Rodrigo Gangas, decano FACSE: “Esta facultad es parte esencial de la creación y formación de la UAcademia”

Rodrigo Gangas, decano FACSE: “Esta facultad es parte esencial de la creación y formación de la UAcademia”

Con más de dos mil estudiantes en carreras diurnas y vespertinas, tres programas de segunda titulación, tres magísteres y variadas instancias de educación continua y programas Advance, la Facultad de Educación de Ciencias Sociales y Educación (FACSE) se ha convertido en el corazón de la UAcademia, al mismo tiempo, que es parte esencial de la creación y formación de la universidad.

Actualmente es dirigida por el profesor de Historia y Geografía de la Universidad Católica de Valparaíso, magíster en Ciencia Política de la Universidad de Chile y egresado de Derecho de la UAHC, Rodrigo Gangas, quien lleva tres años al mando de la facultad y con quien conversamos sobre los desafíos actuales de las Ciencias Sociales y la formación de nuevos y nuevas profesionales, cuando en Chile y el mundo enfrentan panoramas un tanto adversos.

En su oficina, en la sede Alameda, el académico relata un poco de la historia de la facultad señalando que esta “ha tenido tránsitos diversos y hoy reúne carreras que son bien amplias, además de programas de magíster que han sido bastante exitosos, también contamos con toda el área de pedagogía, la que incluye programas de segunda titulación. Todo esto nos lleva a afirmar que tenemos una facultad que es completamente diversa y muy grande desde el punto de vista de lo disciplinario”.

Del mismo modo, entrega su visión de los desafíos y oportunidades que existen para las disciplinas de las Ciencias Sociales, la Educación y las Humanidades, sobre todo en tiempos que el avance de movimientos políticos de extrema derecha vienen a cuestionar el valor y el trabajo de la investigación en estas áreas.

¿Cuál cree usted que son los principales desafíos que enfrentan hoy las y los estudiantes de carreras de ciencias sociales y humanidades?

Yo diría que es un tremendo desafío. Primero, hay que entender el contexto, y ese hoy nos obliga y nos sitúa en un desafío mayor en lo que significa la formación de cientistas sociales. Los y las estudiantes se incorporan a las distintas carreras, considerando ese desafío contextual en un mundo de complejidades mayores, donde de a poco esta idea de las certezas se ha ido quebrajando. Se podría hacer alusión a la modernidad líquida de Bauman, y en ese contexto, mirar los fenómenos de inseguridad o aquellas certezas que nos permitían, en el siglo XX, anclarnos con mayor profundidad, y hoy al parecer no están.

Y en ese contexto, a las y los estudiantes les toca hacer la interpretación y la comprensión de los fenómenos sociales, políticos, económicos, culturales que vive el mundo actual y del cual Chile también forma parte. El segundo elemento, creo yo, tiene que ver justamente con lo que nosotros entendemos en la formación profesional de los y las estudiantes de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y de esta facultad en particular. Precisamente porque esta última respondió y responde a una visión y misión desde el punto de vista de los valores éticos, de la democracia y los derechos humanos. Cuando ese tipo de valores se encuentran muchas veces, en entredicho o amenazados directamente, ya sea por regímenes políticos, gobiernos o personajes, creo que el desafío de los y las estudiantes de estudiar ciencias sociales es mayor.

Porque no solamente hay que responder a este tipo de amenazas, sino que también se les debe hacer frente en un futuro no lejano, y no como una distopía, sino más bien como cuestiones cercanas de problemáticas de las cuales nos vamos a tener que hacer cargo. Y no estoy hablando de cuestiones tan complejas o rebuscadas, sino que, me refiero a valores esenciales que forman parte de la convivencia humana y social.

En este sentido, el decano afirma que la UAcademia cuenta con una larga trayectoria y una historia asociada, considerando sus inicios y los de la facultad, por lo que “es fundamental considerar que el desafío que tienen hoy las y los estudiantes es hacer de esos valores, sobre todo los que dicen relación con el respeto de los derechos humanos, con la democracia, un elemento central de su formación y de su proyección como profesionales”.

Asimismo, reflexiona sobre el rol de las universidades como instancias para generar crítica, “sin embargo, la pregunta es ¿Cómo lo haremos? porque hacer crítica actualmente es más complejo que antes. La universidad debe ser siempre un referente de pensamiento crítico, y las ciencias sociales el vehículo para el desarrollo de esa crítica, pero también hay que considerar que eso nos presenta nuevos desafíos, que van desde la incorporación de nuevas miradas y metodologías”.

