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A partir de estudio COESEsperanza por un cambio y desconfianza en las instituciones: La sensación ambiente de inicios del 2022

Un presidente electo popular entre los/as niños/as, una sociedad que participa activamente en más de 5.000 Iniciativas de Norma Constitucional para reformar la Constitución y la expectación por la posibilidad de un gobierno que proyecta cambios relevantes a partir de las principales demandas del estallido social, son analizadas por cientistas sociales como una “esperanza fundada” en el proceso de transformación país. Sin embargo, como telón de fondo, persisten viejos temores como la desconfianza en la clase política, la incertidumbre ante el cambio climático y lo que podría ser una nueva ola de contagios por la variante Omicron del Covid. Gran parte de estas emociones y su evolución fue registrada por el reciente Estudio Longitudinal Social de Chile (ELSOC), realizado por el Centro de Estudios del Conflicto y Cohesión Social, COES, donde participan docentes de la UAHC.

En el análisis, que realiza el seguimiento de una década a una muestra representativa de chilenos y chilenas, participó la docente de la Escuela de Psicología de la UAHC, Ana Figueiredo. Ella y otras voces de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, comentan algunas de sus principales conclusiones: ¿Cómo los hechos posteriores al estallido social han incidido en un nuevo marco del ánimo colectivo?, ¿Qué podemos esperar, a nivel de social y comunitario, de los procesos culturales aún en construcción?, ¿Cómo se explica la coexistencia de sensaciones país que fluctúan entre la esperanza y el escepticismo ante la institucionalidad?

La profesora Figueiredo reconoce un profundo optimismo en la sociedad que es validado por el estudio ELSOC y que, a primera vista, tiene que ver con una sensación colectiva propia del avance de un proceso constituyente, cree. Destaca que el estudio que el COES realiza desde antes del 18-O y la pandemia, otorga una perspectiva privilegiada para analizar los cambios recientes. “En el estudio se incluyeron preguntas sobre las expectativas del proceso constituyente aprovechando esta coyuntura y por eso se aprecia un aumento en el optimismo ante preocupaciones de larga data sobre salud, pensiones, educación, etcétera que proyectan cambios positivos para la ciudadanía”, explica la doctora en Psicología Social.

El mismo sondeo agrega que existe un repunte en la cantidad de personas interesadas en la política (que subió del 12,2 % al 21,9 %) y un alza en el número de eventos de protesta en todo el país, una acción y reacción relacionada. “En los últimos once años, en Chile ocurrían cinco acciones de protesta en promedio al día. Desde el 18 de octubre hasta el 31 de diciembre de 2019, su número superó los parámetros de conflictividad que se habían observado hasta entonces multiplicándose por nueve, es decir, hubo 45 acciones de protesta en promedio al día”, agrega Figueiredo.

Este ebullición se explica, según el historiador y académico de la UAHC José Bengoa, a través de las tesis presentes en su nuevo libro, “La comunidad sublevada”, donde señala que el Chile de hoy  “es una sociedad abusada que dio paso a una sociedad sublevada. Chile se sintió abusada por un neoliberalismo grosero, por un monopolio vergonzoso, todo un abuso generalizado de los curas, las isapres y las AFPs, que condujo a un levantamiento con características de movimiento social que se ha dado también en otras partes del mundo, especialmente en países que pretenden ser desarrollados, como Chile, pero que tienen pies de barro”, señala en torno a la mantención de una figura de desconfianza en las instituciones que contrasta con la búsqueda de respuestas de la sociedad.

En palabras de Figueiredo, la evolución de este sentir genera un panorama interesante en términos del escaso apoyo a una clase política tradicional y que se extiende también a niveles interpersonales, agrega. “Esto es algo que puede traer consecuencias a nivel de procesos políticos y de bienestar, también en salud mental y otros ámbitos”, destaca. 

Los extremos de un momento constituyente

La constatación de una mayor participación política (reflejada en la mayor votación presidencial en la historia de Chile o la urgencia por presentar Iniciativas de Norma Constitucional desde la sociedad civil) tiene un componente cultural que parece ser parte del ADN ciudadano del chileno/a constituyente. La profesora de la Facultad de Artes UAHC, Marisol Campillay, considera que la efervescencia de los primeros días de la revuelta se tradujo en un deseo dual de registrar y participar de manera activa en los distintos ámbitos culturales que ofrecía la protesta popular. “Un hecho político importante siempre promueve un lenguaje artístico y surgen elementos culturales contemporáneos muy interesantes a partir de estas fuerzas que, ojalá, puedan quedar plasmadas en la nueva Constitución ”, señala sobre la activa participación estudiantil en la performance, la plástica, la música y otras disciplinas que se sumaron al estallido cultural.

