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Crisis de autoridad y códigos de convivenciaDocentes UAHC abordan auge en casos de violencia en comunidades escolares tras la pandemia

Tras dos años de convivencia escolar virtual, el regreso al colegio tras la pandemia se ha contagiado de un alza viral en cuanto a hechos de violencia en distintas ciudades del país que involucran a estudiantes como protagonistas de un tipo de maltrato al alza. En lo que va de 2022, el 30% de las denuncias recibidas por la Superintendencia de Educación corresponden a casos de violencia escolar. De ellas, la mayoría corresponde a casos de maltrato físico y psicológico entre alumnos/as, lo que repuntó un 22% en relación a 2018 y 2019. Los protagonistas de estos casos suelen ser escolares como objeto y causantes de esta violencia, pero también se ha registrado casos en que la situación escala a la acción de apoderados que intentan hacer justicia por su propia mano al interior de las escuelas.

Según Rodrigo Rojas, Director del Centro de Salud Mental en Comunidades Educativas de la UAHC y docente de la Escuela de Psicología de la Academia, este fenómeno se entiende como una trayectoria en el desarrollo de dos formas distintas de violencia: el bullying, cuya intención es dañar a otra persona, y la resolución agresiva de conflictos, marcada por la falta de habilidades para conciliar las disputas de manera asertiva. “La emergencia sanitaria generó un deterioro visible en la salud mental de todos/as. Más o menos la mitad de los chilenos y chilenas, entre los cuales se cuentan niños, niñas y adolescentes, experimentaron algún problema de salud mental por su exposición a factores estresores, que disminuyen la capacidad que tenemos para responder de manera apropiada a distintas situaciones. Una capacidad que ya venía disminuida desde antes de la pandemia”, explica el académico a cargo del proyecto que registra, evalúa e aborda distintas situaciones de salud mental en comunidades educativas de comunas como Pudahuel, Cerro Navia y Lo Prado.

Sobre el mismo tema, el profesor Raúl Zarzuri, jefe de la carrera de Sociología de la Universidad, llama a tener en cuenta las vías a través de las cuales la violencia se traspasa desde el mundo adulto al de niños, niñas y adolescentes. Un trasvasije emocional en el que participan varios canales y factores: “Tenemos aprendizajes dentro de los cuales la violencia se instala como el método de resolución de conflictos, algo que vemos reflejado a todo nivel. Este es el único recurso que algunas personas conocen, porque fueron socializadas en un espacio donde la violencia es parte de la vida cotidiana. En muchos casos esos aprendizajes se traspasan a otros espacios, como el aula escolar. Como sociedad no hemos sido capaces de instalar una discursividad que sirva como antídoto. Toda la comunidad es responsable de esta carencia, no sólo los profesores, y todas las partes tienen que poner de su parte para enfrentar este problema común”, sostiene el sociólogo especializado en juventud.

Consultado sobre el mismo tema, el rector de la UAHC, Álvaro Ramis, identifica como razones inmediatas que pueden ayudar a entender un aumento en este tipo de incidentes, a un proceso de pérdida de sociabilidad que dificulta el relacionamiento entre pares y que ha ido a la par con una crisis en el principio de autoridad desde el estallido social en adelante. “Ahí tocó fondo la figura arquetípica de la autoridad, encarnada en el padre, la familia, el profesor, el sacerdote y la policía, por ejemplo, cuya autoridad tradicional ha sido desligitimada y que sólo se impone por la fuerza. Cuando el principio de autoridad sólo se ejerce a través de una coacción sin legitimación, el principio de la fuerza se impone en todas las esferas”, declaró el Dr. en Ética y Democracia en entrevista con el programa radial El Mostrador En La Clave.

Por otra parte, el rector Ramis destacó como un avance positivo ante esta problemática el paradigma que considera la salud mental como algo que debe ser transversal en todos los procesos formativos de la educación. “Hay que pensar en la salud mental, no sólo de los/as estudiantes como quienes deben ser objeto de cuidado o de preocupación, sino también de toda la comunidad”, señaló en torno a cómo la violencia permea también el desempeño de profesores/as, apoderados/as y el entorno escolar en general como una cadena social.

Un reflejo de la sociedad

Desde el interior de la cultura escolar, la decana de la Facultad de Pedagogía, Beatriz Areyuna, considera que el ambiente de violencia es transversal a toda la sociedad y las comunidades escolares suelen ser interpretadas por esas comunidades deterioradas. En tal aspecto, define la sociedad como un territorio cada vez más difícil de habitar y donde los casos de violencia no pueden ser adjudicados al sistema escolar. “Las escuelas son reflejo de la sociedad y ante una crisis social muy grande de inseguridad y violencia como la que se está viviendo producto de dos años de encierro y pandemia, hay que considerar que los niños, niñas y adolescentes han perdido los códigos de convivencia propios de la vida presencial. Se habituaron a vivir en espacios específicos y virtuales, dejando de convivir con otros/as. No es menor este efecto derivado de la pandemia y la extensa imposibilidad de compartir con otros durante mucho tiempo”, señala sobre esta serie de desencuentros detectados.

“Por mucho que se respeten las individualidades hay códigos de convivencia que se han extraviado y que hay que recomponer. Actualmente esas relaciones y sus formas de convivencia no están funcionando y han sido reemplazados por la funa, la denuncia, la inmediatez de una sociedad de consumo y me cuesta creer que es responsabilidad sea específicamente de las escuelas”, reflexiona Areyuna.

Sobre los antecedentes del fenómeno, la psicóloga Daniella Mirone, coordinadora de atención infanto-juvenil en el Centro de Atención Psicológica de la Academia, recuerda que la violencia es un fenómeno que se arrastraba desde mucho antes de la pandemia y que se incrementó en sus distintas variables durante el encierro. “La violencia se ha hecho parte de nuestras vidas a través de su faceta política, de Estado, de género e intrafamiliar. No podemos considerar que reaparece como si por dos años no hubiese existido. Ahora se expresa con mayor visibilidad dentro de los sistemas escolares, que carecen de los recursos para hacer frente a las problemáticas de salud mental”, explica la profesional que dictará clases en el diplomado en Salud Mental en Comunidades Educativas, que busca analizar problemáticas de esta índole. Próximamente, y en la misma línea, se dictará el diplomado de Especialización en Clínica-Comunitaria en Salud Mental e Interculturalidad que también aborda este complejo escenario en un contexto más amplio.

El psicólogo Rodrigo Rojas, quien también integra el cuerpo docente de este diplomado, regresa sobre una forma distinta de enfocar el problema en la cual generar procesos de monitoreo de la convivencia que permitan dimensionar el fenómeno y los factores de riesgo, para potenciar la promoción del buen trato y la resolución asertiva de conflictos. “Yo diría que las intervenciones deben ser más comunitarias y complejas. La violencia es un fenómeno psicosocial en el que uno de los factores es la salud mental, pero debe entenderse desde una mirada que considere tanto factores personales como estructurales, sin olvidar que estamos en un proceso histórico en la búsqueda de un cambio de la cultura violenta y autoritaria”, opinó el experto.