En ese contexto, agrega también que, la misión es “formar profesionales críticos que, en el fondo, puedan ver un poco más allá de su metro cuadrado, de sus contextos personales, que sean capaces de tener una mirada más global y que puedan ver cuáles son las problemáticas que están atacando hoy al mundo”.

Y señala que, “la comprensión de los fenómenos sociales contemporáneos resulta relativamente sencilla en algunos aspectos, pero sumamente compleja en otros. Esto se debe, en parte, a que los grupos humanos y las sociedades no se desenvuelven únicamente dentro de sistemas que pueden ser racionalmente definidos o explicados desde una determinada perspectiva ideológica. Por ejemplo, el neoliberalismo puede entenderse como un marco ideológico que atraviesa y configura múltiples dimensiones de las relaciones sociales y de la vida cotidiana. Sin embargo, a esta complejidad se suma el acelerado desarrollo de las comunicaciones y la creciente exposición de las personas a un volumen prácticamente ilimitado de información. Esta información no necesariamente responde a criterios de veracidad, rigurosidad o calidad, lo que dificulta aún más la tarea de las ciencias sociales”.

Por lo que dice que, esta exposición muchas veces termina siendo una complicación que como académicos y formadores “tenemos la responsabilidad de tratar esto con veracidad primero, pero también con una industria, yo diría, político-cultural que es tremendamente fuerte y que muchas veces va en dirección opuesta a lo que buscamos”.

¿Cómo el hecho de que los y las estudiantes puedan tener una formación en directa relación con los territorios y con prácticas desde muy temprano en sus carreras influye en su formación profesional?

Como facultad hemos desarrollado un itinerario a través de un proceso de innovación curricular que yo diría, en sus inicios, puede haber sido un poquito resistido, pero que en definitiva tenía un sentido en cómo hacíamos que el desarrollo de las disciplinas que hay en la facultad siga siendo potente. Eso, primero lo hacemos con nuestros profesores y profesoras, muchos de ellos y ellas premios nacionales, con una mirada crítica en las ciencias sociales. Luego, lo que hicimos fue un cambio metodológico respecto de cómo incorporar estas disciplinas interdisciplinariamente en lo que podríamos llamar el conocimiento situado.

Es decir, el trabajo directamente con los territorios. Y eso significaba hacer una bajada, en la que el estudiante no solamente tuviese una importante formación teórica, epistemológica, sino que además eso fuese capaz de aplicarlo a su propia realidad desde el primer día. Desde ahí, generamos una línea interdisciplinaria con foco en lo territorial que no solamente son cuatro cursos que forman parte de los planes curriculares de cada una de las disciplinas en Ciencias Sociales, sino que tienen un eje de articulación que finalmente te conduce a una primera certificación que entregamos en el cuarto semestre.

Eso es tremendamente relevante, no solo por la certificación, vinculada al análisis y diagnóstico de problemáticas socio territoriales, sino también por una dimensión más profunda: la integración de estas cuatro asignaturas que forman parte de un proyecto formativo articulado. Lo que estamos desarrollando es una propuesta educativa que busca integrar saberes directamente en el territorio.

Por lo tanto, el o la estudiante cuando analiza la discusión teórico-epistemológica del interior de las ciencias sociales, no solo lo hace desde el punto de vista teórico, sino que también lo hace desde el punto de vista de su realidad, su cotidianidad, sus territorios.

¿Cómo han sentido que ha sido la valoración por parte del estudiantado sobre la posibilidad de estar en contacto con los territorios y de trabajar de forma interdisciplinar?

Hay una valoración, por cierto, porque el estudiante se da cuenta de las problemáticas cotidianas y se da cuenta de que en definitiva hay determinadas herramientas que le permiten comprender los desafíos y los conflictos que viven en la cotidianeidad.

Todos vivimos en constantes tensiones y conflictos, pero muchas veces carecemos de herramientas para comprenderlos y abordarlos. En ese sentido, creemos que nuestra formación puede contribuir a desarrollar esas capacidades. Al mismo tiempo, los propios estudiantes nos han demandado espacios de mayor profundidad para discutir aspectos teóricos y epistemológicos de las ciencias sociales, y hemos respondido incorporándolos en nuestra propuesta formativa. Por ejemplo, en Psicología contamos con un programa dedicado a la discusión epistemológica en ciencias sociales.

