Chile 2022–2026: Decantando logros y fracasos de cara a la evidencia
(*) Por Álvaro Ramis. Columna publicada en Le Monde Diplomatique
El ciclo político chileno abierto en 2022 con la llegada al gobierno de Gabriel Boric nació como promesa de recomposición: traducir la energía plebeya de 2019 en reformas institucionales y derechos sociales dentro del marco democrático. Cuatro años después, el triunfo de la derecha radical encabezada por José Antonio Kast ha sido leído como prueba concluyente del fracaso progresista. Sin embargo, esa lectura descansa más en un relato político dominante que en la evidencia empírica disponible. Entre la percepción de declive y los datos de desempeño se abre una brecha que resulta clave para comprender el desenlace del período.
El doble fracaso constitucional condensó una erosión real de la comunidad política. El rechazo del texto de la Convención en 2022 y del Consejo en 2023 mostraron la incapacidad de articular un marco universalista que integrara justicia social y pertenencia nacional. El progresismo perdió la narrativa de transformación; la derecha radical ganó la de orden frente al caos. Pero esa derrota simbólica coexistió con un fenómeno menos visible: en paralelo al colapso del consenso constitucional, varios indicadores estructurales comenzaron a revertir tendencias negativas acumuladas desde 2019 y, sobre todo, desde la pandemia.
Una de las debilidades del debate público chileno reciente ha sido la ausencia de perspectiva temporal. Problemas estructurales -violencia creciente, deterioro fiscal postpandemia, rezago educativo- fueron atribuidos mecánicamente al gobierno de Boric, pese a originarse antes de 2022. El contraste entre relato y series largas muestra otra imagen: el período 2022–2025 coincide con puntos de inflexión en inflación, empleo, seguridad, salud y educación. No se trata de niveles absolutos -aún críticos en varios ámbitos- sino de cambios de tendencia.
En economía, el gobierno asumió en el peak inflacionario heredado de la expansión de liquidez 2020–2021, con tasas cercanas al 14 % en 2022. Desde entonces, la inflación descendió sostenidamente hacia el rango meta del Banco Central, acompañada por una consolidación fiscal significativa respecto del déficit récord de 2021. Lejos del estancamiento proclamado por la oposición, las proyecciones del FMI y la OCDE para 2024–2025 situaron el crecimiento chileno por sobre el promedio de América Latina, de la OCDE y del mundo excluyendo China e India. La estabilización macroeconómica y la recuperación de la inversión configuraron un ciclo de normalización tras el sobrecalentamiento previo.
En el mercado laboral, los ocupados y la participación recuperaron y superaron niveles pre-2019, mientras reformas como la jornada de 40 (…)
Texto completo en la edición impresa del mes de marzo 2026
(*) Rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.