El rol y legado del cardenal Raúl Silva Henríquez en dictadura y su constante lucha por la protección de los derechos humanos
“Quiero que en mi país todos vivan con dignidad” dijo alguna vez el Cardenal Silva Henríquez, y se podría inferir que fue la motivación que lo impulsó a crear un espacio en el cual las y los académicos perseguidos, por razones políticas tras el Golpe Militar del 11 septiembre de 1973, tuvieran un lugar para seguir investigando y desarrollando su trabajo. Todo mientras Chile vivía uno de los peores momentos de su historia, y en el cual el cardenal tuvo el coraje de levantarse contra el régimen y proteger a quienes no podían hacerlo por sí mismos.
Durante el golpe cívico militar, las universidades fueron intervenidas por las autoridades de facto para contrarrestar la organización de las y los estudiantes y sus representaciones políticas, además de acabar con las carreras ligadas a las Ciencias Sociales, las Humanidades y las Artes y, para detener tanto a profesores y profesoras como a estudiantes organizados. Muchos de las y los cuales son parte de la lista de más de 41 mil personas que fueron víctimas de prisión política, tortura, desaparición forzada y ejecución política, de acuerdo con la información sistematizada en los informes Rettig y Valech.
Es en ese contexto, que el Cardenal Silva Henríquez funda la Academia de Humanismo Cristiano en noviembre de 1975. Este hecho no es casualidad ni se realiza de manera improvisada, esto porque desde el inicio de la dictadura, Silva Henríquez apoyó y buscó proteger los derechos humanos, impulsando así la fundación del Comité Pro Paz en octubre de 1973, con el objetivo de brindar asistencia legal, social, económica y espiritual a las y los prisioneros políticos, exonerados, detenidos desaparecidos y a sus familias.
Tras tres años de trabajo, el Comité fue eliminado por los militares por una orden directa. Ante tal situación, Silva Henríquez, respaldado por la Iglesia, creó la Vicaría de la Solidaridad, institución sucesora para la protección de los derechos humanos de quienes eran perseguidos y perseguidas por el régimen liderado por Agusto Pinochet.
La Academia actuó, en primera instancia, de manera clandestina como el lugar donde profesores, profesoras y otras personas que debieron pasar a la clandestinidad encontraron refugio, donde podían expresarse, pensar abiertamente y sin miedo, siendo esa pluralidad lo que el cardenal tanto deseaba tener y proteger. No fue hasta 1988, cuando, tras más de 13 años trabajando y ayudando a cientos de personas, que la Academia fue registrada finalmente como una universidad.
De esta manera, pasó a llamarse Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC). Siguiendo con sus orígenes sociales, las primeras carreras que se impartieron fueron las de carácter humanista. Ya sea que fuera elegido de manera deliberada o por un conjunto de circunstancias, la Universidad comenzó a funcionar en el edificio que se encuentra en Condell 343, no era uno cualquiera, sino que correspondía a la antigua Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Chile, la que fue cerrada en 1973 por la dictadura.
En los interiores del edificio, que posteriormente pasaría a ser parte de la UAcademia, se llevaron a cabo intervenciones militares cuando aún se impartían clases dentro de la casa de estudios. Tanto docentes como alumnas y alumnos fueron detenidos, algunos de las y los cuales fueron, posteriormente, ejecutados o desaparecidos. Aunque a posteriori dicho edificio, ubicado en el hoy Campus Rector José Bengoa, fue clausurado y nuevamente abierto en el año 2002 cuando se convirtió en la biblioteca central de la UAHC.
En la actualidad, la biblioteca corresponde al lugar que el cardenal buscó crear en sus inicios, un lugar donde todas y todos pueden pensar y opinar con la mayor de las libertades y con la dignidad que cada persona merece. A pesar de todo lo logrado, la visión impulsada por Raúl Silva Henríquez está lejos de finalizar, en aristas de siempre poder ser aún mejor. Así, lo señaló Claudia Tello, bibliotecaria con más de 22 años en la institución: “este es un proyecto vivo y en constante evolución, lejos de llegar a su plenitud”.
La biblioteca del Campus Rector José Bengoa es donde el pasado y el presente se unen en uno solo. Entre las paredes en las que se encuentran albergados miles de libros y estudiantes que se reúnen para estudiar, se encuentra el recuerdo de todas y todos quienes ya no están.
En este contexto, en el año 2013, a las afueras del edificio de la biblioteca, se inauguró un memorial por las víctimas de la violencia de Estado, pero, que siguen presentes en nuestra memoria. “Esa memoria siempre nos va a impulsar, porque tiene que ver con nuestra identidad, con lo que somos”, afirmó Osvaldo Bastías, bibliotecario central de la UAcademia.