residencias o como educadoras reproducimos una lógica de control, de domesticación, de punitivismo hacia el cuerpo de las niñas”.
Explicó también el estereotipo que se genera sobre las niñas cuando los traumas se liberan desde la rabia o desde la resistencia a las reglas: “el sistema las tilda de problemáticas, desadaptadas e incluso de conflictivas. Sin embargo, desde una perspectiva de género y decolonial, para mí, no es posible mirarlas así. Esa rabia no es maldad ni desadaptación es rebeldía digna”.
Desde su experiencia trabajando con niñas y adolescentes realizó una crítica a las formas de trabajo que se da en residencias de protección y agregó la importancia que tiene en el trabajo de reinserción y rehabilitación el hecho de que las niñas “sanan con presencia real, confianza y autodeterminación. Esto no significa falta de rigor técnico, sino que existe una cultura política firme, decolonial y de derechos humanos básicos. Cuando nos atrevemos a disputar esas lógicas de control dentro del propio sistema, podemos empezar a ampliarles el horizonte. Tenemos que mostrarles que hay un futuro para ellas y que no están destinadas a repetir las historias de violencia de sus familias y que pueden tener una vida distinta”.
Finalmente, Susan Sepúlveda reflexionó sobre la necesidad del desarrollo de herramientas, no solo técnicas, que puedan ayudar a los tribunales y jueces a deconstruirse a partir de sus propias experiencias.
“Es muy probable que un alto porcentaje de juezas y jueces no tengan experiencias personales vinculadas, por ejemplo, con niñas en residencia o mujeres privadas de libertad y por lo tanto puede resultar probablemente ajenas. Sin embargo, creo que, los tribunales debemos acercarnos a estas realidades y espacios”. Enfatizando que, dentro de las formalidades del sistema, muchos pueden creer que no es posible realizar esos cambios, pero que desde su perspectiva si es posible hacerlo.