Efectivamente, eso siempre debe estar en una facultad de ciencias sociales, pero la posibilidad de aplicar esto a la realidad dinámica, compleja que viven los y las estudiantes cotidianamente.  Ese es el camino que debemos seguir. Los estudiantes viven esos territorios como espacios de análisis, como espacios de conflicto, y ahí hay una lógica de colaboración para solucionar los conflictos, no de manera extractivista o desde afuera diciendo “yo voy a traer la solución”, sino que en conjunto con la comunidad estoy discutiendo esto, lo cual me parece que es el rol que debemos asumir por cuanto los territorios tienen un nivel de autonomía, de desarrollo, de realidad y de práctica, a la cual también los cientistas sociales debemos aprender a mirar, hacer la lectura y tratar de entender de cómo se resuelve eso. En ese sentido, yo creo que los estudiantes lo han aceptado bien, en general hemos tenido mecanismos que nos permitan decir que los hitos formativos se han ido cumpliendo.

Tras una larga y profunda conversación, el decano Rodrigo Gangas también se refiere a la polémica que ha originado la decisión del Ministerio de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e Innovación de reducir la inversión pública en el desarrollo de investigación en áreas como las humanidades y las ciencias sociales en favor de la inteligencia artificial y la robótica, por nombrar algunos ejemplos.

¿Cómo se sigue desarrollando el trabajo de investigación en un país donde las políticas públicas van en el sentido opuesto y dónde las prioridades están puestas en otras disciplinas?

Es muy difícil. En ese punto, no hay una solución dicotómica, sino que las ciencias sociales deben aprender a hacer de esta transformación que vive el mundo, una herramienta y un espacio de desarrollo más. Lo peor, creo yo, es instalar en el discurso como lo planteó el presidente de Argentina, Javier Milei, a principios de este año, cuando en el foro económico, él planteó la terrible frase: ‘Maquiavelo ha muerto’. Porque en definitiva son solamente las racionalidades económicas que determinan la relación entre las personas.

Yo creo que eso es un error y creo que, si las políticas públicas y los Estados van por el camino de la exclusiva racionalidad económica, creo que vamos a tener sociedades menos desarrolladas, más estancadas, que generan mayores niveles de desigualdad, y que, en definitiva, no van a tener posibilidad de mirar la complejidad de lo que se nos viene adelante. Temas como el cambio climático, el flujo de información, el tema migrante, o incluso aquellos temas que requieren de una fuerte intervención del Estado, como por ejemplo temas de seguridad, narcotráfico, terrorismo, etc.

Por lo tanto, no puede ser que nosotros pensemos en una sociedad donde las ciencias sociales, ya sea por, temas económicos donde los fondos son escasos, donde las políticas públicas estén orientadas en desmedro de ellas y en favor de otras disciplinas, que por cierto son muy importantes. Aquí lo que tiene que haber es una integración, y nosotros como cientistas sociales, y las disciplinas en general, deben generar una integración porque los problemas son de carácter interdisciplinario. Por lo tanto, aquí nosotros hemos discutido bastante, en esta facultad, respecto a las necesidades de eliminar las fronteras.

¿Y cómo se logra esto, qué significa?

Primero tenemos que mirar interdisciplinariamente al interior de las ciencias sociales, cómo podemos comprender los fenómenos desde el derecho, la psicología, la antropología, la ciencia política, el trabajo social, etc., pero también mirar otros contextos. Por lo tanto, el trabajo con la Facultad de Salud, Artes e Ingeniería, y con temas de inteligencia artificial, es fundamental.

Por lo tanto, en esa lógica no puede haber una discusión dicotómica entre un tipo de conocimiento u otro. Aquí lo que tiene que haber es una complementariedad donde las ciencias sociales y las humanidades tengan el espacio necesario para desarrollarse.  decisiones sobre financiamiento que han asumido algunos gobiernos como el actual en Chile, nos llevará a un camino más difícil, menos educado, más individualizado e incluso más autodestructivo.

Actualmente, las preferencias de matrícula se concentran principalmente en las áreas de la salud y la tecnología, mientras las ciencias sociales y las pedagogías han experimentado una disminución significativa. Frente a este escenario, las universidades tienen el desafío de asumir una apuesta política por una formación que promueva la complementariedad de saberes y prepare a sus profesionales para enfrentar los desafíos que vienen. En la UAHC hemos avanzado en esa dirección al interior de la Facultad, con resultados positivos, y creemos que este debe ser uno de nuestros principales desafíos hacia el futuro.

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