La docente advierte que debido a la cercanía temporal resulta difícil afirmar con toda certeza si hay diferencias culturales artísticas antes y después del 18-O. “Pienso que en unos años más vamos a saber si muchos de estos colectivos siguen trabajando o en qué aspectos la cultura y las artes, desde entonces se han traducido en cambios. Respecto al proyecto constituyente creo que efectivamente lo que hizo el 18 de octubre fue señalar cómo las artes pueden protestar, cómo pueden usar el espacio público, pero eso ya en Chile ya había ocurrido antes durante la dictadura, en ambas instancias surgen nuevos discursos artísticos”, agrega.

La editora de la revista Actos hace hincapié en que la formación artística debería tener un espacio de reflexión en la Convención Constituyente.“Yo creo que una cosa que se debe instalar es cambiar la forma de concursabilidad que existe hoy en día en torno a las artes. Es muy importante resguardar la formación artística en esta nueva Constitución y creo que particularmente Chile está al debe en la formación artística”, plantea.

Mientras el gobierno próximo sienta las bases de una conducción con apoyo de parte importante de los empresarios, compromisos de su oposición y una importante base social, la paradoja entre la esperanza y la desconfianza, se redibuja desde una nueva manera de entender la relación entre la ciudadanía y sus líderes. El reciente informe del PNUD “¿Votar o no votar?” acredita que los/as chilenos/as dejaron de ser espectadores/as de su devenir: participan más, pero se identifican menos políticamente, tal como acredita el análisis COES. Al respecto, el doctor en Ética y Democracia, rector Álvaro Ramis, sostiene que esta convivencia entre la sospecha y el apoyo a la institucionalidad es algo sostenido en el tiempo. “Estas dualidades están fundadas en que las expectativas de la ciudadanía son difíciles de satisfacer por los bloqueos institucionales. Es difícil responder de otra manera a demandas que, hasta ahora, son neutralizadas por la Constitución vigente”, dice sobre debates actuales que se arrastran desde hace décadas como la búsqueda de pensiones dignas, leyes que garanticen la educación o la salud como un derecho, por ejemplo.

Sobre el momento constituyente y las semanas previas a un cambio de gobierno, Ramis aclara: “Creo que el momento actual es uno que nos invita a tener una fundada esperanza. Al contrario de lo que podría haber sido una esperanza irracional o injustificada, contamos en la actualidad con elementos objetivos para poder tener esas expectativas. Tanto en el caso de un proceso constituyente que debe arribar en un plazo breve a una propuesta de texto que supondrá una apertura de ciertos nudos que impedían la satisfacción de las necesidades fundamentales de las personas y sus derechos. En segundo lugar, un gobierno que contribuirá a este objetivo. Estos elementos permiten augurar un avance, sin embargo, esto no es una ruta pavimentada ya que hay un parlamento bloqueado y una parte de la sociedad que busca respuestas inmediatistas a procesos de transformaciones de mediano y largo plazo”, explica la autoridad universitaria.

La profesora Figueiredo, cree que “la sociedad chilena de estos días está pensando en cambios significativos para el futuro y, con ello, en una manera nueva y propositiva de hacer política Un camino distinto para la transformación a partir de una nueva Constitución”. Por su parte, el sociólogo y docente de la Escuela de Ciencia Política, Gobierno y Gestión Pública de la UAHC, Iván Pincheira, advierte que toda aproximación estadística al fenómeno de estas expectativas cuenta con sus luces sobre la realidad, pero también con zonas grises que no alcanzan a definir más allá de la fotografía del momento. En ese sentido, dos de los sentimientos ubicados en las antípodas del momento constituyente (la esperanza y la desconfianza) provienen -dice- de instancias político institucionales y desde el campo de pesquisa académica que, al cruzarse, construyen una realidad sobre la cual avanzar.

“Esto se aprecia, por ejemplo, cuando se declara que, desde hace varios años, en Chile se han desarrollado múltiples movimientos sociales, algunos de los cuales corresponden a movimientos progresistas (estudiantil, de pensiones, ambientalista) y otros a movimientos más conservadores ( movimiento pro-vida o antiaborto o movimiento antidelincuencia). Bajo estas premisas, se les ha consultado a los/as chilenos/as por los movimientos que más valoran”. Con todo, agrega que más allá de las cifras presentadas, se aprecia una realidad clara:  “siendo activos actores de gobierno, estadísticamente hablando, los movimientos sociales afectan ostensiblemente al presente”.