Álvaro Ramis – La paz por la fuerza: el camino que nos lleva a la guerra eterna

Álvaro Ramis – La paz por la fuerza: el camino que nos lleva a la guerra eterna

(*) Por Álvaro Ramis. Columna publicada en El Maipo.

La premisa de Trump, de llegar a la “paz por la fuerza”, nos condena a un costo global devastador y adquiere una urgencia trágica a la luz de los recientes acontecimientos en Oriente Medio. La doctrina, formalmente presentada como “Peace Through Strength” (paz a través de la fuerza) en la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU en diciembre de 2017, buscaba proyectar el poderío militar y económico de ese país para disuadir a sus adversarios. Sin embargo, su aplicación práctica, lejos de garantizar la estabilidad, ha derivado en una escalada bélica cuyas consecuencias ya se sienten a nivel planetario y cuya legalidad es profundamente cuestionada.

El concepto, una versión moderna de la máxima latina Si vis pacem, para bellum (Si quieres la paz, prepárate para la guerra), sostenía que el fortalecimiento del poder nacional era la mejor garantía para la paz. La estrategia de 2017 identificaba a Irán como una de las principales amenazas, junto con potencias revisionistas como China y Rusia. Lo que entonces era una declaración de intenciones, se ha transformado en una realidad sangrienta. La reciente ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, bautizada como “Operación Furia Épica”, representa la culminación violenta de años de máxima presión y abandono de la vía diplomática.

Una Guerra Ilegal que Desprecia la Vía Diplomática

El ataque, lejos de ser un acto de autodefensa, es calificado por numerosos expertos en derecho internacional como un acto de agresión ilegal. Viola de manera flagrante el Artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de cualquier estado. La justificación de un ataque “preventivo” contra una amenaza que no era inminente carece de base legal sólida, como lo han señalado catedráticos y el propio editor del European Journal of International Law. Este desprecio por el derecho internacional, verbalizado por el propio Trump al afirmar que no necesita el derecho internacional, sienta un precedente mortal que erosiona las normas globales.

Además, representa un fracaso absoluto de la diplomacia. El ataque se produjo en medio de negociaciones en Omán y Ginebra, lo que ha sido denunciado como una “farsa” para debilitar las defensas iraníes, repitiendo el patrón previo a la invasión de Irak en 2003. La decisión de Trump en 2018 de abandonar unilateralmente el acuerdo nuclear (JCPOA), un pacto multilateral que Irán cumplía, fue el primer paso de esta escalada. Ahora, la opción de la guerra ha arrasado por completo con cualquier posibilidad de solución pacífica.

El Costo Global de una Guerra por Elección

El conflicto no es un problema lejano y localizado; sus costos se globalizan instantáneamente. La naturaleza existencial del conflicto para Irán, que ve amenazada la supervivencia misma de su régimen, garantiza una respuesta desesperada que ya está teniendo repercusiones mundiales. Estas son algunas de las consecuencias que ya estamos pagando:

  • Vidas humanas y desestabilización regional: El ataque no solo ha matado a líderes políticos y militares, incluido el ayatolá Jamenei, sino que ha causado víctimas civiles, como las más de 140 niñas fallecidas en una escuela en Minab, un acto que constituye un crimen de guerra. La muerte de al menos seis soldados estadounidenses demuestra que el conflicto ya ha tocado directamente a las fuerzas de la coalición.
  • Impacto económico global: La guerra ha provocado una volatilidad inmediata en el mercado energético. Con el estrecho de Ormuz, un paso clave para el petróleo mundial, convertido en una zona de guerra activa, los precios del crudo se han disparado. Esto se traduce en gasolina más cara y un aumento del costo de vida para ciudadanos de todo el mundo, en un momento de alta inflación.
  • División internacional y debilitamiento de la ley: El ataque ha abierto una profunda brecha en la comunidad internacional. Mientras potencias como China y Rusia condenan la agresión, los aliados de Estados Unidos se muestran incómodos o evaden pronunciarse sobre su legalidad, evidenciando una comunidad internacional dividida e hipócrita. Este comportamiento no solo debilita a la ONU, cuya sede en Nueva York se encuentra en territorio del país agresor, sino que invita a otras naciones a ignorar las normas internacionales cuando les sean incómodas.

En conclusión, la “paz por la fuerza” de Trump no ha traído paz, sino una guerra ilegal y desestabilizadora. Lejos de disuadir, ha provocado el conflicto que decía querer evitar. El costo de despreciar la diplomacia ya se está pagando en vidas perdidas, economías sacudidas y un orden internacional hecho pedazos, demostrando que esta doctrina, lejos de conducir a la paz, nos arrastra a todos hacia un abismo de muerte e incertidumbre global.

(*) Rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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