Ricardo Neira: Mujeres, inteligencia artificial y trabajo

Ricardo Neira: Mujeres, inteligencia artificial y trabajo

(*) Por Ricardo Neira. Columna publicada en Poder y Liderazgo

La historia económica de la humanidad ha estado marcada por grandes transformaciones tecnológicas. La máquina de vapor impulsó la Revolución Industrial, la electricidad modificó la producción mundial y la llegada de Internet cambió para siempre la forma de comunicarnos, aprender y hacer negocios.

Sin embargo, ninguna de estas innovaciones parece tener el potencial transformador que hoy exhibe la inteligencia artificial. Estamos frente a una tecnología capaz de modificar simultáneamente la industria, el comercio, la educación, la salud, los servicios financieros y prácticamente todas las actividades productivas conocidas.

Lo que hasta hace pocos años parecía ciencia ficción hoy es una realidad cotidiana. Sistemas de inteligencia artificial redactan informes, generan imágenes, analizan contratos, responden consultas de clientes, gestionan inventarios, realizan diagnósticos médicos preliminares y apoyan la toma de decisiones empresariales. La velocidad de avance es tan acelerada que muchos especialistas sostienen que los próximos diez años producirán más cambios en el mercado laboral que los ocurridos durante las últimas cinco décadas.

Según el Foro Económico Mundial, cerca de 92 millones de empleos podrían desaparecer o transformarse significativamente antes del año 2030 debido a la automatización y la inteligencia artificial. Al mismo tiempo, surgirán alrededor de 170 millones de nuevas oportunidades laborales asociadas a tecnologías emergentes, energías renovables, análisis de datos, ciberseguridad, inteligencia artificial y servicios avanzados. La diferencia entre beneficiarse o quedar rezagado dependerá de la capacidad de adaptación de las personas, las empresas y los sistemas educativos.

En este escenario, las mujeres aparecen en una posición particularmente relevante. Diversos estudios de la Organización Internacional del Trabajo han advertido que una parte importante de los empleos femeninos se concentra en sectores administrativos, comerciales, educativos y de servicios, precisamente aquellos donde la inteligencia artificial está avanzando con mayor rapidez.

La automatización ya no afecta únicamente a trabajadores industriales o tareas repetitivas de manufactura; ahora también alcanza actividades de oficina, gestión documental, atención al cliente y procesos administrativos que históricamente han sido desempeñados por millones de mujeres en todo el mundo.

Las señales son cada vez más evidentes. Amazon continúa expandiendo el uso de robots inteligentes en sus centros logísticos para optimizar procesos y reducir costos operacionales. Walmart ha profundizado la incorporación de inteligencia artificial para mejorar la atención de clientes, gestionar inventarios y optimizar sus cadenas de suministro.

Los grandes bancos internacionales están utilizando algoritmos avanzados para análisis financiero y evaluación de riesgos. Incluso sectores tradicionalmente considerados inmunes a la automatización, como la educación, el periodismo o los servicios legales, comienzan a experimentar cambios profundos impulsados por sistemas inteligentes capaces de procesar enormes volúmenes de información en segundos.

Sin embargo, sería un error interpretar esta transformación únicamente como una amenaza. La historia demuestra que cada revolución tecnológica ha destruido determinados empleos, pero también ha generado nuevas ocupaciones y oportunidades. La diferencia radica en la preparación de las personas para adaptarse a los cambios.

En este sentido, las mujeres poseen una ventaja que podría resultar decisiva en el futuro. A medida que las máquinas asumen tareas rutinarias y repetitivas, adquieren mayor valor aquellas capacidades profundamente humanas que resultan difíciles de replicar mediante algoritmos.

La creatividad, la empatía, la comunicación efectiva, el liderazgo colaborativo, la inteligencia emocional y la capacidad para resolver problemas complejos serán algunas de las competencias más demandadas en la economía digital. Las organizaciones del futuro requerirán profesionales capaces de integrar tecnología y humanidad, utilizando la inteligencia artificial como una herramienta para potenciar el talento humano y no como un simple reemplazo de trabajadores.

Chile no está ajeno a esta transformación global. Más del 50 % de las mujeres ocupadas trabaja en sectores vinculados al comercio, la educación, la salud, la administración y los servicios. Todos estos ámbitos están experimentando procesos acelerados de digitalización.

La inteligencia artificial ya está presente en plataformas de atención virtual, sistemas de gestión académica, procesos clínicos, servicios financieros y múltiples aplicaciones utilizadas diariamente por empresas e instituciones públicas.

Frente a este escenario, el país enfrenta un desafío estratégico de enorme magnitud. Si Chile no logra acelerar los procesos de capacitación y reconversión laboral, corre el riesgo de ampliar las brechas existentes y generar nuevas formas de exclusión tecnológica. Por el contrario, si apuesta decididamente por la formación digital y el desarrollo de competencias para el siglo XXI, podría posicionarse como un referente regional en innovación y productividad.

En esta tarea, las universidades tienen una responsabilidad histórica. Durante décadas, la educación superior estuvo orientada a transmitir conocimientos relativamente estables para profesiones que evolucionaban lentamente. Hoy esa lógica está siendo superada por la velocidad del cambio tecnológico.

Las universidades ya no pueden limitarse a formar profesionales para las ocupaciones actuales; deben preparar a sus estudiantes para empleos que aún no existen y para tecnologías que seguirán evolucionando durante toda su vida laboral.

Esto implica incorporar contenidos de inteligencia artificial, ciencia de datos, automatización, ciberseguridad, innovación y ética tecnológica en prácticamente todas las carreras. No se trata únicamente de formar ingenieros o programadores. Los futuros abogados, médicos, periodistas, profesores, psicólogos, trabajadores sociales y administradores también deberán comprender cómo interactuar con sistemas inteligentes y cómo utilizarlos para generar valor en sus respectivos ámbitos profesionales.

Asimismo, las universidades deberán transformarse en centros permanentes de actualización y reconversión laboral. El modelo tradicional de estudiar una carrera durante algunos años y ejercer la misma profesión durante cuatro décadas está llegando a su fin. La educación continua será una necesidad permanente. Los trabajadores tendrán que actualizar sus competencias múltiples veces a lo largo de su vida profesional para mantenerse vigentes en un entorno tecnológico en constante transformación.

Otro desafío fundamental consiste en aumentar la participación femenina en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Actualmente, las mujeres continúan siendo minoría en muchas de estas disciplinas, a pesar de que serán precisamente las áreas con mayor crecimiento y demanda laboral durante las próximas décadas. Si esta tendencia no se revierte, existe el riesgo de que las tecnologías que definirán el futuro sean diseñadas sin una adecuada diversidad de perspectivas, reproduciendo desigualdades históricas en una nueva era digital.

La inteligencia artificial representa uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, pero también una oportunidad extraordinaria para construir una economía más inclusiva, productiva y sostenible. El resultado dependerá de las decisiones que adoptemos hoy. Empresas, gobiernos, universidades y trabajadores deberán colaborar para asegurar que la transformación tecnológica beneficie al conjunto de la sociedad y no solamente a quienes ya poseen ventajas competitivas.

La próxima década definirá cómo conviviremos con la inteligencia artificial. La pregunta ya no es si esta tecnología transformará nuestras vidas, porque ese proceso ya comenzó. La verdadera interrogante es si seremos capaces de preparar a nuestras sociedades para aprovechar sus beneficios y enfrentar sus riesgos. En esa tarea, las mujeres y las universidades desempeñarán un papel decisivo.

El futuro del trabajo no será exclusivamente tecnológico. Será profundamente humano. Y su éxito dependerá de nuestra capacidad para combinar innovación, educación y equidad en una época de cambios sin precedentes.

* Ricardo Neira. Decano Facultad de Ingeniería, Arquitectura y Tecnologías para la Sociedad. Universidad Academia de Humanismo Cristiano

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